Proyectos y rutas (Próximamente)

                       

Este apartado está dedicado a futuros proyectos y rutas que voy montando en mis ratos libres. Todas con la intención de poderlas realizar tarde o temprano. Estas rutas pueden además servir de inspiración a otras personas, que cojan la idea y la hagan suya modificando aquellos puntos que no les gusten y adaptándolos a sus propios gustos. Espero que os guste, y os pueda ser de utilidad. Clickando encima de cada destino podreis acceder a la ruta.

  • Sur de Alemania (Baviera y Baden-Wuttenberg) (En coche)
  • Suiza (En coche)
  • Austria (En coche)
  • Benelux (En coche)
  • Noroeste de Francia (Bretaña y Normandía) (En coche)
  • Norte de Italia (En coche)
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Carcassonne & Andorra 2009

                     

 

Después de mucho tiempo intentando convencer a mis amigos para sacarlos del país y que vieran un poco de mundo, lo conseguí. Pero antes tuve que rebajar mis pretensiones, desechar la idea de coger un avión y pensar algo más cercano donde se pudiera ir en coche. Se me ocurrió la idea de ir a Carcassonne, a tan solo 3 horas en coche de Barcelona, y ciudad a la que le tenía ganas desde hacía muchos años. Después de proponerlo y de varias semanas de intensas negociaciones, (si para hacer una "excursión" necesito semanas de negociaciones, miedo me da un viaje de "verdad") acordamos que iriamos en el Puente de Mayo, estariamos un día en la ciudad francesa, otro en Andorra y volveríamos.

  • Viernes 1 de Mayo:  Nos dimos un buen madrugón para llegar lo antes posible a Carcassonne y poder aprovechar bien el día. Fuimos a buen ritmo durante todo el camino, parando en La Jonquera a desayunar. Finalmente llegamos una hora más tarde de lo previsto a Carcassonne. Durante el camino no nos perdimos, pero fue entrar en la ciudad y empezar a dar tumbos de lado a lado sin saber muy bien dónde ibamos. Nos encontramos con una manifestación nada más llegar a la ciudad y nos trunco los planes. Finalmente tras preguntar varias veces conseguimos llegar al hotel. El hotel Arcantis Bristol, es algo viejo, pero está bastante bien, está en el centro de la ciudad, en frente del Canal du Midi, aunque hay un paseillo hasta la Cité. Hay otros hoteles mejor situados y más o menos al mismo precio, pero para el puente de mayo estaba prácticamente todo al completo, así que nos conformamos con ese, la otra opción era una pocilga a 5 km de la ciudad…

Al llegar no nos tenían preparadas las habitaciones, así que tuvimos que esperar un rato. Cuando pudimos dejar las cosas en la habitación, nos marchamos a la Cité.

La Cité, espectacularmente iluminada por la noche y ceñida por una doble muralla con 52 torres de piedra, es una de las ciudades fortificadas más grandes de Europa. Sin embargo, sólo las secciones inferiores son originales; las restantes, incluidos los remates cónicos fueron colocadas por Viollet – le – Duc en el siglo XIX. Carcassonne es además el elemento central en la denominada Ruta Cátara.

 

El término le Pays Cathar (País Cátaro) recuerda la cruel Cruzada contra los albigenses, que significó la exterminación de la secta religiosa de los Cátaros. 

Los Cátaros eran algo así como los fundamentalistas de su época. Mirados con recelo por los demás cristianos pero convencidos de que sólo ellos conocían el camino hacia la salvación, creían que el reino de Dios estaba enzarzado en una guerra con el mundo maligno de Satanás, y que los seres humanos eran malos por naturaleza, pero creían que  una vida pura, seguida de varias reencarnaciones, libraba al espiritu de su satánico envoltorio carnal. El catarismo se extendió desde los Balcanes hasta Languedoc entre los siglos XI y XIII. Enfrentada a la mundanidad de la Iglesia de Roma y empleando en sus prédicas y oraciones la langue d’oc, la lengua de la zona, la secta ganó muchos adeptos. Los más extremistas eran los ascéticos parfaits (perfectos), que no comían carne y practicaban la castidad.

 

En 1208 el Papa Inocencio III lanzó una Cruzada contra los Cátaros, estrechamente vinculados con los albigenses, una secta establecida en la ciudad de Albi. La Cruzada albigense representó para los soberanos norteños la ocasión de ampliar sus dominios hasta Languedoc.

Tras largos asedios, los enclaves Cátaros de Béziers, Carcassonne, el pueblo de Minerve y las fortalezas de Montségur, Quéribus y Peyrepertuse fueron tomados y cientos de "perfectos" quemados como herejes. Sólo en Béziers se masacró a unos 20.000. Otra matanza ocurrió en Montségur en 1244, cuando 200 cátaros que se negaron a renunciar a su fe, una vez rendido el castillo tras un sitio de 10 meses, fueron quemados vivos en una inmensa pira. En 1321, la muerte en la hoguera del último "perfecto", Guillaume Bélibaste, supuso el fin del catarismo en Languedoc.

Antes de comer le dimos una vuelta a la Cité por la muralla exterior, después de comer intentamos hacer lo mismo pero por la muralla interior. Pero para poder acceder a la muralla interior hay que pagar entrada en el castillo, pero los franceses se toman demasiado en serio el día 1 de Mayo, y no trabajan ni siquiera los que están estrechamente relacionados con el turismo y el castillo estaba cerrado. Algo totalmente incomprensible, cuando Carcassonne es una de las ciudades más turisticas de Francia y el 1 de Mayo aquello estaba a rebosar de gente…

Le dimos una vuelta en profundidad a la Cité, y nos marchamos de allí. Volvimos al hotel contra mi voluntad, la estúpida decisión de que echar la siesta era algo "imprescindible" y totalmente natural tomó fuerza, y me vi solo en contra de hacer eso. Volví al hotel con la idea de pensar que hacer y marcharme solo a dar una vuelta, pero se me pasó el tiempo volando viendo las fotos que había hecho, y los demás se despertaron y fuimos a dar una vuelta por el centro. Cenamos y dimos por concluído el día en Carcassonne.

 

  • Sábado 2 de Mayo:  El sábado salimos por la mañana dirección Andorra, el camino era algo enrevesado, y no llevábamos GPS para Francia, así que me tocó ir cargado con un montón de papeles con las indicaciones de la Guia Michelín que había sacado por internet en función de copiloto. Llegamos bien, aunque el camino se hizo muy pesado por culpa de las carreteras por donde pasamos, estrechas y con un sin fin de curvas.

Hicimos dos altos en el camino, el primero en algún punto indeterminado del Pirineo francés, y el otro en Axe les Thermes, justo antes de subir a el Pas de la Casa y el Tunel d’Envalira, ya en territorio andorrano. Aunque se hiciera pesado el viaje, y mis amigos prometieran no volver a repetir algo igual, a mi me gustó y no me importaría repetir, pero en otro lugar, por aquello de ver cosas y sitios nuevos. Los viajes largos en coche siempre me han gustado, sobretodo si son por lugares donde la belleza de los espacios naturales te quita el sentido, y el Pirineo nunca decepciona, o si voy sentado delante, ya sea conduciendo o de copiloto, un dato importante también…

Nada más llegar hicimos el check-in en el hotel, dejamos las cosas y nos fuimos a comer al restaurante de una gasolinera que nos recomendó un andorrano al que le preguntamos. Y el hombre acertó, ya que la comida estaba buena y el precio no estaba mal. Después de comer, volvió a pasar lo del día anterior, los "tontitos" sólo querian siesta. Yo no estaba dispuesto a quedarme en el hotel, pero al final accedi porque me quedé sumamente hinchado después de comer, y me costaba trabajo andar, así que decidí que haría un poco la digestión y luego me iria yo solo a hacer unas compras, que era el motivo por el cual habíamos ido a Andorra. Pero una vez en el hotel, el aburrimiento pudo conmigo y también me quedé dormido…

                      

Cuando nos despertamos, fuimos a las calles comerciales de Andorra La Vella y Escaldes-Engordany a pasear, hasta las 21:00 más o menos, en la que nos dimos media vuelta en busca de algún bar donde dieran el gran clásico, R.Madrid – Barça. No hubo mucha suerte, así que lo terminamos viendo en el mismo restaurante de la gasolinera donde habiamos comido a mediodía. El partido pasará a la historia por el repaso que le dió el Barça al eterno rival en su campo. Esos 6 goles aún escuecen en estas fechas en las que escribo esto, en los que hay polémica por los 96 millones por Cristiano Ronaldo, los 65 de Kaká, y los que se siguen especulando, y todo a raiz de ese chorreo histórico, que todos los culés recordaremos por mucho tiempo. Disfruté como un enano haciendo rabiar a mi amigo Miguel, que es merengue hasta la médula. Aprovechamos para cenar allí mientras veíamos el partido. Al terminar acordamos acercarnos un momento al hotel, y luego salir en busca de fiesta por la capital andorrana, pero por motivos que no vienen al caso, al final no salimos.

  • Domingo 3 de Mayo:  El domingo no tuvo mucho secreto. Después de desayunar nos fuimos a hacer las compras típicas, tabaco, chocolate y cuatro cosas más, y nos bajamos para Bcn. Para el que no haya ido nunca a Andorra, le recomiendo que si se baja un domingo, salga de allí antes de las 6 de la tarde, porque las retenciones que se forman son para tirarse de los pelos. Fin.

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Copenhague & Skåne 2009 (2ª parte)

                       

 

  • Miércoles 8 de Abril:  Como estaba previsto dedicamos el miércoles para terminar de ver la ciudad de Copenhague. Salimos del  hotel para ir hasta la Isla de Christianshavn a través de Amager Boulevard. La isla y barrio de Christianshavn, cuyos numerosos canales le han valido el apodo de la pequeña Ámsterdam, se puede recorrer a pie, en bicicleta o a bordo de un autobús acuático. Construído a principios del siglo XVII por Christian IV, el barrio fue proyectado como una ciudad fortificada y base naval. En esta zona se establecieron los primeros astilleros de Copenhague y los almacenes de las principales líneas navieras. Aquí también vivían la mayoria de los marineros y trabajadores del astillero. Hasta hace poco este barrio sólo se conocía por ser el emplazamiento del estado libre de Christiania, y era considerado un lugar poco atractivo, pobre y descuidado. Sin embargo en los últimos años el barrio ha resurgido gracias a un completo programa de reurbanización. Los antiguos almacenes se han convertido en modernos restaurantes, cafés, oficinas y elegantes apartamentos, frecuentados por artistas y jóvenes profesionales.

Al llegar a Christianshavn fuimos bordeando la isla por el sur, sureste a través del parque de los Bastiones hasta llegar al estado libre de Christiania.

El Estado Libre de Christiania existe desde el 13 de noviembre de 1971, día en que un grupo de okupas tomó una serie de barracones militares abandonados y creó una comuna. En un principio, las autoridades intentaron expulsarlos, pero a medida que se incrementaba la población de la comunidad, el gobierno decidió considerarla un experimento social. Hoy residen en ella unas 900 personas. La comunidad cuenta con sus propias escuelas, infraestructura y sistema de gobierno, financiados en parte con los beneficios de los restaurantes y la venta de artesanía local. En Christiania, unida en un principio a la cultura hippie de las drogas, se podía vender y consumir marihuana hasta que se prohibió su comercio en 2004.

El gobierno actual danés no solo se ha puesto duro en temas de inmigración, sino que también ha adoptado medidas contra el lado más sórdido de Christiania. En 2004 las redadas de la policia hicieron desaparecer toda la actividad de la famosa Pusher Street, en la que se vendían abiertamente drogas blandas, como costo y marihuana. Pero se sigue vendiendo gran cantidad de drogas, por lo que las redadas han continuado, haciendo que la vida cotidiana de la gente de Christiania sea más dura que nunca y provocando un creciente amargor y resentimiento en ambos lados. Los jefes de la policia afirman que su mano dura simplemente ha hecho que ahora el tráfico de drogas sea más clandestino, causando problemas sociales mucho mayores que cuando se hacía la vista de todo el mundo y estaba controlado por los líderes de Christiania. Tampoco hay duda de que éste es ahora un lugar más violento e inseguro que hace diez años, con guerras de territorios por las drogas que han provocado enfrentamientos e incluso asesinatos.

Parece que la opinión pública se está volviendo contra Christiania. Un programa de televisión danesa, en el que cámaras ocultas grabaron cómo un presentador intentaba construirse sin permiso su propia casa en la comuna, dejó al descubierto el lado más desagradable de la "ciudad libre": en contra de su filosofía, los habitantes locales tiraron la choza de madera del intruso y le exigieron que se fuera.

Por lo que a mi opinión concierne, no me extenderé demasiado porque podría escribir páginas y páginas sobre el rechazo que me producen hippies, okupas y demás parásitos de la sociedad, la mayoría hijos de papá, y con una idea muy distorsionada de la realidad. Pero Christiania me parece un sitio repugnante, tercermundista, dejado, sucio y denigrante. Aunque pensándolo friamente, mejor tenerlos a todos reunidos en un único sitio, que desperdigados como en Barcelona en el barrio de Sants, y barrio de Gràcia. Limité mi visita todo lo posible y me fuí en cuanto creí haber visto "suficiente".

