Bélgica 2009 (2ª parte)

                                      

 

  •  Domingo 23 de Agosto:  El domingo se levantó completamente despejado y hacia bastante frio por la mañana, como el día anterior, compramos un billete de solo ida a Gante, que nos costó unos 8 € por persona. Tras 40 minutos llegamos a Gante, sobre las 9:45 de la mañana. Tras un largo paseo llegamos hasta el centro de la ciudad, que quedaba  a tomar por culo de la estación de tren. Subimos a la torre del ayuntamiento, que nos costó 2’5 € por persona, por precio reducido, por menor de 25 años y por mayor de 55. El resto pagan 3 €, que tampoco está nada mal, comparándolo con el de Brujas que costaba 8 €. La subida se puede hacer toda por las escaleras en espiral, o hacer un buen trozo en ascensor, lo cual se agradece. Desde arriba las vistas son impresionantes. Aunque el paso cuando lo construyeron no lo hicieron pensando en los turistas claro, sino en los vigias, el paso era muy estrecho, por donde solo pasaba una persona a la vez, para que pasaran dos personas, se tenían que pegar uno contra la pared, y el otro contras las columnas de las arcadas de la torre, un show vaya… Tras bajar comimos un bocata y unas patatas en frente del ayuntamiento, a muy buen precio. Desde allí buscando la calle de Warregarenstraat, la calle de los grafittis, nos equivocamos de camino, y por casualidad descubrimos la mejor parte de Gante, la del canal central y todos sus alrededores. Hasta el momento Gante no nos estaba gustando demasiado, porque aún teníamos muy presente del día anterior, la maravillosa Brujas. Pero al descubrir esa parte de la ciudad, nuestra opinión cambió por completo. Brujas y Gante no se pueden comparar,  porque son muy distintas. A mi personalmente Brujas, me gusta más, porque toda la ciudad es encantadora, cualquier casa estés donde estés de la ciudad, es digna de ser fotografiada, es un todo que conforma un conjunto impresionante. Gante sin embargo es una ciudad más moderna, donde a las afueras no tiene demasiado encanto, pero en el centro, al lado del canal principal y todos sus alredores, uno se queda sin aliento ante tanta belleza. Brujas es más bonita, pero Gante es más impresionante, más monumental, por lo que ambas son imprescindibles.

Al llegar al canal principal de Gante, y después de casi quemar la cámara de hacer tantas fotos (cantidad por encima de calidad, es un error…), hicimos un paseo en barco, que duró unos 40 minutos y costaba 6 €. Las barcas eran las mismas barcas asquerosas que en Brujas, pero esta vez subimos los primeros al barco y elegimos nosotros el sitio, delante del todo, uno a cada lado de la conductora (que por cierto tenia más peligro… se nota que era mujer, y no es por ser machista, pero digamos que estampó la barca un par de veces contra el emabarcadero y se le notaba una conducción temblorosa…) Aunque la gente subió en dos tandadas. En la segunda me tuve que quitar de mi sitio, porque justo donde estaba sentado yo, es por donde tenia que entrar la gente, asi que me aparte, y cuando subió el último, un alemán muy listo que me quería quitar el sitio, le tuve que pegar cuatro gritos en español y mandarlo "p’atrás". El resto fue muy bien, aunque pillamos una lipotomia de las buenas, hacia mas de 30 grados, y todo el rato achicharrándonos al sol. Tras el paseo en barco, fuimos directos a una terraza en sombra a tomar algo bien frio. Cuando terminamos seguimos buscando la calle de los grafittis, y nos encontramos casi por casualidad con el Gravensteen, el castillo de Gante. Al que entramos, la entrada era algo cara, 8 €, aunque tras la visita, no me supo mal pagar esos 8 €, estuvieron muy bien invertidos, ya que el castillo estaba muy bien conservado (o muy bien restaurado, según como se mire), y las vistas desde arriba eran realmente espectaculares, y el castillo muy bonito, y la duración de la visita era larga, nada de 15 minutos.

 

Al salir por fin encontramos la calle de los grafittis, muy muy guapa, por el ambiente decadente, aunque a una ciudad como Gante no le pega, según mi opinión, sería más propia de una ciudad como Berlin o Paris.

