Viena 2009 (4ª parte)

                         
 
  • Lunes 27 de Julio:  Después de clase, volví a la residencia. Había quedado con Alberto, su amigo, su hermano y Ana para ir al estadio de futbol del Rapid de Viena, y donde España ganó la Eurocopa, el Ernst Happel. Cuando llegamos intentamos entrar al estadio, pero nos dijeron que teníamos que entrar por la puerta E, le dimos media vuelta al estadio, pero por allí no había manera de entrar, así que le terminamos de dar la vuelta, y un hombre nos dijo que teníamos que picar a un timbre para que nos abrieran, pero allí no contestaba nadie, después de casi quemar el timbre, nos encontramos con unos ingleses que nos dijeron que ellos acababan de entrar al estadio, por la puerta esa donde estabamos picando al timbre. Asi que como por las buenas no pudimos entrar, intentamos entrar por las malas, colándonos en el estadio, pero nos pillaron en las escaleras y nos echaron a la calle. Dejamos pasar lo de entrar al estadio, y nos hicimos una foto con la camiseta que había paseado por media Viena, en una p**a columna que tenía el logo de la Federación Española de Futbol. De allí fuimos al Prater, con la misión de conseguir mi camiseta disparando con el sniper. Y la conseguí, aunque todo hay que decirlo, la que consiguió Alberto el día anterior que estuvimos allí tuvo más mérito. Pero me fui contento con mi trofeo que es lo que cuenta. Alberto y Ana se volvieron para la residencia a comer, y yo me fui con su hermano y su amigo al sitio donde comimos el día anterior, ya que el hermano de Alberto se había quedado con las ganas de probar la especialidad de Viena, la Wiener Schnitzel (escalopa). Volvimos a la residencia, nos despedimos de ellos, ya que se volvían a Madrid. Y me quedé el resto de la tarde y la noche estudiando. El resto salieron de fiesta.

 

  • Martes 28 de Julio:  Me desperté de la cama de un bote, de forma literal, porque pensaba que me había dormido, y esa mañana tenía el examen final. Pero para mi alivio cuando miré el reloj, me había despertado una hora antes de lo previsto, así que aproveché para repasar un poco antes de hacer el examen. Después de hacer el examen volvi para la residencia, y no hice mucho más durante el día a parte de perrear por allí, acompañar a Joan a la universidad a ver si alguien había encontrado la llave de su habitación porque la había perdido, e ir a comprar algunas cosillas al Billa.

 

  • Miercoles 29 de Julio:  Por la mañana fui a clase a ver la nota de mi examen, la profesora quería darla al final de la clase, pero le dije que me quería ir a Linz y Mauthausen y la convencí para que me la diera al principio. Así que en cuanto me la dió me fui para la residencia a recojer las cosas para marcharme, y me fui a la estación de Westbahnhof. Compré mi billete, y una vez sentado en el tren, dijeron algo por megafonia, como no entendí nada de lo que decían, le pregunté a un chico de más o menos mi edad que estaba sentado delante mio, que si había un retraso, me dijo que se había estropeado la catenaria (como el día de Graz) y que teníamos que ir en Bus hasta Sankt Polten, y desde allí cojer el tren a Linz, un follón vaya… Me acoplé un poco al austriaco, porque sabía donde había que ir, y me puse a hablar con él. Estuvimos esperando el bus que tenia que llevarnos a St.Polten, pero estos austriacos son muy espavilados, y solo vino un bus, para todo el tren… O sea q un monton de gente nos quedamos en tierra, más tarde nos dijeron que volvieramos al tren que iba dirección Dortmund, en Alemania, que paraba en Linz. Nos montamos, y como no había sitio libre, terminamos sentados en los portamaletas. El austriaco fue muy amable conmigo (sin duda era una excepción a la regla de austriaco = borde y estupido) y me estuvo buscando horarios, y cual era la mejor manera de llegar a Mathausen en su Neetbook. El chaval se bajó en Sankt Polten, y yo continué hasta Linz. Por fin pude sentarme en un asiento, y me quedé medio grogi el resto del trayecto.