La siguiente parada, y frustrada, todo sea dicho, era la cercana Vor Frelsers Kirke (Iglesia de Nuestro Salvador), famosa por su extraordinario chapitel al que se puede acceder por una escalera de caracol que rodea el exterior. Subir los 400 escalones requiere un considerable esfuerzo y no tener miedo a las alturas. Es el segundo mirador de Copenhague y posee unas fabulosas vistas de la ciudad desde sus 90 metros de altura. La visita fue frustrada porque estaba en obras de mantenimiento, y me quedé con las ganas de entrar y subir al chapitel, que era una de las cosas que más ganas tenía de hacer en la capital danesa. El creador del chapitel fue el arquitecto Lauritz de Thurah, a quien se le ocurrió la idea de una escalera en espiral es una visita a la iglesia de Sant’Ivo alla Sapienza de Roma. Cuenta la leyenda que Thurah estaba tan obsesionado con su trabajo, que cuando se afirmó que la escalera giraba en el sentido erróneo se suicidó lanzándose desde lo alto de la torre. Pero la realidad fue más prosaica, ya que el arquitecto murió en su cama, en la más absoluta miseria, siete años después de terminar la torre.
          
 
Con la decepción de no haber podido subir a la torre volvimos al centro de Copenhague, a la Kongens Nytorv (Nueva Plaza Real), donde entramos a chafardear el Magasin du Nord, el centro comercial más famoso de la capital danesa, y con un aire a Corte Ingles que asusta. Después subimos a uno de los barcos turísticos  que sale de Nyhavn, situado justo al lado de Kongens Nytorv, y que era el motivo por el cual habíamos ido a esa parte de la ciudad. El paseo en barco es altamente recomendable, hay 3 itinerarios, pero el más común es el que va hasta La Sirenita, se interna luego en Christianshavn, luego visita los canales cercanos al Museo Nacional para volver a Nyhavn. El trayecto dura 1h15′, y cuesta 60 DKK (8 €). Lástima que aquella mañana hiciera mal día y estuviera completamente nublado (fue el único día que chispeo un poco, el resto de la semana brilló un sol de justicia. Tuvimos suerte y nos hizo un tiempo excelente) y las fotos no salieran todo lo bien que hubiera deseado.
 
 
Al terminar el paseo en barco ya se habia hecho la hora de comer, así que comimos en una terraza en la misma Komgens Nytorv aprovechando que había salido el sol, y se estaba de lujo. Después de un ratito de descanso para reposar la comida, nos pusimos en marcha de nuevo.
Amalienborg Slot fue la primera parada. Este palacio se construyó por orden de Frederik V y se finalizó en 1760. Los primeros edificios levantados alrededor de la plaza octogonal estaban destinados a viviendas para cuatro poderosas familias, pero tras el incendio de Christiansborg Slot (situado en Kongens Nytorv) en 1794, la familia real que se había quedado sin hogar, se insatló aquí. El nombre de Amalienborg se refiere al palacio más antiguo, construído en 1669 por Frederik III para su esposa Sophie Amalie. El actual palacio consta de cuatro edificios agrupados alrededor de un patio, conocidos como Amalienborg Slot. En medio de la plaza se alza la estatua ecuestre de Frederik V, obra del escultor francés Jacques Saly, que trabajó en ella 30 años. Se dice que la estatua costó tanto como todo el complejo.
 

La segunda parada fueron la Alexander Newsky Kirke y la Marmorkirken, muy cerca la una de la otra. La primera es una iglesia rusa ortodoxa que se terminó en 1883 y que fue un regalo del zar Alejandro III por su matrimonio con una princesa danesa. La segunda, mucho más impresionante, fue construída con la intención de ser el nucleo de un nuevo barrio (Frederiksstaden) que Frederik V construyó con la intención de celebrar los 300 años de reinado de su familia. Cuando se iniciaron las obras en 1749 la intención era construirla con mármol importado de Noruega (de ahí su nombre), pero rápidamente quedó claro que el coste de tal empresa superaba los recursos financieros del tesoro público, por lo que en 1770 se abandonó el proyecto. Un siglo más tarde se terminó el edificio con mármol danés. Su característica más llamativa es la cúpula, que recuerda  a la de San Pedro de Roma, que se encuentra entre las mayores de Europa.

            

El tercer punto de nuestra etapa, pasaba por el castillo de Rosenborg (Rosenborg Slot) y sus jardines (Rosenborg Haven). Este palacio es uno de los lugares más visitados de Copenhague. Fue construído en estilo renacentista holandés en 1606, por orden de Christian IV. Fue utilizado por varios reyes como residencia hasta que en el siglo XVIII, Frederik IV construyó otro más grande en Fredensborg y la residencia de la monarquía se trasladó allí. El palacio contiene miles de objetos relacionados con la monarquía, como cuadros, muebles y una pequeña armería, pero lo más destacado es su cámara subterranea donde se guardan las joyas de la Corona, y otros objetos reales. El precio es algo caro 55 DKK (7’5 €), pero vale la pena, ya que tiene una colección muy completa, y las joyas de la Corona son impresionantes, aunque más impresionante es la puerta de la cámara acorazada donde guardan las piezas más importantes, más de un palmo de ancho de acero blindado medía la puerta…

Al salir del palacio pasó una patrulla militar por delante de nuestro, los seguimos, y los vimos haciendo la instrucción en los jardines delante del palacio, lo que creó bastante espectación entre los turistas que estábamos allí. Cuando se marcharon al paso, proseguimos con nuestra ruta, y llegamos a nuestro última parada, la Rundetårn (Torre Redonda). Esta torre, de aproximadamente 35 metros de alto y 15 de diametro, proporciona una excelente vista de todo Copenhague (aunque todo hay que decirlo, la capital danesa no es la ciudad más impresionante que conozco, vista desde las alturas. De todas formas, se vaya a la ciudad que se vaya, creo que es imprescindible subir a algún sitio alto para tener una perspectiva y una visión general de la ciudad).

Para llegar a la parte superior de la torre hay que subir una rampa empedrada en espiral de 209 metros de largo, que da siete vueltas y media. La torre fue levantada por orden de Christian IV, su fin original era servir de observatorio a la cercana universidad. Actualmente todavía mantiene este uso universitario, lo que la convierte en el observatorio en activo más antiguo de Europa.

Se cuenta que en 1642, durante la ceremonia de inauguración de la torre, Christian IV recorrió toda la rampa a caballo. Más tarde, en 1716, Pedro el Grande, Zar de Rusia, repitió supuestamente la hazaña durante una visita a Copenhague, y fue seguido por su esposa Catalina II que, según cuenta la leyenda, subió en un coche tirado por seis caballos. El equivalente moderno a tales travesuras se pueden encontrar en una carrera ciclista que se celebra anualmente y en la que gana aquel que logra subir y bajar la torre en menos tiempo, sin desmontar de la bicicleta, ni caerse de ella. No me quiero ni imaginar lo que pasa cuando sucede esto último… debe haber más huesos rotos que en un combate de lucha libre entre dos osteoporósicos…

Tras bajar de la torre volvimos paseando tranquilamente por Strøget y dimos por finalizado el día.

 

  • Jueves 9 de Abril:  El cuarto día lo dedicamos exclusivamente a visitar la región de Skåne, situada al sur de Suecia. Tomamos el tren que une Copenhague y Malmö cruzando el Puente de Öresund, el segundo puente más largo del mundo.

Cuando la Reina Margarita II de Dinamarca y el Rey Carl XVI de Suecia cortaron la cinta en la ceremonia de inauguración del Puente de Öresund en el año 2000, la península Escandinava quedó unida a la Europa continental por primera vez desde la última glaciación. Ahora, gracias a este puente, los atractivos de Malmö, la mayor ciudad al sur de Suecia, están a tan solo 35 minutos de Copenhague.

Este puente fijo es el segundo más largo del mundo. Tiene una extensión total de 16 km y está formado (en el lado danés) por una península artificial de 430 metros, un túnel con más de 3’5 km construido 10 metros por debajo del agua, una isla artificial de 4 km de largo y un puente de 7.845 metros sujeto por cables. La imagen de la estructura con sus enormes pilones de 204 metros de altura, resulta espectacular desde ambos lados del estrecho. Esta maravilla de la ingenieria moderna está formada por dos estructuras: la superior para el tráfico rodado y la inferior para el tren. En su punto más elevado, el puente está suspendido 57 metros por encima del agua. En ambas entradas al túnel hay filtros de luz para que los conductores se adapten a la penumbra. Se han ido instalando también unos 1.000 sensores a lo largo del recorrido como parte del sistema de alarma contra incendios y más de 220 cámaras de vigilancia que funcionan las 24 horas del día.

La idea de unir Sjæland (Dinamarca) con Skåne (Suecia) surgió hace unos 130 años, pero hasta la década de 1930 no empezó a tomar forma un proyecto factible. El acuerdo entre ambos países para construir el puente se firmó en 1991 y dos años más tarde comenzaron las obras. El puente ha demostrado ser una opción muy popular ya que cada día lo cruzan más de 20.000 pasajeros de tren y 10.000 coches. La economía de la región de Öresund ha recibido un importante impulso y se está convirtiendo en uno de los mayores centros de comercio del norte de Europa. El puente también forma parte de un nuevo maratón anual, cuya primera edición tuvo lugar en junio de 2000, antes de la inauguración oficial.

Tras media hora en un tren atestado de gente que va a trabajar de una ciudad a otra llegamos a Malmö. Esta ciudad es la tercera mayor ciudad de Suecia. Fue fundada en el siglo XIII. Durante el periodo de dominio danés, entre 1397 y 1523 la ciudad adquirió cierta importancia, pero tan pronto fue devuelta a Suecia, perdió protagonismo hasta mediados del siglo XVIII. En la actualidad vuelve a desempeñar un papel notorio, en parte gracias al Puente de Öresund. En cuanto a sus atractivos turísticos, son más bien escasos, ya que se trata de una ciudad muy industrial, y todo se concentra en su centro histórico.

Nuestra visita fue bastante rápida, 2 horas pasamos en la ciudad, en la que visitamos su catedral, la Sankt Petri Kyrka, construída a finales del siglo XII con ladrillo rojo siguiendo las lineas de Santa María de Lübeck. La torre levantada a finales del siglo XIX después de que las dos del siglo XV se vinieran abajo, es uno de los elementos más emblemáticos del paisaje de Malmö. Después de la catedral situada junto a la estación de tren, visitamos el centro, Stortorget, y desde allí exploramos el Parque Real (Kungsparken), desde dónde se veía claramente, el más famoso de todos los edificios de Malmö, la Turning Torso. Este edificio de lineas tan originales y modernas es obra del arquitecto español, Santiago Calatrava. El edificio alberga oficinas y viviendas por igual. Fue terminado en 2005, mide 190 metros y está formado por 9 grandes cubos.

Volvimos a la estación de trenes para coger el tren dirección Landskrona, donde cogeriamos el ferry para ir hasta la Isla Ven. Al llegar a Landskrona me ofusqué un poco al ver que la estación de tren quedaba muy lejos del muelle de donde salian los barcos a la Isla de Ven, y teníamos que coger el trolebus para llegar allí, por eso dudé si valia la pena dedicarle tanto tiempo y tantos transportes para llegar hasta la isla. Finalmente tomé la decisión de seguir adelante con lo previsto rezando para que valiera la pena la "inversión".  El trolebus nos dejó 10 minutos después en el puerto de Landskrona, donde compramos los billetes de ida y vuelta en el ferry, 90 DKK (12 €). En los meses de verano los ferrys entre Landskrona y la Isla Ven salen con mucha frecuencia, pero en temporada baja el servicio se ve reducido a menos de la mitad, así que tuvimos que esperar una hora a que saliera el siguiente, tiempo que aprovechamos para comer un poco de la comida que llevabamos en la mochila. Me pasé la hora un poco tenso ya que me daba la sensación que estaba "invirtiendo" más tiempo y recursos de lo que la isla me podía ofrecer, pero como la decisión ya estaba tomada, pensé que " el mal ya estaba hecho" y que saliera lo que tuviera que salir, así que intenté disfrutar del buen tiempo que hacía, y de mirar con curiosidad a los suecos que a medida que se iba acercando la hora de salida, se iban agolpando en el muelle. Era evidente que todos se conocian, la Isla Ven pertenece al municipio de Landskrona, y no tiene más de 300 habitantes. El ferry es el único medio para llegar a tierra firme. Así que los habitantes de esta pequeña isla de 7 km de largo, por 4 de ancho, deben tomar con asiduidad este barco para ir a trabajar, o simplemente para hacer la compra semanal para llenar sus despensas.