 

 Eso fue lo último que queríamos visitar de Gante, así que tras esta visita, buscamos el sitio donde comimos el bocata y las patatas fritas, y comimos otra vez allí a las 5:30 de la tarde. Y nos llevamos un par de bocatas para comer en el hotel. Hicimos el laaaaaaaargo camino de vuelta del centro de Gante a la estación. Alli cojimos un tren inextremis hacia Bruselas, fue subir, pitar y marchar. Al intentar comprar el billete en ventanilla, no le iba la impresora o la pantalla al taquillero, asi q nos dio un papel para q se lo enseñaramos al revisor del tren, y lo pagaramos allí. Pero como el revisor no pasó, al igual que a la ida, el viaje nos salió gratis, sin proponérnoslo, compensó el hecho que tuviéramos que ir de pie todo el camino en medio del pasillo, porque los domingueros volvían a la capital de Bélgica, después de haber estado todo el día en Oostende, una ciudad costera (si, el dominguero también existe más allá de los Pirineos, y además auténticos, con sus neveras de plástico y todo). Una vez en Bruselas, hicimos algunas fotos a los mastodontes de acero y cristal de camino de la Gare du Nord al hotel, y dimos por terminado el día. Yo me baje un rato a conectarme a internet en el hall del hotel y luego me subi a ver al Barça, aunque como los señores de TVE internacional no son muy inteligentes, no retransmitieron el partido fuera de las fronteras nacionales, y en Bélgica nos pusieron una puta serie… así que me volví a bajar al hall, a ver el partido por internet. Al dia siguiente iríamos a Amberes, y si daba tiempo a Malinas, y Lovaina, aunque lo de esta última ya era menos probable.

 

  • Lunes 24 de Agosto:  El lunes fuimos a Amberes, a la que se llega en apenas 40 minutos. Compramos un billete de solo ida que nos costó unos 6 €, y llegamos a la ciudad de los diamantes.  La estación estaba  a un buen paseo del centro de la ciudad, la segunda de Belgica, aunque no tan lejos como la de Gante. Visitamos la plaza de la Catedral, a la que cuesta 5 € entrar, que por supuesto no pagamos, porque para que se le quede la iglesia, mejor en el bolsillo, de allí visitamos la Grote Markt. Estas dos plazas son lo mejor de Amberes, el resto no deja de ser una ciudad muy moderna, con poco encanto, hicimos un almuerzo-comida en el Chi Chi’s una especie de Mejicano, donde comimos una especie de Durums de falafel, a la mejicana, la camarera hablaba un buen español. De allí fuimos a una especie de paseo elevado junto al rio, hasta llegar al puente de Santa Anna, que cruza al otro lado del rio, y desde donde se pueden ver las mejores vistas de la ciudad, pero como no lo encontrábamos, preguntamos a un chico que nos dijo que teníamos que tomar el metro, asi que como no queríamos liarnos demasiado, lo dejamos estar, y pasamos de ir al otro lado del rio, y lo fuimos siguiendo dirección norte, para llegar al Barrio Rojo de Amberes, situado junto al puerto, y que a pesar de ser un barrio rojo, no tiene nada que ver con el de Amsterdam. Tras una breve visita a la calle donde se aglomeran los locales de streptease, peep show, etc, y donde en algunos de ellos se podía ver a través de sus puertas, a nigerianas sentadas en la barra esperando clientela, empezamos la ruta de las 3 iglesias de camino a la estación de tren, St Carolus, St Pietrus y St Jacobs. Finalmente llegamos de nuevo a la estación y marchamos hacia Malinas (Mechelen), sin haber visto mas que unas pocas tiendas de diamantes frente a la estación. Amberes no tiene nada que ver con sus hermanas Brujas y Gante, su único atractivo son la catedral y su plaza, y la plaza del ayuntamiento, la Grote Markt. El trayecto de Amberes a Malinas es de 20-25 minutos, nos costó 3’5€ el billete de solo ida.