Después de una hora de trayecto desde Sankt Polten, y una hora y media de retraso en la hora de llegada prevista, llegué a Linz. Donde estuve esperando un poco más de media hora a que saliera el tren regional con dirección a Mauthausen. Me di una vuelta por los alrededores de la estación pero no me fui demasiado lejos. A las 15:00 horas llegué a Mauthausen, habían pasado 4 horas desde que salí de Viena…

En la estación de tren le pregunté al taquillero como llegar al Campo de Concentración, me estuvo explicando como llegar, y me enseño un mapa donde se veia la ruta a seguir, al que le hice una foto para poderme orientar más adelante, y fue una gran idea porque me fue de mucha ayuda. La estación de tren está situada a las afueras del pueblo de Mauthausen, y el Campo de Concentración está en lo alto de una colina, una vez pasado el pueblo. El camino es de 5km, la mitad todo en cuesta. Cuando llegué al centro de Mauthausen, o sea mas o menos la mitad de camino, una pareja que estaba en un coche aparcado, me preguntaron en inglés si sabía como llegar hasta el Campo. Les estuve indicando, y cuando me iba a ir, di marcha atrás y se me ocurrió enseñarles la foto que había hecho del mapa con la cámara para que vieran más claras las indicaciones que les había dado. Mientras les enseñaba la foto, la mujer le dijo algo al hombre en castellano, así que les pregunté si eran españoles, me dijeron que sí, y empezamos a hablar. Hasta que me propusieron que me subiera con ellos en el coche, que me llevaban. Nos hicimos un favor mutuo, yo les indiqué el camino que teníamos que seguir, y ellos me subieron hasta arriba, ahorrándome una buenta pateada. Eran de Madrid, y habían estado en Praga, y ese día habían alquilado el coche y habían llegado hasta allí. Una vez arriba, les di las gracias y nos despedimos.

Siempre había leído o había escuchado comentarios sobre la gente que había visitado algún Campo de Concentración, y que decían que salían de allí derrotados, sin ganas de hablar, y con ganas de echarse a dormir en cuanto llegaran al hotel. A mi Mauthausen me dejó bastante indiferente, me sorprendió mucho el silencio que reinaba en la colina donde está situado, pero a parte de un poco de repelús por lo viejo de las instalaciones y un poco de claustrofobia en la cámara de gas, que siempre había imaginado que era grande como una nave industrial, no sentí nada más, respeto unicamente. Pero ni se me hizo un nudo en el estomago, ni me entraron ganas de llorar, ni mucho menos de irme a dormir en cuanto llegara a la residencia con la depresión en lo alto. Simplemente me dejó frio. Me esperaba más, y me decepcionó un poco. Si uno visita Linz, se puede acercar a Mauthausen, pero acercarse hasta allí desde Viena expresamente como hice yo, no vale la pena. También es verdad que Mauthausen no fue tan importante como Dachau o Auswitzch, que son dos sitios donde a pesar de la decepción de Mauthausen, tengo pendiente hacer una visita. Este Campo es famoso sobretodo en España, por ser en el que más españoles fueron encerrados.

Tras la visita, me hice los 5 km andando hasta la estación, allí cojí el tren hasta Sankt Valentin. Decidí no volver a Linz, porque se me había hecho tarde después de la hora y media de retraso del tren de la ida, y dejar una visita pendiente a la ciudad para la próxima vez que volviera a Austria. En St.Valentin tuve que esperar 45 minutos para cojer el tren de regreso a Viena. Me di una vuelta por el pueblo, pero no tenía nada destacable. Llegué a la residencia sobre las 21:00 horas, y ya me quedé allí el resto del día.

 