Tras una larga espera, llegó la hora de embarcar. El trayecto duró 30 minutos, y se hubieran hecho bastante pesados, si no hubiera sido por un sueco entre los 40 y 50 años sentado delante mio, que no dejaba de mirarme todo el rato en miradas fugaces. Cuando me percaté de que me estaba mirando, mi primer pensamiento fue (¿Que mira el tonto este…?). Me lo quedé mirando y rápidamente me di cuenta que me estaba dibujando en un bloc de hojas blancas que llevaba, así que colaboré un poco y no me moví demasiado en los siguientes minutos. Cuando terminó conmigo, se puso a dibujar a una pareja sentada a nuestro lado. Al terminar con ellos se levantó a enseñarnos el dibujo, a lo cual le hice un gesto de aprovación y un comentario. Al aproximarnos a la isla, el sueco se levantó y se puso a dibujar la costa. Antes de bajar del barco, como a mi también me gusta dibujar, me acerque a él, y le pedí si me podía enseñar los dibujos que llevaba en el bloc, a lo que accedió encantado. Todos los dibujos estaban hechos a boli, los retratos de personas no eran su fuerte, pero los dibujos de paisajes eran realmente bonitos. Tenía páginas y páginas repletas de dibujos, así que era una práctica habitual lo de dibujar en el barco o donde se terciara. Sentí una sensación de respeto y admiración hacia aquel sueco con un poco de cara de loco.

En tierra tomamos un autobus que nos llevaría de Backviken (donde llega el ferry) hasta Kirckbacken, al otro extremo de la isla. Una práctica común entre los numerosos turistas que llegan a esta isla situada en el estrecho de Öresund, a medio camino entre Suecia y Dinamarca (aunque pertenece a la primera) es alquilar una bicicleta para recorrerla. De haber ido solo, o con alguien más joven, habría alquilado una y habría recorrido la isla a mi aire, pero como tampoco era cuestión de darle más trote a la abuela, del que ya le estaba dando, decidí ir hasta el otro extremo de la isla en el bus, y luego hacer el mismo camino de vuelta, andando. El bus tardó unos 10 minutos en dejarnos en Kirckbacken.

Una vez en Kirckbacken iniciamos la exploración de la isla, y la pudimos "sentir" en todo su esplendor. Las dudas que sembraba esta visita y si compensaria la "inversión", fueron disipadas rápidamente, y las espectativas dipositadas en este pequeño rincón bucólico del estrecho de Öresund, fueron superadas de largo. 

La isla es un pequeño remanso de paz, donde sus habitantes gozan de una gran calidad de vida. Casas unifamiliares, con su parcela de jardín y su garaje, son los hogares que se pueden ver a lo largo de la isla. La escasa circulación de vehículos lo convierten en un lugar muy tranquilo, donde la mayor parte del tiempo el silencio solo se ve interrumpido por el ruido del viento al soplar en su ondulado paisaje cubierto de cultivos.

El sol brilla en el cielo con una intensidad impropia de principios de abril en estas latitudes, al sol hace calor, mucha calor, aunque el viento cuando sopla, es muy frio. En una de las casas situadas frente al mar, tan solo separadas por una carretera estrecha, cerca de Kirckbacken, un par de mujeres toman el sol en el jardin de su casa, como si estuvieran en Mallorca. Subimos la carretera que nos aleja de aquel pequeño rincón de la isla, sacado de los más inhospitos fiordos noruegos, y llegamos a la gran esplanada ondulada que es la isla. Los campos cultivos cubren la isla por completo, la carretera se abre camino a través de ellos, de una forma rectilinea, que se pierde en la distancia. Todo el camino salpicado de pequeñas casas de dos pisos, con su jardín y su garaje. En el lado izquierdo del camino, los campos de cultivo cercanos al mar empiezan a ser cubiertos por una pequeña neblina. Llegamos a la carretera principal de la isla donde nos vamos cruzando de vez en cuando, con algún coche, algunos turistas en bicicleta y otros a pie como nosotros. Aquí las casas son más seguidas, una detrás de otra, pero todas unifamiliares, en esta isla no hay lugar para los bloques de pisos. Una cosa que nos llama la atención, es que aqui cada casa no tiene su buzón, sino que cada ciertos metros hay una hilera de 10 ó 12 buzones de las casas de los alrededores, algunos buzones están decorados con dibujos, y ninguno tiene cerradura, lo que demuestra con la harmonia que viven en esta isla, y donde parece que puedes estar seguro de que tu vecino no te robará la revista a la que estás suscrito. Continuamos con el largo camino de vuelta que dura una hora y media aproximadamente. A medio camino nos encontramos con un pequeño colmado, donde solo tienen las cosas más básicas, pero compramos unos platanos, una barra de pan y nos montamos una pequeña comida para salir del paso en la entrada de  un pequeño museo cerrado en esta época del año.

Mientras comemos me descamiso porque hace mucho calor y estoy sudando la gota gorda, pero en cuanto salimos de allí, me tengo q volver a poner todo, porque el aire es helado. Proseguimos con nuestro camino a buen ritmo para llegar a tiempo para tomar el siguiente ferry. Llegamos a tiempo para tomar el ferry. Una vez en Landskrona tomamos el trolebus hasta la estación de tren, de allí volvimos a Malmö, y de Malmö tomamos el tren a Copenhague.

Nos tuvimos que dejar la ciudad universitaria de Lund para otra ocasión, ya que era tarde y no daba tiempo. Esto es lo que me había temido en todo momento desde que llegamos  a Landskrona y ver que todo eran contratiempos para llegar a la isla haciendo que todo se alargara más de la cuenta. Pero la visita valió la pena, y lo "invertido" fue devuelto con intereses. A veces no se puede hacer todo lo que se quiere, ya sea porque se calculan mal los tiempos, surgen contratiempos o simplemente se improvisan cosas distintas a lo planeado, aún así, considero este día, como el mejor de este viaje.

En el tren de vuelta a Copenhague, los daneses que trabajan en Malmö abarrotaban los vagones, algunos iban comiendo en sus asientos, y el vagon echaba un pestazo a kebab bastante desagradable. Al llegar a la capital danesa dimos por concluído un día agotador. Estaba de trenes hasta el gorro!

 

  • Viernes 10 de Abril:  El último día en Dinamarca me resultó bastante dificil de organizar por las cosas que quería hacer, y por el tema de horarios. La idea era visitar el pueblo de Frederikssund o Roskilde por la mañana, a mediodía volver a Copenhague a visitar el Museo Nacional y quizá también el Ny Carlsberg Glyptotek, y luego después de comer visitar el pueblo que nos hubieramos dejado por la mañana. Al final me decanté por ir primero a Frederikssund porque estaba más cerca, pero no fue una decisión muy acertada. Tardamos una hora en llegar al pueblo, al que llegamos sobre las 10 de la mañana. El motivo de visita era ver el asentamiento vikingo que hay situado en un parque, donde hay una reproducción de un poblado vikingo, y donde en verano se hacen fiestas relacionadas con los vikingos, donde más de 200 personas vestidas de época se encargan de animar la fiesta, haciendo actuaciones, luchas, bailes, etc. El problema es que no tenía ningún mapa del pueblo y no tenía ni idea de donde se encontraba, así que tendría que preguntar. Empecé preguntándole al taquillero de la estación por el "Viking Settlement" (Asentamiento vikingo), y empezaron los problemas de comunicación… Al principio no me entendia, luego hizo un esfuerzo, lo entendio, me corrigió mi pronunciación (yo pronunciaba viking, tal cual se escribe, el me corrigió a "vikinga") y me indicó por dónde tenía que ir. Seguí sus indicaciones, pero nos perdimos, así que teniamos que preguntar de nuevo, el problema es que era Viernes Santo, y a esa hora de la mañana, el pueblo estaba desierto. Nos cruzamos con una chica joven, y no hubo manera de que me entendiera, y eso que se lo dije de todas las maneras. Seguimos por dónde yo creía y nos encontramos con dos abuelos. Les pronuncié tal y como me había dicho el taquillero, y nada, así que empecé a probar todas las pronunciaciones que se me ocurrieron [vaiking], [viking], [vikinga], hasta que me entendieron con [vikingue]. Seguimos las indicaciones, pero no había manera de encontrar el dichoso asentamiento… Lo siguiente fue preguntar a dos abuelas, se repitió la misma historia que con los abuelos, hasta que me entendieron con [viking], y en esta ocasión si que encontramos el asentamiento. Entre 30 y 45 minutos para encontrar el p**o asentamiento, que me decepcionó bastante, yo esperaba algo importante, y era un poco de andar por casa.

Tras esta odisea para encontrar el asentamiento vikingo, regresamos a Copenhague, en el que nos pasamos el trayecto con unos 10 adolescentes daneses como vecinos de asiento, que parecían ser por lo menos 100 del revuelo que montaban en el vagon. Iban con un palé de plástico de botellas, lleno. Y eran auténticas esponjas humanas, no paraban de tragar, algo asombroso, en serio.

Al llegar a Copenhague había mucho movimiento de gente alrededor del Tivoli, ya que era el día de inauguración de temporada y estaba a rebosar. El nombre de Tivoli le suena a todo el mundo, pero el Tivoli original, el primero, es el de Copenhague. Cuando se inauguró en 1843 tenía solo dos atracciones: un tiovivo con caballitos y una montaña rusa. Hoy su oferta es mucho mayor. Este lugar de ocio, es al mismo tiempo parque de atracciones, centro cultural, y punto de encuentro. Es uno de los lugares más queridos por los habitantes de Copenhague de la ciudad, al que consideran como un tesoro nacional. Por las noches la iluminación de colores del Tivoli es un espectáculo asombroso.

                    

Dejamos atrás el Tivoli y llegamos al Museo Nacional (Nationalmuseet). Este museo es una auténtica joya, la revelación estrella de la ciudad. Sus exposiciones incluyen piezas relacionadas con la historia de Dinamarca y objetos procedentes del resto del mundo. La visita necesita varias horas. Entre sus extensas muestras se encuentran trajes y herramientas inuits, piedras runas, joyas egipcias e interiores de iglesias medievales. El museo es gratuíto y está dividido en las siguientes secciones: Prehistoria, Vikingos, Pueblos del Mundo, Edad Media y Renacimiento, Tesoros Etnográficos, Historia de Dinamarca y Oriente Próximo e Historia Clásica. Tardamos más de 2 horas en visitarlo, y eso teniendo en cuenta que mi ritmo en los museos es más bien alto. Alguien al que le gusten las visitas pausadas, se puede pasar tranquilamente el día entero allí metido. El museo, a parte de tener mucha cantidad, tiene mucha calidad, y además es gratis. Así que es de visita obligada. Comimos cerca del museo nacional, frente al Ny Carlsberg Glyptotek, el cual formaba parte de mis planes, aunque después de la visita del Nationalmuseet deseche esa posibilidad, porque estabamos saturados de tanto museo. Así que fuimos a Stroget en busca de una sirenita para llevarnos de recuerdo. Durante el camino descubrimos, que el patio del Ayuntamiento estaba abierto al público, y entramos a echar un vistazo. Desde Stroget fuimos a pasear por los canales Sankt Jorgens So y Peblinge So, que separan el barrio de Norrebro del Centro. Y que resultaron ser uno de los lugares más atractivos de la capital danesa. Volvimos al hotel, y dimos terminada nuestra aventura por Copenhague, ya que al día siguiente no habría tiempo para nada más. Fin.

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Estocolmo 2009 (3ª parte)

                       
 
 
  • Jueves 26 de Febrero:  El jueves era el día que tenía previsto ir a Uppsala. Así que tomé el metro hasta la estación de trenes, 40 SEK (4 €) el billete sencillo… Y allí compré el billete para ir hasta la ciudad universitaria situada a 78 km al noroeste de Estocolmo. 138 SEK (13’8 €) me costó la ida y vuelta. El viaje duró 40 minutos aproximadamente, en un tren muy parecido a los transcanadienses. Uppsala, a orillas del bucólico río Fyrisan, se mantuvo como una ciudad pequeña durante mucho tiempo, a pesar de convertirse en sede del arzobispado en 1258, albergar la primera universidad escandinava a partir de 1477, y acoger las reuniones del Parlamento, así como las ceremonias de coronación. En 1800 la población apenas alcanzaba los 4000 habitantes, y hasta la industrialización del siglo XX no se convirtió en la cuarta mayor ciudad del país. Actualmente tiene poco más de 140.000 habitantes. Y su universidad tiene prestigio internacional.

Nada más llegar me dirigí a la oficina de turismo dónde me dieron un mapa de la ciudad. Y empecé con la visita, lo primero fue  la Domkyrkan. La catedral con sus dos torres gemelas de 119 metros de altura, es la mayor catedral nórdica. Fue consagrada en 1435; Ha sido escenario de numerosas coronaciones, y muchos reyes suecos descansan en su cripta. A continuación fui hasta la famosa universidad, que me dejó un poco frio, y de allí hasta el castillo de Uppsala, que sin ser especialmente bonito tiene una magnífica ubicación sobre la ciudad. Volví al centro, dónde deambulé un poco por allí, y al no saber que más hacer en Uppsala me volví a Estocolmo para la hora de comer. Comí en un restaurante japonés cercano al hotel al que le había echado el ojo el primer día. Me hinché a sushi por 11 €, agua incluída. Aunque la camarera no era un derroche de simpatía precisamente (no todas las suecas podían ser simpáticas, siempre tiene que haber algo que rompa la norma). Fui un rato al hotel a hacer un poco la digestión, y luego me marché a Gamla Stan con la intención de hacer algunas compras de souvenirs, dónde pasé el resto de la tarde paseando por Vasterlanggatan de arriba a abajo.