Malinas es una ciudad muy pequeña con un centro muy compacto, aunque la estación queda a un buen paseo del centro. Recorrimos la calle principal hasta llegar a la Grote Markt (lo único interesante de la ciudad) que estaba toda cubierta por un escenario para algún tipo de celebración que tendría lugar 4 o 5 dias después. Visitamos 3 o 4 iglesias pequeñas cercanas, tomandonos antes algo en la Plaza del ayuntamiento, y volvimos por la calle principal hacia la estación, haciendo una parada para comer un bocata en un Panos, a las 5 y pico de la tarde, y nos llevamos otro para cenar en el hotel. El trayecto de Malinas a Bruselas es de 20 -25 minutos y nos costó 4 €. En Bruselas nos fuimos directamente al hotel, ya que estábamos reventados, el cansancio de los días anteriores se iba acumulando. Finalmente decidimos no ir a Luxemburgo porque al dia siguiente había previsiones de lluvias, y no hacia gracia conducir por un sitio que no conoces lloviendo, y además darse el palizón de 2 horas conduciendo de ida y otras 2 de vuelta, para que la visita estuviera estropeada por la lluvia. Nos centrariamos exclusivamente en Belgica para verla bien a fondo. Al dia siguiente decidimos ir a Lieja y Lovaina, y el miércoles a Dinant y Namur.

 

  • Martes 25 de Agosto:  El día se levantó completamente nublado. Decidimos ir a primera hora a comprar el chocolate y bombones para llevar a casa, porque no queríamos dejarlo para el último día, por si había cualquier imprevisto, y nos quedábamos sin nuestros dulces souvenirs. Llegamos sobre las 9 a la calle entre la Bolsa y la Grand Place, que es donde había mas concentración de tiendas de chocolate. El problema es que la mayoría de los comercios abren a las 10 en Belgica, pero tuvimos suerte y había una abierta regentada por una china, q abrió a las 9, asi q no tuvimos q esperar hasta las 10 dando vueltas por allí hasta que abrieran, que es lo q me empezaba a temer.

    La elección fue difícil entre tanta variedad de chocolates, bombones, y los “packs” q salen muy a cuenta, y de los que también había varias combinaciones posibles. Finalmente tras 10 minutos de deliveración, me decidi por los bombones y chocolates que iba a llevar a casa.

    Nada más salir de la tienda de vuelta al hotel, empezó a llover, y nos bajo bastantes los ánimos, ante la posibilidad de tener una jornada pasada por agua. Dejamos las cosas en el hotel y tomamos el tren hacia Lieja, 14 € aproximadamente por solo ida. Una hora después estábamos allí. Intentamos buscar algo de interés en la ciudad, pero no lo hay, es una ciudad moderna, sin ningún atractivo para el turista, asi que en cuanto nos dimos cuenta de este hecho corrimos hacia la estación, para no perder más el tiempo.

Cojimos el tren para Lovaina, 9 € aprox solo ida. Una hora después estábamos allí. Lovaina era más bonita de lo que me esperaba tras la decepción que nos llevamos con Malinas. Lovaina es muy fácil de visitar, tiene una calle que circumbala todo el centro, como un anillo, y 5 radiales que parten de la Grote Markt y llevan hasta el anillo. Al poco de llegar a Lovaina empezó a llover, por suerte fue cosa de un cuarto de hora y ya no lo hizo más. Visitamos la Grote Markt, en la que se situan la iglesia principal y el ayuntamiento, realmente precioso. Y visitamos un par de iglesias más, y volvimos para Bruselas. Con la mala suerte que en vez de coger el tren regional, que hace Lovaina – Bruselas sin hacer ninguna parada y tarda solo 20 minutos, cojimos el cercanías, que hizo más de 8 o 9 paradas y tardó 40 minutos. Llegamos a Gare du Nord a las 17:40, sin haber comido nada a parte del desayuno, y un bocata que nos comimos en Lieja a las 13:00, compramos unos bocatas en el Panos de la estación, pero como en Belgica cierran a las 18:00 cualquier comercio, incluso en las estaciones, tuvimos que comprar los bocatas que ya estaban hechos y que nadie quería, así que me quede con las ganas de comerme mi serrano correspondiente del  Panos. De camino al hotel compramos cervezas para llevar en un colmado. Y dimos por terminado el día, ya que llevábamos cansancio acumulado. Al dia siguiente iríamos a Dinant y Namur, dándole prioridad a la primera.