  •  Jueves 30 de Julio:  Por la mañana en teoría debía ir a un paseo por Viena con la profesora y el resto de la clase, pero preferí quedarme en la habitación durmiendo. Al mediodía fui con Joan a la oficina de "Objetos perdidos" a ver si habían encontrado la llave que había perdido, pero no hubo suerte. Luego fuimos a un sitio donde Miguel Angel, el hombre de Guadalajara de la residencia, nos había dicho que te daban 20 euros por donar sangre. Como Joan iba un poco justo de dinero, fuimos a que donara sangre, pero no le dejaron porque le pedían una tarjeta de residencia, que por supuesto no teníamos porque estabamos en Viena estudiando únicamente un mes. De regreso a la residencia, probamos la idea que nos había dado Ricardo, el peruano de la residencia, poner una denuncia en la policia y decir que le habían robado la llave, en vez de que la había perdido. Y eso hicimos, fuimos a la comisaria que había al lado de la Embajada Americana, al lado de casa. Joan se inventó que iba en el metro con la mochila en la espalda, y que cuando salió fue a comprar un refresco, y se encontró con que su mochila estaba abierta y le habían robado el monedero, donde llevaba la llave de su habitación, la tarjeta de crédito y 15 €. La mentira coló, aunque el plan estuvo a punto de irse al traste, cuando a Joan se le escapó un "lost" en vez de "stolen" al referirse a su llave. Pero finalmente volvimos a la residencia con una denuncia de robo. Comimos, y a las 5 de la tarde bajamos a hablar con Cristoph, ya que los jueves de 5 a 6 de la tarde andaba por allí para que le pudieramos decir cualquier problema que tuvieramos (también se le podía llamar por teléfono, pero eso solo en casos de emergencia). Joan le contó lo que le "había pasado" con su llave, le dió la denuncia, y el austriaco atontao, le dijo que tenía que pagar 180 € ya que debían cambiar la cerradura. Joan por supuesto se negó, primero porque no tenía dinero para pagar eso, segundo porque en teoría la llave se la habían robado, y eso no era culpa suya, tercero porque Cristoph el primer día no había dicho en ningún momento que en caso de perder o de que te robaran la llave había que pagar tal cantidad de dinero, solo había dicho lo de la fianza de 50 € por si había desperfectos en la habitación (aunque eso era relativo, ya que una chica de otra residencia, había quemado un poco la moqueta de su habitación con una vela, y le querían cobrar 800 €…) y cuarto porque cambiar una cerradura no cuesta 180 €…

Joan se indignó de verdad, y le lió un pollo a la española, incluso le llegó a pedir el teléfono de su jefa para llamarla él personalmente, ya que el austriaco de pocas luces, se quería quitar el muerto de encima aludiendo que eran normas de la universidad y que el no podía hacer nada. Joan llamó, pero no le cojieron el teléfono. Cristoph se marchó, pero como lo de la inteligencia no era lo suyo, se dejó la puerta del cuarto donde guardaban todas las copias de las llaves de todas las habitaciones abierta… Así que maquinamos…

Todas las habitaciones tenían 3 copias de la llave, menos las habitaciones dobles, que tenían 4. Así que el plan fue, cojer la única llave que quedaba en la alcayata de correspondía a la habitación de Joan (de las 3, una se perdió, la otra se la dio Cristoph esa misma tarde, y la restante la de la alcayata), y poner en su lugar otra llave de otra habitación de las que había más copias, para que no se notara que faltaba una llave. Entonces el sábado, a la hora de dejar la residencia, Joan diria que había ido a objetos perdidos, y que habían encontrado su llave dentro del monedero, sin dinero, claro está, y Joan le devolvería las dos llaves, la que le había dado esa tarde, y la que había perdido y había "recuperado", que en verdad era la que habíamos cojido de la habitación. Y si colaba la historia que habíamos inventado, Cristoph pondría las dos llaves delante de la otra que no correspondía a la habitación, y podrían pasar años antes de que alguien se diera cuenta de los sucedido, porque al dar la llave, daría la primera. El plan era perfecto, salvo por un inconveniente, que la puerta se la había dejado abierta, y si se daba cuenta al día siguiente cuando llegara, podría sospechar de nosotros el sábado cuándo Joan le dijera, que casualmente habían encontrado su llave. La solución era encontrar la llave que cerrara la puerta, para que no hubiera ninguna sospecha.

Pero después de tanto maquinar, necesitábamos despejarnos un poco la mente, y fuimos a visitar Hundertwasser Haus, que es en lo que habíamos quedado el día anterior. Fuimos Ana, Maite, Alberto, Joan y yo. Estuvimos explorando todos los pisos del bloque de apartamentos, y volvimos a la residencia.