                 

  • Viernes 27 de Febrero: El último día en la capital sueca lo iba a dedicar a visitar el palacio de Drottningholm y a hacer un paseo en barco por  los fiordos de Estocolmo. Cuándo me levante y vi por la ventana que estaba nevando bastante, me quedé sin saber muy bien que hacer. No sabía si alterar el orden de visita que tenía previsto, no sabía si esperar un rato a ver si amainaba, si salir con el paraguas, o salir como los machotes (o tontos, según se mire) a "pecho descubierto". La verdad es que el tema del paraguas me planteaba serias dudas, al no haber tenido nunca la experiencia de estar nevando y tener que salir a la calle (es lo que tiene vivir en Bcn…) no sabia como actuar. La verdad es que la utilidad del paraguas quedaba un poco en entredicho, teniendo en cuenta que con el aire que hacía, los copos que estaban casi en el suelo volvían a subir otra vez hacia arriba, no le acababa de ver la practicidad… Todo era cuestión de salir a la calle con él, y si los suecos me miraban como si fuera extraterrestre, o se sonreían a mi paso, es que el uso del paraguas no era lo más adecuado para esa situación. Lo suyo hubiera sido un chubasquero, pero no tenía, y el abrigo no era impermeable, podía aguantar un poco, pero tampoco demasiado. Al final esperé media hora, y amainó. Así q aproveche para ir corriendo al metro (metafóricamente) y tomé la linea verde para bajarme en Brommaplan. En esos 20-30 minutos que duró el trayecto, volvió a nevar con más intesidad, al salir a la calle, justo en frente de la estación de metro estaban las terminales de los autobuses, con la ayuda de un panel informativo en tiempo real, y un mapa de dónde estaba cada una de las 5 terminales que estaba dispuestas en forma de abanico, "localicé" mi bus y de dónde salía. Localicé entre comillas, porque dónde debía estar situada  dicha terminal, la quinta, la más alejada,  me quedó claro, encontrarla ya fue otro asunto. Salí del abrigo de la parte cubierta de la puerta de la estación, y me volví al minuto porque yo allí no veía ni terminal, ni bus, ni leches, y con la nevada que parecía que iba toda contra mi cara no veía "na de na". Me resigné a coger el siguiente que salía de la terminal que quedaba justo en frente de la estación, y cuyo bus podía ver, un primer paso importante… Y para allí que fuí. Le pregunté al coductor si mi ticket valia, y me dijo que no, que tenía que comprar otro ticket más (1)

(1) El transporte público en Suecia funciona por zonas (¡qué novedad!) , hasta aquí normal, pero allí los billetes sencillos, en vez de ir con targetas tipo T10 (En Bcn), funciona con tickets pequeños por un valor de 20 SEK (2 €) cada uno, que te permiten ir ampliando zonas. Yo llevaba uno doble, o sea dos tickets de 20 SEK. No lo pedía así expresamente, me lo daban al pedirles un billete sencillo. Supongo que sería para poderme mover por toda la zona 1 sin restricciones, ya que en Europa es bastante habitual que los billetes reducidos, sólo te sirvan para 3 o 4 paradas. Total, que depende dónde vayas, vas acumulando tickets como si fueran cromos de la Liga. Para ir y volver a Drottningholm, acabé con 6 de esos tickets… (que desperdicio de papel, con lo ecologistas que són por allí arriba…)

Quedaban menos de 5 minutos para que saliera el bus, y el conductor no los vendía, tenía que volver a la estación de metro, así que fui corriendo (esta vez si que fue de forma literal). Fui al taquillero y me mandó a la tienda de en frente (los suecos son así de raros, el taquillero a veces te vende tickets, y otras veces te manda a la tienda de en frente que es de estas típicas de aeropuerto que te venden de todo, que es dónde te venden los tickets del transporte público, más baratos… que me lo expliquen…). Esperé a que el hombre de delante pagara su periódico y cuándo me tocó a mi le solté toda la "movida" al cajero, sorprendiéndome a mi mismo, por la fluidez, claridad y precisión de mis palabras (en mi vida he soltado una frase de mi inglés de cuenca sin pararme a pensar un segundo, soltar un "…ehm…" y continuar la frase). Le compré cuatro tickets (uno que me faltaba para la ida, y los otros tres para la vuelta) y corrí hacia el bus. Le enseñé victorioso mi ticket al conductor, como si acabara de encontrar el mismísimo Grial, y me senté.

El trayecto en bus desde Brommaplan hasta Drottningholm es de unos 10 minutos aproximadamente, tiempo en el que la nieve volvió a amainar, y practicamente cesó. Una cosa que quiero aclarar, es que todo este show de metros, buses y tickets por doquier lo tuve que hacer porque en invierno el canal está congelado, y no hay otra forma de llegar (a no ser que sea con coche propio o alquilado), pero en verano es mucho más fácil y se puede ir directamente en barco desde el ayuntamiento, o frente al Grand Hotel (el único hotel de 5 estrellas de Estocolmo, situado en Blasienholmen).

Al fin llegué al Palacio de Drottningholm y empecé con la visita, que fue visita express por motivos que ahora contaré.

El Palacio de Drottningholm, de estilo  barroco y rococó se terminó de construir a finales del siglo XVII y fue uno de los más fastuosos de su época. Tessin el viejo, su arquitecto, se inspiró en la arquitectura francesa e italiana de la época. Los detalles posteriores que se le añadieron al palacio fueron obra de arquitectos de la talla de Tessin el joven, Carl Harleman y Jean Eric Rehn, que se encargaron de rematar sus interiores. El palacio fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1991. Actualmente es la residencia de la monarquía sueca, que decidieron trasladarse aquí en vez de vivir en el Kungliga Slottet (Palacio Real) (El Palacio Real se usa para ceremonias oficiales) situado en Gamla Stan, para estar situados en una zona más tranquila y más alejada de las masas de turistas (Algo que puedo corroborar, ya que yo era el único turista que andaba por allí, aunque también hay que tener en cuenta que ni era el día mas idóneo, ni la mejor época del año). En el recinto del Palacio también se encuentra el Teatro del Palacio (Slottsteatern), uno de los más antiguos del mundo aún en uso y el elegante pabellón chino (Kina Slott). El complejo está situado junto al lago Mälaren, entre jardines de estilo barroco y rococó y un frondoso parque de estilo inglés. En verano se organizan torneos de justas, el teatro ofrece representaciones de ópera y ballet y en la iglesia se celebran la misa mayor y conciertos. En verano además, el Palacio está abierto al público todos los días, en invierno sólo sábados y domingos y de 12:00 a 15:00.

                            

La visita al palacio fue express por dos motivos de fuerza mayor, el primero es que el edificio y parte de sus jardines estaban cerrados, y el segundo es que volvió a apretar la nevada. Le di la vuelta al palacio, visité la parte abierta de los jardines, llegué hasta una colina, y allí me di la vuelta porque la bufanda negra que llevaba se estaba empezando a quedar de color blanco.

                          

                         

                              

Volví a la estación central de Estocolmo, primero en bus y luego en metro (120 SEK, 12 €, me costó la visita a Drottningholm en transporte público… realmente increible…). Al salir, me encontré en medio del Kulturhuset, dónde está situada  la Sergels Torg. Allí me asaltó una sueca que junto con sus compañeros estaban recogiendo firmas para que el Parlamento Europeo no tuviera tanto peso sobre las decisiones del Parlamento Sueco. A pesar de que le dije que era español, pareció no importarle, les interesaba más la cantidad de firmas que otra cosa, así que bueno, le dejé mi firma y se fue tan contenta.

Como la visita al Palacio de Drottningholm había sido mucho más rápida de lo que esperaba, decidí añadir el Medeltidsmuseum (Museo Medieval) a mis planes. Según había leído en la guía, el museo se encontraba actualmente en obras, pero tenía una exposición temporal justamente en la plaza dónde me hayaba. Pero no era lo que me esperaba, yo esperaba una exposición reducida, pero con un cierto tamaño. La realidad es que era una exposición, que si no hubiera leído esa información en la guía, me habría parecido una tienda antes que cualquier otra cosa. Así que seguí paseando aprovechando que hacía un rato que había dejado de nevar y había salido el sol.

Tenía que hacer tiempo hasta que saliera el barco turístico que quería coger en Blasienholmen, situado al lado del Grand Hotel, y del Museo Nacional, y faltaban aún más de dos horas. Así que empecé a dar vueltas por el centro, y a medida que se fuera hiciendo la hora, me iria acercando. Paseando descubrí la Iglesia de Santa Clara, situada muy cerca de la estación central, me quedé atonito de descubir aquella mole por casualidad, cuándo había pasado dos o tres veces por allí sin ni siquiera percatarme de su presencia… estaré ciego… Entré en su interior, le di una vuelta haciéndole fotos, y cuándo estaba a punto de marcharme, se me acercó un sueco (o danés) de unos 50 años (que casualmente sale en una de mis fotos) y me preguntó que cuál era el motivo de mis fotos, a lo que yo me quedé callado con cara de póker, no entendía a que se refería, me volvió a repetir, y esta vez matizó que si fotografiaba más arquitectura o a gente. Lo había entendido a la primera, pero seguía sin entender a dónde quería llegar, si quería que le enseñara alguna foto o qué, así que le dije que un poco de todo, y pareció que quedó contento con la respuesta y me deseo un buen día y se marchó…

Después de esta pequeña anécdota marché a Gamla Stan a través de la calle comercial de Drottningsgatan, volví a pasar por delante del Palacio Real, dónde casi tengo un percance al subir a un escalón para hacer una foto, y resbalarme con el hielo. No me caí, pero me falto el canto de un duro, y el guardia que estaba delante mio tieso como el palo de una escoba, fijo que se sonrió ante el ridiculo de la situación. La foto, la pude tomar con éxito, esta és.

Llegué finalmente a Blasienholmen y compré mi billete para el paseo en barco. Como aún faltaba una hora, me acerqué a una iglesia de un curioso color rojo que había visto todos los días y a la que aún no me había acercado, la Jakobs Kyrka.

Después de visitar su interior, entré al centro comercial NK, otra vez, y volví por el paseo de Kungsträdgarden hasta el embarcadero. El Kungsträdgarden (Jardín del Rey) es un popular punto de encuentro en Estocolmo, que durante todo el año ofrece entretenimiento para todos los gustos. Este espacio urbano abierto, con una moderna fuente en el centro, está delimitado por paseos arbolados. En verano se celebran en el parque ferias de alimentación, conciertos, bailes y teatro callejero. En invierno, la pista de hielo atrae a pequeños y grandes por igual. La pista de hielo me llamó mucho la atención, porque está muy bien acondicionada, alrededor de la pista hay casetas para cambiarse y poderse poner los patines, también está repleto de puestecillos de comida rápida, y todo ello animado con música a todo volumen. Ese día tocaba reggeton a la sueca (el ritmo era el mismo, pero el idioma era algo incomprensible). Otra cosa que me llamó la atención, es que en un rincón del paseo, había como una especie de carril acordonado, dónde los padres enseñaban a esquiar a sus hijos pequeños.

                             

Disfrutando con todas estas curiosidades invernales de la capital sueca, se me hizo la hora de embarcar. Así que fui a hacer cola y después de 10 minutos, subimos todos a bordo. El barco tenía dos pisos, la parte de abajo cubierta, y la de arriba descubierta. La de arriba fue por supuesto la que elegí, aprovechando que brillaba el sol y no amenazaba con nevar más. Antes de subir las escaleras había una montaña de mantas para que la gente no se quedara tiesa allí arriba, cuando subí no me di cuenta, pero al ver a la gente de mi alrededor con las mantas, bajé antes de que se acabaran y me hice con una.

El paseo duró una hora y cuarto aproximadamente, salía de Blasienholmen, pasaba cerca de Gamla Stan, iba siguiendo los acantilados del norte de Södermalm, llegaba a las Islas Fjäderholmarna (Islas Pluma) a las que daba la vuelta, y regresaba a Blasienholmen pasando cerca de Djugarden, Kastellholmen y Skeppsholmen. El paseo fue muy guapo, y valió la pena, pero mis manos acabaron rojas como un tomate, y yo acabé jodido de frio en general. El speaker era muy "salao" para ser sueco y amenizaba todo el trayecto con diversas bromas, y aprovechando la nacionalidad de los varios pasajeros para aprovechar para explicar la procedencia de tal edificio o de tal otro.

Al estar haciendo fotos continuamente me quité los guantes para poder manejar la cámara mejor, pero al rato no me las sentía, y un poco después las volvía a sentir, pero para tener la sensación de como si me clavaran mil agujas. Lo peor es que no había forma de calentarlas, ni poniéndome los guantes y metiendo las manos en los bolsillos, ni sentándome encima de ellas, ni frotando, ni dando palmas, ni nada, todo esfuerzo era inutil. Así que los últimos 20 minutos del paseo en barco se me hicieron algo largos, ya que a parte de las manos, mi manta se la había dejado a una islandesa que estaba a mi lado ya que yo no la estaba utilizando porque estaba todo el rato de pie haciendo fotos, yendo de lado a lado del barco, así que no me podía acurrucar con la manta ni nada.

Necesitaba meterme en un sitio con calefacción, así que como eran las 3 de la tarde y estaba cerca del hotel, me compré la comida por el camino y comí en la habitación, dónde porfin dejé de tiritar como un desquiciado. Me recosté un poco en el sillón cuándo terminé de comer, cerré un poco los ojos, y, cagada… Cuándo los abrí de nuevo, ya era de noche, me había quedado allí sobado. Como ya no tenía ganas de salir, me quedé haciendo la maleta y salí  más tarde a la calle a darme una pequeña vuelta y a comprar la cena.