 

  • Miércoles 26 de Agosto:  El último día lo queríamos dedicar a visitar las ciudades valonas de Dinant y Namur, aunque finalmente solo visitamos la primera por motivos que mas adelante contaré. El trayecto fue de 1’30h hasta Dinant, con un precio de unos 14 € solo la ida. Al llegar, agotados después de tanto rato sentados, empezamos a visitar este pequeño y bonito pueblo valón, encajado entre el río Mosa y unos peñascos. El pueblo nos gustó mucho desde el principio, el conjunto de su centro, que por cierto, aquí si que llega el tren al mismo centro, no hay que pegarse grandes pateadas…, es impresionante, el paso del Mosa, junto con la estrecha franja de tierra hasta los acantilados, dándole al pueblo una forma alargada, junto con la Ciudadela en lo alto de uno de los peñascos, y la Catedral de Notre Dame de Namur, de un estilo muy característico y un curioso color negro, hace un conjunto muy muy bonito, del que disfrutamos nuestro ultimo día en Bélgica. Fuimos directamente a lo que interesaba, fuimos de la estación al puente que cruza el Mosa, donde también nos entretuvimos con las vistas, y subimos hasta la ciudadela. El precio es de 7 €, e incluye subir y bajar en teleférico hasta la cima, y arriba una visita guiada por la ciudadela. Subimos en teleférico e hicimos la visita guiada, bueno, solo una parte de ella, ya que solo las hacían en francés y holandés y era un tostón, la ciudadela no tenia nada particular, era normal y corriente, como para que no dejaran hacer la visita a cada uno por su cuenta. En cuanto pudimos, que fue cuando salimos de la parte interior de la ciudadela, hasta la punta mas saliente, nos escabullimos. Simplemente nos quedamos rezagados haciendo fotos, y ya no seguimos al resto del grupo, nos fuimos de allí, aunque primero comimos arriba en la fortaleza.

    La bajada la hicimos por las escaleras, 416 en total, en las que meamos porqueq nos negábamos a pagar los 30 centimos de los lavabos de la fortaleza. Encima que pagas entrada, te hacen pagar el lavabo, increíble…. Una vez abajo, nos olvidamos de entrar en la Catedral…una de aquellas cosas incomprensibles… y volvimos a Bruselas, finalmente dejamos estar lo de Namur, porque mi tio quería hacer compras de última hora en Bruselas, y a mi la verdad es que tampoco me apetecia mucho ir a otro pueblo y tener que patearme los 3000 kilometros hasta el centro. Asi que volvimos a Bruselas, dejamos las cosas en el hotel, y nos marchamos a la Grand Place y alrededores, compramos los últimos souvenirs para la familia, nos comimos un gofre por allí y volvimos al hotel a preparar la maleta, ya que al día siguiente teníamos que levantarnos a las 6:30 para ir al aeropuerto.

 

Belgica en general me gustó, aunque hay una gran diferencia entre la parte Valona y la Flamenca, para mi la flamenca es mucho mejor que la valona, aunque quizá tb influya que los francófonos no me hacen mucha gracia… El país me gustó, las personas particulares también, ya que fueron todos muy amables. Pero la sociedad en general me ha decepcionado mucho, es un país sin identidad, se quieren acercar a los dos países que mas influyen en el suyo, Francia y Holanda, y no son ninguno de los dos, ni ellos mismos saben ni quienes son, ni a donde van, y es la sensación que transmiten a los viajeros, algo que choca y mucho, además de confundir. Es una sociedad a la deriva a la que deberían poner solución, quizá una buena solución sería que Flandes y Valonia se separasen y formasen dos paises independientes, y Bruselas fuera una ciudad-estado, como lo es Singapur, gobernado por la UE. De mientras, los belgas, como diria el refranero español, "Van más perdidos que un hijo puta el día del padre…"

  • Jueves 27 de Agosto: Nos levantamos a las 6:30 y después de desayunar nos marchamos al aeropuerto. Nos pateamos el aeropuerto de Bruselas de arriba a abajo (es el peor aeropuerto en el que he estado, en cuanto a señalización para encontrar a donde tienes que ir, y la forma en que está organizado, que para ir a cualquier sitio, tienes que hacer más kilómetros que en la Maratón…), haciendo una cola interminable para pasar el arco seguridad, y el resto fue sin problemas, el avión salió a su hora, y fue un vuelo tranquilo, llegando a mediodía a Bcn.

 

Fin

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