  • Sábado 28 de Febrero: El sábado no fue un día aprovechable, la única anécdota que puedo contar de ese día, es que en el aeropuerto, cuándo faltaba menos de una hora para salir el vuelo, cayó una nevada tremenda, que impedía ver más allá del avión en el que me tenía que montar para volver. Las alas se congelaron, y tuvieron que echarle una especie de espuma naranja anticongelante con un brazo mecánico cuándo estabamos todos los pasajeros montados en el avión. A la vuelta volví en clase turista, esta vez no tenía enchufe, pero el avión iba medio vacio y tenía tres asientos para mi sólo. Pero para variar me equivoqué de lado, y me tocó vista al Mediterraneo en nuestra aproximación al aeropuerto de Bcn, con lo bonito que es que te toque ventanilla con vistas a la ciudad…

El viaje a Estocolmo fue un gran viaje del que guardo, y guardaré siempre un magnífico recuerdo. Fue mi primera experiencia en solitario, y sólo la puedo calificar como excelente. Salió todo a pedir de boca. El frío que era un tema que me preocupaba bastante, por no decir mucho, no fue tanto como pensaba (también hay que tener en cuenta que iba muy bien abrigado, porque frio hacía, pero no el frío polar que me esperaba) el no hablar demasiado a lo largo del día también lo llevé bien. Y lo mejor de todo fue perder el miedo, o respeto que impone viajar solo. Todo en esta vida es lanzarse, quien no arriesga no gana. Yo me "lancé" y gané.

Por otro lado, Estocolmo es una ciudad increible, preciosa, cautivadora, su fuerte personalidad te atrapa y no te deja escapar, aunque uno tampoco quiere escapar de ella. Esta ciudad situada sobre 14 islas, ofrece un punto de vista completamente distinto según donde te halles. Sus numerosas islas ofrecen incontables rincones por explorar. Descubrir la parte más invernal de la ciudad, a pesar de haberme limitado algunas visitas, sólo ha hecho que me guste más y que me motive en una futura visita para ver su parte más cálida. Estocolmo y Suecia, me han dejado prendado, la pasión por Alemania se ha extendido a Suecia también. Y Estocolmo se ha convertido por méritos propios en mi segunda ciudad favorita, después de mi querida Barcelona, y con el permiso de Berlín, que siempre estará en una situación privilegiada. Para finalizar, decir que me apunto como tarea pendiente realizar una ruta por Suecia en coche de alquiler que incluya Göteborg, Gotakanal, Örebro, Östersund, Lulea, Kiruna y una segunda visita a Estocolmo. Fin.

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Estocolmo 2009 (2ª parte)

                                
 
 
  • Miércoles 25 de Febrero: Por si la pateada del día anterior no hubiera sido suficiente, para el miércoles tenía preparada una ruta de unos 12 km, que terminaron por ser más. La ruta era la siguiente: Käknastornet, Djugården, Skansen, Vasamuseet, e Historiska Museet. A las 9 me puse en marcha. dirección a la Käknastornet, la torre de la televisión, el punto más alejado del itinerario, y a la que tenía intención de llegar en una hora aproximadamente. Aquella mañana fue especialmente fría, el cielo estaba totalmente encapotado y la amenaza de que cayera una buena nevada era alta. Bajé la calle del hotel hasta el fiordo, y allí gire a la izquierda, por la calle Strandvagen, siguiendo toda la costa del barrio de Östermalm, hasta internarme en el parque que marca el límite del barrio, Ladugårsgärdet. Desde allí hacía el este, todo es parque, hasta que este finaliza en el fiordo. Ladugårsgärdet y Djugården son los pulmones verdes de la ciudad de Estocolmo, el primero está en la parte continental de la ciudad, la segunda es una isla situada justo al sur, entre los barrios de Östermalm y Södermalm. Durante el primer pequeño tramo del parque, llamado Nobel parken, me iba cruzando con bastantes lugareños, ningún turista, lo cual me gustaba. Hay autobuses que llevan hasta la Käknastornet, pero la gracia es estar en contacto con la naturaleza, y caminar siempre que se pueda, y eso es lo que hice.

 

Cuando dejé atrás Nobel parken y me interné más en Ladugårsgärdet, siempre siguiendo el litoral junto al fiordo y viendo la isla de Djugården al otro lado, empezó a nevar muy ligeramente, apenas eran unos tímidos copos, que cesaron transcurridos 10 minutos. Por esa parte ya no se veía a tanta gente, y pude disfrutar de una tranquilidad pasmosa. El único ruido era el de la nieve al crujir bajo mis botas. Al llegar a un cruce de caminos, que según el mapa que llevaba y siempre y cuándo estuviese en el punto que creía estar, debía internarme un poco hacía el interior para encontrar la Käknastornet (la torre no es pequeña precisamente como para no verse a lo lejos, pero en ese punto debía estar tapada por los árboles porque yo no la veía por ninguna parte). Me quedé allí parado un par de minutos asegurándome de tomar el camino correcto, cuándo vi acercarse a una pareja de suecos de unos 50 años que estaban paseando por el parque. Me quedé mirando al hombre, y no hizo falta decirle nada, se acercó él para ayudarme (realmente amables estos suecos, verdad de la buena). Según las indicaciones que me dió el sueco, iba por el camino correcto, le di las gracias, él me dió una palmada en el hombro (¿dónde está el mito de la frialdad escandinava?) y seguí el camino que me marcó el hombre. Llegué a los museos de la técnica, el etnológico y un par más, pasé de largo, y me adentré en la mismísima tundra.

Durante mis viajes ha habido grandes días que recuerdo con mucho cariño, pero en el momento de escribir estas lineas, este día se lleva la palma de calle. Y dentro de ese magnífico día, el momento cumbre, el extasis, fue cuando me interné en lo que yo he denominado la "tundra". Me cuesta describir la sensaciones que tenía en ese momento y lo que las propició. Pero en el momento de internarme en la "tundra", que no era más que un espacio abierto, una gran llanura nevada, dónde los árboles se veían a lo lejos, de dónde sobresalía la Käknastornet, cruzada por una carretera cubierta de nieve, por dónde no circulaba en ese momento ningún coche, ni tampoco se veía a ninguna persona, sentí una sensación de soledad (en el aspecto positivo), de paz, tanto exterior como interior, me sentía totalmente libre de preocupaciones, en contacto con la naturaleza, me sentía satisfecho de estar allí, y me sentí transportado a la tundra del norte de Suecia en vez de estar en la ciudad de Estocolmo. Solo se escuchaban mis pasos en la nieve, no nevaba, y tenía un objetivo que se veía en el horizonte, ya no hacían falta mapas, simplemente levantar un poco la mirada y ver cuál era el mejor camino a seguir. Por eso y mucho más, me sentí realizado.   

Poquito a poco, la Käknastornet se iba elevando más y más, hasta que finalmente llegué a sus pies. Esta torre alcanza los 155 metros, diseñada por Bengt Lindroos y Hans Borgström fue inaugurada en 1967 como sede de las emisiones de radio y televisión. Los miradores de la plantas 30 y 31 proporcionn una vista espectacular de la ciudad; el restaurante de la planta 28 tiene ventanas panorámicas, dos ascensores ascienden hasta aquí a 18km/h. Subí en el ascensor después de pagar los 20 o 30 SEK que costaba. Las vistas eran espectaculares, pero los cristales de color cobrizo de la torre eran pésimos para hacer fotografias decentes, así que me quedó un regustillo amargo. De todas formas no me arrepentí para nada de haber subido.

Cuándo bajé de la torre, me dirigí a la isla de Djugården, a la que se accede por un puente cercano a la Käknastornet, allí justo antes de cruzar el puente me encontré con una policia montada a caballo, posando para una señora que le estaba haciendo un foto, así q aproveché me acerque a ellas, y le hice una foto yo también. Contento por esta pequeña tontería que le daría un toque de color a mi álbum, proseguí internándome en la isla, hasta encontrar el camino que buscaba y girar hacía el oeste. Ahora el objetivo era encontrar el museo al aire libre de Skansen. Después de un buen rato caminando parándome en numerosas ocasiones para hacer una buena sesión fotográfica, tenía la certeza de que debía estar cerca del museo, pero no tenía muy claro el camino a seguir, fue entonces cuando vi a una chica de más o menos mi edad bajar por un camino lateral, desde las colinas que quedaban a mi derecha. No sabía dónde llevaría, pero me metí por allí por si era algún atajo que la chica conocía. Seguí por el camino, que parecía un camino de montaña, más que el de una isla-parque, hasta que terminó en una carretera que desembocaba en una rotonda y dos caminos, el de arriba y el de abajo. ¿Cuál era el correcto? Me sentí un poco Keanu Reeves en Matrix, con lo de la pastillita roja o la azúl. ¿La respuesta? Los dos! Ya que se volvían a juntar un poco más adelante, aunque yo opté por el de abajo. Seguí caminando y me encontré con Skansen casi por casualidad, primero porque no sabía que estaba tan cerca, y segundo porque tampoco sabía que había una entrada desde allí. Skansen tiene dos entradas, la sur, y la oeste. Yo entré por la primera, sin ni siquiera saber que existía antes de encontrarme con ella.

   

Skansen, que en sueco significa "reducto" fue fundado en 1891, convirtiéndose en el primer museo al aire libre del mundo. Su fundador, Artur Hazelius, se doctoró en lenguas nórdicas en la Universidad de Uppsala, tras lo cual emprendió largas caminatas por las zonas rurales suecas y vio con sus propios ojos, que la antigua sociedad agrícola empezaba a experimentar un cambio radical. La agricultura se mecanizó, los productos industriales eliminaron a los de artesanía, y las nuevas comunicaciones abrieron caminos eficaces para la distribución de mercancías. La gente del campo empezó a emigrar a las ciudades en busca de trabajo. En la década de 1880 con las malas cosechas casi medio millón de suecos emigraron al Nuevo Mundo, de este modo se llegó al punto culminante de este proceso. Hazelius comprendió rápidamente que la sociedad sueca se estaba transformando para siempre.

Hazelius, en una visita a la región de Dalecarlia vio la rapidez de aquel cambio. Así que comenzó a reunir trajes, enseres domésticos, muebles y utensilios de la antigua cultura rústica, había que salvarlo todo para la posteridad, ya que el país se modernizaba y las viejas tradiciones y el estilo de vida desaparecían. Las colecciones crecieron gracias a la red de contactos que Hazelius había creado por todo el país y fueron ampliadas con objetos de entornos de clases altas y de los gremios artesanales desaparecidos en las ciudades. Para exponer todos estos objetos, Hazelius consiguió que el Estado cediera terrenos en Djugården, dónde construiría en Nordiska Museet (Museo Nórdico), aunque no pudo abrirse hasta 1907, seis años después del fallecimiento de Hazelius. A pesar de todo, las exposiciones tradicionales y los interiores de museo no eran suficientes para el objetivo de educación popular planteado por Hazelius. Este quería reforzar la experiencia histórica mostrando entornos completos, es decir, casas decoradas con muebles y objetos, habitadas por personas vestidas con ropa típica de la época y rodeado de sus animales domésticos en un paisaje natural. Así nació Skansen.

                      

Pasé cerca de tres horas dando vueltas por Skansen, siguiendo un recorrido lo más lógico posible para  no pasar dos veces por el mismo sitio, y sin dejarme nada importante. Skansen al contrario que el Museo Nacional, SI que vale la pena, una visita a Estocolmo no está completa si no se pasa antes por aquí. El precio de la entrada es más que razonable, 50 SEK (5 €) en invierno, 75 SEK (7’5 €) en verano. En invierno está más apagado, pero en verano está a rebosar de gente,  hacen espectáculos y tocan música en vivo en un escenario que hay cerca de la puerta sur. Skansen está organizado en distintos sectores que representan cada una de las regiones de Suecia, encontrándose en cada uno edificios de esas regiones que representan. Además, las regiones del sur de Suecia están úbicadas en el sur de Skansen, las del norte, al norte, etc. Pero el museo no son solo edificios típicos, puestos allí sin más. En muchos de ellos hay trabajadores del museo vestidos de forma tradicional, haciendo actividades tradicionales. Por ejemplo en una de las casas a la que entré había una mujer vestida con ropas del siglo XIX tejiendo en una tejedora que parecía sacada de antes de la revolución industrial. En otra estaban haciendo queso. A parte, en el borde sur-este están las granjas dónde hay caballos nórdicos, cabras, etc. Y en el borde este y norte (la parte que más me gustó) está dedicada a la fauna autóctona nórdica. Allí hay linces, jabalíes, osos, bisontes, lechuzas, lobos, focas, alces y renos. El oso, y el bisonte al que bauticé como "Visente" estaban desaparecidos (y pequeños como para no verlos, no son precisamente…), al resto los vi a todos, y conseguí algunas fotos geniales. Una de las mejores es la del lince, al que los niños suecos estaban acribillando a bolazos de nieve, y el pobre bicho ya no sabía que hacer y miraba hacía arriba como pidiendo un poco de clemencia, pero los niños ya se sabe como són…

Después de disfrutar con los animales llegué a la cabaña sami, construída de la forma tradicional, y en cuyo interior había una chica vestida de sami que hacía explicaciones en sueco y en inglés a aquellos visitantes que estuvieran interesados y se sentaran dentro de la cabaña. Yo me limité a asomarme a la puerta y a escuchar un poco lo que contaba, ya que no me apetecía entrar, primero por no hacer cambios bruscos de temperatura de frio a calor y ponerme a sudar, y segundo porque tenían un fuego encendido en el centro de la cabaña y tampoco tenía ganas de ir el resto del día con los ojos llorosos por culpa del humo.

Proseguí con la visita hasta que creí haberlo visto todo, y busqué algún sitio dónde vendieran comida rápida dentro del museo, pero lo máximo que encontré fue un puestecillo dónde vendían creps, así que me fuí de allí porque quería algo contundente que me llenara el estomago. Salí de Skansen por la puerta oeste, fui buscando algun puestecillo dónde vendieran comida antes de llegar al siguiente objetivo que es hacía dónde me dirigía, el Museo Vasa. Pero la zona estaba bastante desangelada y allí sólo habían árboles y nieve, ni rastro de comida. Pasé por delante del Nordiska Museet, en el que decidí no entrar porque no creía que sus colecciones me motivaran demasiado, así que me limite a hacerle fotos y proseguir. Llegué hasta el Museo Vasa, y no vi ni rastro de comida por ningún lado. Como no tenía ganas de ir hasta quien sabe dónde a buscar algún restaurante o puestecillo de comida, y luego tener que volver, decidí aguantarme el hambre, visitar el Vasa y luego ya me buscaría la vida para comer en algún lado. 95 SEK (9’5 €) me costó la entrada.

El Museo Vasa, inaugurado en 1990 es el museo más famoso de Estocolmo (y de Suecia). El museo fue construído especialmente para albergar el buque de guerra Vasa, y contar su excéntrica historia en las exposiciones laterales que hay en su interior, y es que su historia tiene miga.

 

El Vasa fue un navío de guerra sueco construído por órden del rey Gustavo II Adolfo de Suecia. El Vasa naufragó en su viaje inaugural, el domingo 10 de agosto de 1628 en el puerto de Estocolm. El barco fue rescatado el 24 de abril de 1961 y se encuentra expuesto en el museo homónimo en Estocolmo. Al dejar el muelle en su primer viaje una fuerte ráfaga de viento azotó al Vasa y el barco volcó al llevar demasiada carga que no estaba bien atada. La mayor parte de la carga se fue al otro lado del buque, lo que reforzó el zozobrar del barco.

A inicios de los años 1620, Suecia se encontraba en guerra con Polonia dentro de la Guerra de los Treinta Años, iniciada en Alemania. Las intenciones de lrey sueco era tener un control férreo sobre el Mar Báltico, pero la flota real sueca se encontraba en malas condiciones. El rey mandó construir cuatro naves, dos grandes y dos menores. Las mayores serían el Vasa y el Tre Kronor, la intención es que fueran las naves más poderosas y mejor armadas que existieran. Mil robles fueron cortados sólo para construir el Vasa.

A pesar de que las pruebas de estabilidad fueron abortadas, el 10 de agosto de 1628 leva anclas el Vasa para navegar partiendo de Estocolmo. Se elevan cuatro velas, y se dispara el saludo con dos tiros. El viento es suave y el Vasa se desliza lentamente a lo largo de Skeppsholmen y luego a lo largo de los montes meridionales de Södermalm. Varias fuentes indican que la nave se meneaanormalmente desde el inicio, a pesar del suave viento.

El Vasa se hundió al juntarse varios acontecimietos. La embarcación era demasiado alta con respecto a su manga, su centro de gravedad era excesivamente alto. Además Gustavo II Adolfo mandó construirla con dos filas de cañones, ya que quería el mayor buque de guerra de la época. Al botarlo se levantó una suave brisa que escoró el navío. El agua empezó a entrar por las troneras de la línea inferior de cañones. La acumulación de agua en la bodega precipitó su hundimiento.

El buque está en perfectas condiciones de conservación  a pesar de haber permanecido más de 300 años bajo el agua, esto es debido a la ausencia de moluscos en el Mar Báltico, que son los que se comen la madera.  

La visita al museo fue rápida, incluso para mi, pero el hambre apretaba y ya me empezaban a dar vueltas las cosas a mi alrededor. A la salida del museo, a los pocos metros, cuándo estaba a punto de abandonar la isla de Djugården me encontré con un puestecillo de comida callejera. Había un par de mesas al lado, así que allí mismo me senté a comer, a pesar del frio, por eso mismo tampoco me recree, y en cuanto terminé abandone la isla, y me interné en Östermalm.

Llegué al Historiska Museet (museo de historia) e inicie la visita, aquí también tenía que ser rápido porque quedaba una hora para el cierre. El museo es bastante famoso en Escandinavia por su colección de arte vikingo, aunque me dejó algo frio, me esperaba bastante más, al menos la entrada no era demasiado cara, 60 SEK (6 €). Cuándo terminé con la visita proseguí el camino de vuelta hasta la plaza Karla Plan, dónde tomé Karlavägen, una larguísima avenida que llegaba hasta el parque en frente de mi hotel, Humlegarden. No recuerdo cuánto tarde en recorrer esa avenida, pero entre el dolor de ingle, que ya llevaba rato molestándome de nuevo, el cansancio, y que la calle tenía todo el rato el mismo aspécto, se me hizo interminable. Finalmente llegué a la parte de arriba de Humlegarden, lo crucé de norte a sur y llegué al hotel. Dónde para mi sorpresa me habían bloqueado la targeta con la que entraba a mi habitación, porque se habían dado cuenta que había estado fumando en ella. Tras la advertencia me la desbloquearon y pude entrar en la habitación. Era bastante temprano, pero di por finalizado el día, sólo salí a buscar comida a un puestecillo de comida de una cadena muy famosa en Suecia que había cerca del hotel. Esta cadena de la que no recuerdo el nombre está por todas partes en Suecia, y tiene una gran calidad a muy buen precio. Al contrario de lo que se pueda pensar, Suecia no es en absoluto un país caro, si que es verdad que es más caro que España, pero está a un nivel similar al de Alemania, lo que lo convierte en un país de precios razonables para un español. Hay cosas que si que són caras, el alcohol y el tabaco una de ellas (aunque no dejan ser objetos de lujo, y son totalmente prescindibles) y la segunda es el transporte público, muy, muy caro, como podría comprobar los días posteriores. En cambio, la ropa de marcas internacionales cuestan lo mismo, y la comida también. Por ejemplo ese día compré para cenar albóndigas suecas, con puré de patata y un refresco por 65 SEK (6’5 €). Quiero añadir, que las albóndigas (Kötbullar) acompañadas de puré de patatas y una salsa de arándanos calientes, es el plato típico sueco, y que podeis comprarlas en la tienda sueca de Ikea, si no vais a visitar Suecia en breve.

 

Continua en la 3ª parte de Estocolmo 2009
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Berlín 2007 (2ª parte)

                                 

   

  • Domingo 05 de Agosto:  Después del día anterior de un repaso por la historia de las guerras napoleónicas, el domingo tocaba darle un gran repaso a la desafortunada historia más reciente de Alemania y Europa. La 2ª Guerra Mundial. Empezamos el día visitando la exposición al aire libre de Topographie des Terrors. Esta exposición está situada en la calle Stresemannstrasse, antiguamente esta calle se llamaba Prinz-Albrecht-Strasse, y era una de las más temidas, ya que en ella se ubicaban la oficina central de Reinhard Heydrich y del Servicio de Seguridad (SD) del Tercer Reich, también vivía en esa calle Heinrich Müller, jefe de la Gestapo y el Hotel Prinz Albrecht, situado en el número 9 de esa calle se convirtió en el cuartel general de la Schutzstaffel (SS) con Heinrich Himmler a la cabeza. Esta exposición al aire libre y totalmente gratuita repasa la historia de las importantes decisiones que se tomaron en esta calle sobre la germanización de los territorios ocupados y el genocidio judío y muestra de una forma documental los crimenes cometidos por los nazis.
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    Después de este repaso a los crimenes nazis, avanzamos un poco más en la historia y nos dirigimos al cercano Checkpoint Charlie. Este puesto fronterizo entre Berlín Oeste (sector estadounidense) y Berlín Este (sector soviético) , fue uno de los tres que hubo en Berlín entre 1961 y 1990. El nombre de Charlie proviene del alfabeto fonético internacional dónde C = Charlie, los otros dos eran Alpha (A) y  Bravo (B). Aunque Charlie, era el único punto de paso entre las dos Berlines para los extranjeros. Tras la caída del Muro, el puesto fue cerrado y actualmente se conserva como un lugar turístico dónde hacerse una foto con los actores que siempre hay allí vestidos de americanos y soviéticos, o hacerle una foto a la cara de los soldados que hay a ambos lados del puesto, o a la advertencia en el sector americano que anuncia lo siguiente: Achtung sie verlassen West-Berlin (Atención, está abandonando Berlín Oeste).

    Nosotros hicimos caso al cartel y no abandonamos el sector americano, nos encaminamos a Potsdamerplatz. Fue mientras ibamos hacia la famosa plaza cuando las polacas nos enviaron un mensaje por si queríamos ir con ellas al Palacio de Charlottenburg, y empezaron las tensiones entre mi amigo Alberto y yo que serían intensas durante ese día en el que apenas cruzamos palabras, las justas para tomar decisiones, y más llevaderas los días posteriores. Si hubieran dicho de quedar cerca del sitio donde estabamos no me habría importado ir con ellas, pero estabamos en la otra punta de la ciudad practicamente y no tenía ganas de romper el día por quedar con nadie, así que me negué a ir porque yo no había ido a Berlín (ni a ningún lado) a ligar, si surge la oportunidad bienvenida sea, pero hay que establecer prioridades, y la mía de viaje, es ver lo que me he propuesto. Para ligar uno se va a Lloret de Mar que está plagado de italianas borrachas con ganas de fiesta. Mi amigo sólo quería quedar con las polacas a toda costa. Pero mi respuesta fue, "Haz lo que quieras yo voy a Potsdamerplatz", no fue a ningun sitio, y lo tuve el resto del día con la cara larga.

    Cerca de allí nos encontramos con unos restos del Muro, puestos en medio de la calle a base de exposición, estos pequeños trozos junto con el que hacía de "pared" a la exposición de Topographie des Terrors, fueron los únicos restos del Muro de Berlín que vimos en nuestra estancia en la capital alemana. La mayoría de los kilometros y kilometros del antiguo muro han sido derribados y no queda nada de ellos, ya sea porque "molestaban" o porque no eran precisamente un símbolo de orgullo para los berlineses, ni los alemanes en general, ni para los de un lado, ni para los del otro. Pero en el barrio de Friedrichshain aún se conserva un kilómetro y medio aproximadamente de Muro, la East Side Gallery. Este fragmento de muro fue decorado tras la caída del telon de acero, por 118  artistas de 21 países del mundo. Muchos de los dibujos que se plasmaron en él, son mundialmente conocidas, y probablemente la más emblemática a la par que polémica sea el famoso beso entre el presidente de la Unión Soviética Leónidas Breznev, y el de la República Democrática Alemana y artífice de la construcción del muro, Erich Honecker, mientras un Trabant atraviesa esa misma barrera que dividía Berlín en dos. Pero por desconocimiento de la existencia de la East Side Gallery, o por darle menos importancia de la que tiene, no la visité. Cuándo volví a casa y repasé la guía de nuevo para poder montar el álbum de fotos, no me podía creer como había podido dejarme algo así sin visitar con la de tiempo libre que desperdicie en los últimos días de estancia en Berlín. Hoy en día, mientras escribo estas lineas, sigo sin explicarmelo, pero lo tengo apuntado en la lista de tareas pendientes con Berlín, que son muchas.

    Una vez llegamos a Potsdamerplatz, esta nos dejó un poco desconcertados, el concepto plaza que tienen los alemanes no se correponde para nada con el concepto que tenemos aquí. Yo creo que en España asociamos plaza a una explanada de la forma que sea, ya sea circular, cuadrada, rectangular… rodeada de edificios que la convierten en un sitio más o menos "estanco". Potsdamerplatz destroza ese concepto, uno "sabe" que está en una plaza, porque le dicen que está en ella, pero los espacios abiertos son inmensos, la plaza no está "cerrada", tiene elementos dispersos aquí y allá, un edificio en medio de lo que se considera la plaza… en definitiva un concepto muy raro de lo que es una plaza, vaya. Más bonita que Alexanderplatz era, que no quiere decir que me gustara, porque no lo hizo. De hecho la plaza fue muy criticada cuando se construyó. Esta plaza fue la más bulliciosa de Europa durante los años 20, pero los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial solo dejaron de ella una montaña de escombros. Más tarde la plaza se convirtió en un espacio abandonado y vacío, una tierra de nadie junto al Muro de Berlín. Después de la reunificación, Potsdamerplatz se convirtió en la tarta de la que todo el mundo quería su trozo. Varias grandes multinacionales se disputaron los terrenos, como Daimler Chrysler y Sony. El diseño de la plaza corrió a cargo de varios arquitectos de renombre internacional como Renzo Piano, Helmut Jahn y Arata Isozaki (el arquitecto del Palau Sant Jordi y la torre de telecomunicaciones de Montjuic, en Barcelona).

    Tras deambular por la zona, y hacerle una visita al Sony Center, nos encaminamos hacía el Holocaust Denkmal, uno de los sitios más sorprendentes para mi de los que visitamos, y uno de los que más me gustó por las sensaciones que transmitía andar por allí dentro. Este espacio de 19.000 metros cuadrados cubierto de cubos de hormigon de distintas alturas, y de firme ondulante fue construído en 2003 y su diseño fue obra de Peter Eisenmann. Bajo su superficie se encuentra el centro de documentación sobre el genocidio. El objetivo del arquitecto al diseñar este espacio era conseguir que las personas que se adentraran en sus entrañas sintieran una sensación de vacío, de soledad y la sensación de ir perdido que sintieron los judíos tras el genocidio. La sensación que tuve yo al andar por allí dentro no se correponde al 100% con el objetivo que el arquitecto pretendía conseguir, pero si que consiguió transmitirme una sensación muy especial, que a pesar de haberlo intentado explicar a mis familiares y a mis amigos en numerosas ocasiones, nunca consigo llegar a transmitirla de una forma que la puedan entender, así que tampoco lo intentaré por aqui, solo hago la recomendación, que si visitais Berlín, no os perdais el Holocaust Denkmal. Otro asunto más, pendiente con esta ciudad, grabar un video dentro del Holocaust Denkmal.

    Después de esta sorprendente visita, venía el plato fuerte del día, el Reichstag, la guía ya advertía que convenía ir bastante temprano para no hacer las tremendas colas que se forman delante de sus puertas, pero para que le ibamos a hacer caso, para que… Era mediodía cuando llegamos, un sol de justicia, más de 30º, una cola de más de una hora que avanzaba con cuentagotas, y nada de sombra, ni un solo árbol. La espera se hizo eterna, fue una hora que podría haber sido una semana entera, al principio hacíamos fotos, al rato bebíamos agua como si no hubieramos bebido en tres semanas y nos sentabamos en el suelo cada vez que la cola volvía a detenerse. Al llegar a la escalinata del Reichstag y poder disfrutar de un poco de sombra, me desmoroné en una de las columnas, y allí me fui arrastrando de columna en columna hasta que por fin pudimos entrar. La insolación fue tremenda, y mi cara en las fotos son buena prueba de ello, fotos que por cierto no han pasado la censura. Al internarnos en el Parlamento alemán comprendimos porque la cola avanzaba de una forma tan lenta, la entrada está super controlada, hay un aforo máximo bastante reducido para evitar aglomeraciones en su interior, y al mismo tiempo que va saliendo la gente, van permitiendo la entrada de grupos reducidos de personas, que primero deben pasar bajo los arcos detectores de metales como el de los aeropuertos con varios agentes policiales vigilando el acceso. Se me olvidó por completo que llevaba la navaja suiza multiusos en la mochila, y me hicieron sacarla, al ver que tipo de navaja era me permitieron pasarla con la advertencia de que ni se me ocurriera sacarla, fueron bastante permisivos, ya que me la podrían haber requisado, con la consecuente gracia que me habría hecho, y luego jugársela al poker entre los guardias de ese turno. Mediante un ascensor subimos hasta la cúpula.

    El Reichstag fue construído para albergar el Parlamento alemán y surgió como símbolo de la unidad nacional y mostrar las aspiraciones del nuevo imperio. Las obras fueron pagadas por los franceses como forma de pago por los daños de guera causados durante las guerras napoleónicas. El 23 de diciembre de 1916 se inscribió en la fachada: Dem Deutschen Volke (Al pueblo alemán). Durante los años siguientes se convirtió en un símbolo de poder. Fue aquí donde Philipp Scheidemann declaró en 1918 el nacimiento de la República de Weimar.

    La noche del 28 de febrero de 1933 un incendio destruyó el salón principal del Reichstag, las acusaciones recayeron sobre los comunistas, y se aceleró la caza de brujas emprendida por los nazis, quienes poco después accederian al poder. Durante la 2ª Guerra Mundial fue seriamente dañado, y fue aquí donde los soviéticos izaron la bandera soviética como símbolo de la derrota alemana. Entre 1957 y 1972 fue reconstruído, en el proceso se retiró la cúpula y casi toda la ornamentación. Durante años el Reichstag se convirtió en sede de numerosos festivales y conciertos de rock multitudinarios para desespero de las autoridades de Alemania del Este. El 2 de diciembre de 1990 albergó la primera reunión de Bundestag electo después de la caída del Muro de Berlín. Entre 1995 y 1999 se llevó a cabo la última fase de la erstauración del Reichstag a partir de un diseño de sir Norman Foster, que transformó el Reichstag en un moderno salón de congresos coronado por una cúpula elíptica recorrida por una galería panorámica. El primer pleno parlamentario en el nuevo edificio se celebró el 19 de abril de 1999.

    Una vez arriba, subimos por la rampa en espiral que va bordeando hasta llegar arriba, una de las primeras cosas que nos llamó la atención es que parece que la rampa gira en una única dirección, pero nada más lejos de la verdad, no es una rampa, sinó dos las que van rodeando la cúpula, una de subida y otra de bajada que se van entrecruzando entre sí. En medio de la cúpula hay una columna llena de espejos que consiguen llevar la luz del sol hasta el interior de la cámara del Parlamento haciendo de estre proyecto algo ecológico, consiguiendo disminuir la energía electrica que necesitan sus trabajadores para trabajar allí. En la cúpula también hay una exposición de fotografias que muestran como se desarrollaron las obras de esta moderna cúpula para el Parlamento, y desde el tejado al que también se puede acceder, las vistas de la cercana Puerta de Brandemburgo y la Hauptbahnhof (Estación Central de ferrocarriles) son increibles. Tras un buen rato explorando el Reichstag nos fuimos de allí para irnos a comer cerca de Gendarmenmarkt, la plaza más bonita de Berlín (Y sí, esta sí que tiene forma de plaza). La plaza fue construída a finales del siglo XVII para albergar el mercado del recién urbanizado Friedrichstadt. Debe su nombre al regimiento Gens d’Armes, cuyos establos se encontraban aquí. La plaza de forma rectangular, tiene en su centro la Konzerthaus (Auditorio) y flanqueandolo a ambos lados, una frente a la otra se ubican la Französischer Dom (Catedral francesa), y Deutscher Dom (Catedral alemana) que aunque parecen idénticas, tienen bastantes diferencias entre si, aunque cuesta verlas.

     Como era temprano y ya teníamos las visitas del día finiquitadas, decidimos escribir a las polacas y citarnos con ellas en la Puerta de Brandemburgo un par de horas más tarde. Mientras esperábamos su respuesta fuimos explorando la zona, pasamos por Friedrichstrasse, una de las calles más famosas de la ciudad, llena de tiendas, y dónde están situadas las famosas Galerías Laffayette, a las que tenía ganas de entrar, pero siendo domingo, poco pudimos hacer, así que caminando sin un rumbo fijo nos encontramos caminando de nuevo por Unter den Linden. Yo había leído en la guía que el Zeughaus (Museo de historia alemana) era gratuíto, así que nos acercamos hasta la puerta para comprobar si era cierto y echarle un vistazo, pero la información era erronea, y sí que había que pagar, así que como tampoco teníamos un interés desmesurado por entrar, lo dejamos pasar y continuamos por Unter den Linden dirección a la Puerta de Brandemburgo. Al llegar a la puerta, vimos una concentración de gente en el lado izquierdo de la plaza y nos acercamos a chafardear, en medio del corrillo de gente había un grupo de raperos haciendo una actuación de breakdance a ritmo de hip hop, allí nos quedamos hasta que terminó. Al finalizar miramos nuestro reloj y vimos que era la hora a la que habíamos citado a las polacas para quedar con ellas, pero no habían respondido, por lo que decidimos repetir nuestro paseo por Tiergarten como el del primer día, para dejarles un poco más de tiempo (si es que 2 horas no son suficientes, para decir si o no…) para contestar.

    Llegamos hasta la parada de S-Bahn de Tiergarten y tomamos el tren dirección Spandau. Dos paradas antes de llegar a nuestra parada, Pichelsberg, contestaron, decían que ok, que quedábamos en Alexanderplatz… Lo llevas claro bonita, pensé yo para mis adentros. Bajamos en nuestra parada, fuimos a hacer unas compras al super, y dimos por finalizado el día. Más tarde les contestamos que ya quedabamos al día siguiente, si eso. Tardaron en contestar, hasta las 12 de la noche no dijeron nada, decían de quedar al día siguiente a las 13:00h en la torre de la televisión, los planes para el día siguiente ya estaban decididos y no pasaban por acercarse a Alexanderplatz precisamente, así que ni me molesté en contestar.

                                         

    • Lunes 06 de Agosto:  Toda la mañana del lunes la pasamos en el Zoo de Berlín, un zoo pequeño, pero con una gran cantidad de especies de animales. El Zoologischer Garten es una de las grandes atracciones de Berlín. Las dos estrellas del parque son los osos panda Bao-Bao y Yan-Yan, como aquí lo era Copito de Nieve, antes de pasar a mejor vida. Tras finalizar la visita fuimos a comer a Wittinbergplatz, que está situada junto al KaDeWe (Kaufhaus des Westens), el segundo centro comercial más grande de Europa y que visitamos tras llenar el estomago. El centro comercial me decepcionó mucho, no le diferenciaba en nada a cualquier El Corte Ingles, yo en cambio esperaba que fuera un centro comecial más de "barrio" con tiendas de todas las marcas internacionales, con sus cines, sus bares para ir a tomar algo, etc. pero no, no era de ese estilo. Luego fuimos buscando el Europa-Center otro centro comercial, sobre el que tenía todas mis espectativas de encontrar un centro comercial como los que a mi me gustan después del fiasco del KaDeWe, pero fuimos incapaces de encontrarlo, a pesar de pasar varias veces dónde teóricamente debía estar situado. En esta zona tan animada de la ciudad dónde nace Kurfürstendamm, más conocida como Ku’damm, está situado otro elemento muy famoso de Berlín, la Kaiser-Wilhelm-Gedächtniskirche. Esta iglesia conmemorativa del Kaiser Guillermo es una de las piezas más emblemáticas de la ciudad, siempre está lleno de gente, y tiene un aire distinto al resto de sitios turísticos de la ciudad, este es el único sitio de Berlín dónde ví mendigos, anarkistas, muchos immigrantes, alternativos, góticos, punkys, raperos y cualquier tipo de tribu urbana. Toda la gente rara de la ciudad parece estar aquí reunida, y la sensación que me dió de estar en las Ramblas de Barcelona, fue brutal. La iglesia de la que estaba hablando fue destruída en los bombardeos de 1943. Después de la guerra, se retiraron las ruinas y se conservó la torre frontal de la iglesia, aunque nunca se restauró para que sirviera de recordatorio a todo al que la viera de lo que había pasado. Junto a la base de la torre se construyó una nueva iglesia octogonal de vidrio azúl y un nuevo campanario independiente, apodado por los berlineses como el pintalabios, a la torre en ruinas la llaman la muela rota, y a la fuente que hay frente a ambas, la albóndiga acuática.

    Como era temprano para volver al hotel decidimos ir paseando por la famosa Ku’damm hasta Savigny Platz, donde tomariamos el tren de vuelta. Esta calle, es la calle con más renombre comercial de Berlín, pero no la encontramos tan espectacular como pensábamos, así que creímos erroneamente que las mejores tiendas estarían más adelante. Pero pasó justo lo contrario, contra más nos alejabamos de Gedächtniskirche menos tiendas había, y la calle pasaba a ser una calle normal como cualquier otra de la ciuad. Cuando nos quisimos dar cuenta habíamos dejado atrás Savigny Platz, pero como no era muy tarde no nos importó seguir caminando hasta encontrar otra estación. La pateada fue importante y nos salimos del mapa que llevábamos, al final conseguimos llegar hasta la parada de Charlottenburg, dónde tomamos el tren de regreso. Ese día llegamos al hotel más temprano de lo habitual, pero como no teníamos muy claro que hacer, nos quedamos en la terraza del hotel disfrutando del par de horas de sol que aún quedaban.

    Por la noche como sabía que ál día siguiente tendríamos un día relajado de visita, escribimos a las polacas para quedar al día siguiente (así de paso también conseguiría que mi amigo se relajara y no me odiara de por vida…) Contestaron, tarde, pero al final concretamos vernos junto a Gedächtniskirche al día siguiente por la tarde.

    • Martes 07 de Agosto:  Tanto el martes como el miercoles fueron dos días bastante mal aprovechados. El martes por la mañana nos acercamos hasta el Palacio de Charlottenburg haciendo transbordo en Westkreuz. La visita fue bastante rápida, no entramos al palacio porque estabamos saturados del Neues Palais y la Orangerie de Potsdam, así que paseamos por los jardines del palacio tranquilamente y nos fuimos de vuelta para el hotel. Comimos en un restaurante cercano, descansamos un rato y nos fuimos para Gedächtniskirche dónde habíamos quedado con las polacas. Fuimos a tomar algo con ellas a la plaza de Wittinbergplatz, y para ellas apenas hablar inglés, y nosotros apenas hablar alemán (que era el motivo por el que estaban en Berlín, para estudiar alemán), nos entendimos bastante bien. Las despedimos en el S-Bahn de Zoologischergarten, y quedamos para el día siguiente por la noche en el U-Bahn de Samariterstrasse.
    • Miercoles 08 de Agosto:  El miercoles, fue de lejos el día más desperdiciado de todos, y sinceramente me arrepiento después de ver la lista de tareas pendientes con Berlín y ver que no son pocas cosas las que nos dejamos en la estacada. Este día lo pasamos por los alrededores del hotel, por la mañana fuimos a explorar el barrio y nos encontramos con un auténtico bosque en medio de la ciudad, algo realmente chocante para un chaval que vive en el area metropolitana de Barcelona, y no ha visto nunca más de dos árboles juntos en un sitio que no sea un parque. Después de hacer de David Livingstone un rato nos fuimos a comer al bar familiar cercano al hotel, dónde la mujer, una persona super agradable ya nos conocía de los días anteriores y nos daba conversación. La tarde fue de vagueo total en el hotel, y a la hora convenida nos cambiamos y marchamos hacía Samariterstrasse donde habíamos quedado con las polacas. Teníamos nada más y nada menos que 1hora y cuarto de camino, así que salimos con tiempo. Nos subimos al tren y se quedó parado en la primera estación, Olympia Stadion. Por megafonía dijeron algo totalmente incomprensible para nosotros, la gente empezó a bajar de los vagones, como no entendíamos nada de lo que estaba pasando, le pregunté a un chico joven que iba sentado detrás nuestro, pero el inglés lo tenía más oxidado que yo y no me entendía, así que lo hice facil y le dije Kaputt? (roto?) Ja! (Si). Ok, pues "p’abajo". En verdad no estaba estropeado, sino que los ferroviarios alemanes estaban en huelga, pero de eso nos enteramos al día siguiente. La espera hasta que llegó el siguiente tren fue de 1 hora! Yo estaba hasta los coj…. y los alemanes aún más, se nota que no están acostumbrados a los retrasos como aquí, aunque 1 hora exaspera a cualquiera, menos a mi amigo, que estaba allí sin inmutarse. Si hubiera sido por mi, me habría vuelto en el siguiente tren, se me habían quitado las ganas de ir a ningún lado, pero al final accedí a seguir con lo planeado. Por suerte el resto de camino, o sea todo, menos una parada, transcurrió sin incidentes. Avisamos de que llegaríamos tarde. Y aún así tuvimos que esperarlas 20 minutos a que aparecieran. Como norma general suelo ser puntual, y por lo tanto espero que los demás también lo sean conmigo por respeto, por eso no me gusta que me hagan esperar, 15 minutos es mi límite. Justo cuando estaba a punto de bajar de nuevo al metro aparecieron las polacas. Nos llevaron a un pub muy guapo, del que tenía una targeta y que creo que he perdido… el nombre no lo recuerdo, pero estaba cerca de Samariterstrasse, si mi memoria no me falla era en Mainzer Strasse, uno de los primeros locales al cruzar la calle, por fuera parecia un bar normal con su terraza, pero por dentro era un Lounge con sofás, pufs, luz tenue, música de ambiente de muy buena calidad y de todos los estilos, con snacks para picar, cócteles de nombres raros que escondían mezclas explosivas de diferentes alcoholes, y la Shisha, la famosa Shisha! Famosa porque durante los días anteriores, en todos los sms las polacas incluían en algún momento "Shisha bar", y nosotros no sabíamos lo que era, yo pensé que sería el nombre de un bar en concreto, como puede ser el "Bar Paco", así que le envié un sms a mi amigo Manu, para que me mirara en internet donde estaba ese bar, le salieron muchos resultados, así que no nos sirvió de nada, pero seguimos pensando que era un nombre propio. Nuestra lógica era aplastante, en España hay muchos Pacos, en Alemania hay muchos Shishas… Pero vimos la luz cuando nos trajeron la Shisha a la mesa, y una de las polacas la sostuvo en sus manos mientras decia Shisha! Resulta que la Shisha no era nada más y nada menos, que una simple pipa de agua para fumar tabaco u otras hierbas. Lo que tampoco sabía es que se le llama así en media Europa menos aquí.

    El tiempo pasó volando, y cuando nos dimos cuenta ya era la hora de volver si no queríamos que algún afortunado taxista hiciera la noche con nosotros llevándonos de una punta de la ciudad a la otra, y puedo asegurar que Berlín es muuuuy grande. Tomamos el últiimo metro de la noche dirección Alexanderplatz, donde hicimos transbordo para coger el S-Bahn que nos llevaría hasta Pichelsberg. El convoy debía mostrar Spandau como estación de término, pero según las pantallas informativas de la estación, ninguno llegaba hasta allí, así que nos la jugamos tomando el que llegaba hasta Westkreuz, que parecía el punto más cercano al que podríamos llegar. El problema radicaba en que Westkreuz es un barrio bastante a las afueras de Berlín, y no las tenía muchas conmigo de ser capaz de encontrar un taxi por allí, otra posibilidad era llamar a un taxi por teléfomo, pero con mi alemán no me veía capacitado para hacerme entender, la otra posibilidad más descabellada era seguir andando por la vía, pero eso ya sería en caso extremo porque la verdad no me hacía ninguna gracia. Por todo esto a medida que nos ibamos alejando de Alexaderplatz tenía la certeza que lo más inteligente hubiese sido coger un taxi allí, más caro, pero seguro que lo encontrabamos. Llegamos a Westkreuz después de un buen rato y empecé a pensar en que hariamos a continuación, si salir a la calle a buscar el taxi, si llamar directamente por teléfono, si pedirle a alguno de los pocos viajeros que iban en el S-Bahn a esas horas o incluso al revisor, que nos llamaran con mi movil a algún taxi (siempre es más facil hacerse entender cara a cara que por teléfono). Por suerte, no tuvimos que hacer ninguna de esas cosas, ya que en una de las pantallas informativas vi un tren que ponía Spandau, y este si que era el último. Fui a preguntarle al revisor Nach Spandau? (A Spandau?) Nos señalo la via y por dónde teníamos que ir, y fuimos corriendo para no perderlo, aunque nos hubiese dado tiempo si hubieramos ido andando. Nos sentamos en el vagón y respiré tranquilo por la suerte que habíamos tenido. Si hubieramos salido 10 minutos más tarde de Samaritenstrasse habríamos perdido el tren, y nos habriamos quedado tirados en algún punto de Berlín la noche antes de tomar el vuelo de regreso a Barcelona.

     

    • Jueves 09 de Agosto:  El jueves nos levantamos temprano para preparar las maletas, como nos sobraba un poco de tiempo y lo habíamos desperdiciado bastante los dos días anteriores, decidimos acercarnos al cercano Olympia Stadion, dónde se celebraron los Juegos Olímpicos de Berlín en el año 1936, y en los que  Jesse Owens dejó en entredicho la supuesta superioridad de la raza aria. La visita fue breve porque teníamos que marchar al aeropuerto, así que nuestra aventura berlinesa termino aquí.

                      

     Berlín me marcó profundamente, no por bonita, ya que considero que la capital germana no es especialmente bella, y menos si la comparamos con Praga que es dónde había estado el mes anterior, o de Barcelona mi ciudad de residencia. Pero Berlín tiene una personalidad única que te atrapa, una ciudad orgullosa, viva, con un reciente pasado turbulento, dónde en cada rincón hay algun pedazo de historia reciente. Berlín tiene magia, y si uno lo permite le envuelve y no le deja. Berlín se ha convertido en una ciudad de obligado retorno, en primer lugar por la lista de asuntos pendientes que me quedaron con la ciudad y que a continuación detallo, y segundo porque Berlin ist Berlin.

    Lista de tareas pendientes con Berlín:

    1. East Side Gallery
    2. Torre de la televisión (subir al mirador)
    3. Bunkers (visita de la Berlín subterranea)
    4. Kreuzberg y Friedrischain (visita a fondo de esto dos barrios)
    5. Vida Nocturna (Conocer mejor la vida nocturna berlinesa visitiando discotecas como Berghain o Coccoon)
    6. Park Inn Alexanderplatz (Alojarme en este hotelazo)
    7. Spandau (Visita de este famoso barrio por la prisión de Spandau y su único huesped, Rudolf Hess)
    8. Sachsenhausen (Visita del campo de concentración situado al norte de la ciudad)
    9. Schloss Sanssouci (Visita a este palacio de Potsdam)
    10. Museo Judío
    11. Tiergarten (visita en mayor profundidad)
    12. Gemäldegalerie (visita de este gran museo de arte)

    Como veis la lista de tareas pendientes es larga, y mi regreso a Berlín solo es cuestión de tiempo. Como dijo John F. Kennedy en 1963 en una visita a Berlín:

    Ich bin ein Berliner

     

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    La Lista Negra

    Aquí muestro un mapa de elaboración propia siguiendo las recomendaciones del Ministerio de Asuntos Exteriores, según la seguridad con la que se puede visitar los distintos países del mundo. He intentado ser lo más objetivo posible, pero no hay que tomárselo al pie de la letra, porque no es una verdad absoluta ni pretendo que lo sea. El criterio que he seguido para calificar algunos países como peligrosos son la inestabilidad política del país, delincuencia, guerrillas, conflictos armados, terrorismo y epidemias. Como nota quiero añadir, que ciertos países marcados como peligro moderado (azúl) tienen zonas turísticas donde la seguridad es buena, por ejemplo Egipto, pero que fuera de las rutas turísticas y en algunas zonas concretas de esos países la seguridad no está garantizada. Estos datos pueden variar en cualquier momento, lo mejor es visitar la página del Ministerio de Asuntos Exteriores cuando se quiera viajar a algún país y no se tenga muy clara la situación. Espero que pueda servir de ayuda a alguien.
     
    Leyenda:
     
    • Gris –> Prohibido visitar el país salvo caso de extrema necesidad.
    • Rojo –> Países muy peligrosos dónde hay que extremar la precaución.
    • Azul –> Países con algunos riesgos, dónde con mantenerse alerta y no bajar la guardia debería ser suficiente.
    • Verde –> Países sin peligro alguno dónde podrías llevar hasta a tu abuela de viaje. Salvo algunos carteristas (como en todos lados), ningún problema.

          

     

    Lista de Países:    (No están todos, faltan algunas islas del Caribe y del Pacífico)

    • Gris (Peligro Extremo) :  Irak, Afganistán, Arabia Saudí, Yemen, Chad, Sudán, Somalia, Nigeria, Liberia, Guinea, Guinea-Bissau, Rep. Dem. Congo (Zaire), Madagascar, Nepal.
    • Rojo (Peligro Muy Alto):  Guatemala, Honduras, El Salvador, Haiti, Jamaica, Colombia, Sahara Occidental, Argelia, Mali, Mauritania, Niger, Costa de Marfil, Sierra Leona, Benin, Camerún, Congo, Gabón, República Centroafricana, Eritrea, Etiopia, Ruanda, Burundi, Zambia, Zimbabwe, Malawi, Georgia, Pakistán, Sri Lanka, Indonesia, Filipinas, Papua Nueva Guinea, Libano, Israel
    • Azúl (Peligro de Bajo a Moderado) :  México, Belice, Nicaragua, Costa Rica, Venezuela, Perú, Brasil, Guayana, Guayana Francesa, Surinam, Trinidad y Tobago, Ecuador, Bolivia, Paraguay, Senegal, Gambia, Burkina Faso, Ghana, Togo, Libia, Egipto, Uganda, Kenya, Tanzania, Djbouti, Mozambique, Angola, Leshoto, Comores, Serbia, Macedonia, Azerbayán, Kuwait, Irán, Uzbekistán, Taykistán, Kirguizistán, India, Bangladesh, Myanmar, Thailandia, Laos, Camboya
    • Verde (Sin peligro) : Canadá, Estados Unidos, Cuba, República Dominicana, Panamá, Argentina, Uruguay, Sudáfrica, Namibia, Botswana, Swazilandia, Marruecos, Tunez, Portugal, España, Andorra, Francia, Bélgica, Holanda, Luxemburgo, Reino Unido, Irlanda, Islandia, Noruega, Suecia, Finlandia, Dinamarca, Alemania, Suiza, Austria, Liechtenstein, Italia, Ciudad del Vaticano, San Marino, Malta, República Checa, Eslovaquia, Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina, Albania, Montenegro, Hungria, Rumanía, Bulgaria, Polonia, Estonia, Letonia, Lituania, Bielorrusia, Ucrania, Moldavia, Grecia, Chipre, Turquía, Siria, Jordania, Armenia, Rusia, Kazajstán, Turkmenistán, Omán, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Bahrein, Cabo Verde, Seychelles, Mauricio, Maldivas, Vietnam, China, Mongolia, Japón, Korea del Norte, Korea del Sur, Malaysia, Brunei, Singapur, Taiwan, Australia, Nueva Zelanda, Fidji, Kiribati, Samoa, Tonga, Palau, Nauru

     

    Actualizado a 01 de Junio de 2009

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