                   

Al llegar empezó el plan de encontrar la llave, pero nadie nos podía ver trasteando, o entrando y saliendo de la habitación, así que Maite y Ana se quedaron vigilando la entrada de la residencia, bloqueamos el ascensor, y yo me quedé vigilando la escalera, mientras Joan y Alberto buscaban la llave. Más tarde empezó a venir gente, así que cambiamos el plan. Desbloqueamos el ascensor, Alberto se fue el gimnasio, y Ana, Maite y Julia se quedaron vigilando la entrada, y Joan y yo nos encerramos en la habitación buscando la llave a oscuras, usando solo la luz del movil, ya que desde la calle se nos veía claramente si encendiamos la luz. Al final lo dimos por imposible, allí no había ninguna llave que cerrara la habitación donde estábamos, o por lo menos no la encontramos. Tuvimos que esperarnos allí dentro 15 minutos con un calor agobiante, porque en la recepción se había parado Ricardo, el peruano, a hablar con las chicas, y al hombre le encanta hablar…

Después de tanto maquinar, fuimos a cenar a la 5ª planta. Los demás salieron, y yo aunque había dicho que saldría, al final me quedé, porque había empezado a beber, y no me sentó muy bien.

  • Viernes 31 de Julio:  Me desperté tarde, llamé a los demás, pero estaban en la universidad recibiendo sus diplomas. Quedé con Alberto y Joan en frente de Votivskirche, y fui yo a por el mio. Volvimos a la residencia a comer, y estuvimos allí toda la tarde haciendo el vago y jugando al futbolin con los serbios que se volvian en tren para casa. Solo salimos Joan y yo, a comprar un par de tartas Sacher al Hofer, y nos volvimos. A las 7 y pico de la tarde, salimos de la residencia, unos fueron al Billa a "comprar" algo de alcohol para la noche, y Maite y Julia me acompañaron al Café Central, porque se me había antojado, comerme un trozo de tarta Sacher antes de volver a Bcn. A las 9 fuimos todos a cenar al restaurante donde el primer día fuimos Alberto y yo a comer Schnitzel. Porsupuesto cenamos Schnitzel, el dueño del restaurante, un hombre mayor, fue muy amable y muy atento con nosotros, y estuvimos un rato hablando con él. A la hora de pagar, fue un momento divertido a la par que emotivo, ya que Joan se había quedado sin dinero, y entre todos le pagamos la cena. Fue divertido porque todo el proceso fue acompañado de las pertinentes bromas, como "parece que te hayamos recojido de la calle", y similares, y emotivo porque todos sabíamos que aquella sería la última cena, y la última noche juntos, por lo menos en Viena.

Volvimos a la residencia, cojimos las botellas y el hielo, y fuimos a Museums Quartier, al patio interior, que era zona de botellón entre los jóvenes vieneses, y también entre los foráneos. Allí habíamos quedado con Carol y Javi, que eran de la residencia de Tigergasse. Y allí pasamos gran parte de la noche, hasta las 3 de la madrugada mas o menos, que fue cuando la policia apareció en Museums Quartier, porque había un grupo bastante grande de vieneses que la estaban liando. Eso nos cortó el rollo y nos fuimos de allí con la intención de entrar a algún sitio de fiesta. Pero el camino fue muy lento, y no había mucho convencimiento general de entrar en ningún sitio porque se nos había pasado la hora y se nos había hecho tarde. Al final dijeron de ir al Floridita, el garito de salsa dónde habían ido días atrás, pero Joan y yo nos negamos a ir, y volvimos para la residencia, a los 20 minutos habían vuelto los demás, que se lo pensaron mejor y se dieron media vuelta. A las 4 de la mañana empezó el intercambio de fotos, desperté a Virginia, me supo mal, pero me lo pidió ella, grabé sus fotos en el portatil, luego vinieron Maite y Julia y grabe las suyas, mientras tanto, Joan ya se había acomodado en la moqueta de mi habitación y empezaba a resoplar mientras grababa las fotos de Ana. Cuando terminé, Joan se bajó a la habitación a dormir, y yo me fui a la cocina a comerme un plato de pasta que habían hervido por la tarde, y que me sentó de lujo. Eran las 5:15, con todo listo y sin nada que hacer, decidí tumbarme un poco hasta las 6:30, que era la hora a la que me quería levantar, para marcharme de la residencia a las 7:30. Era el primero en irme…

  • Sábado 01 de Agosto:  Dormí una hora aproximadamente, me levante, terminé de guardar las cosas de última hora. Y bajé a despedirme de todos antes de marcharme. Como yo estaba en el sexto, en el ático, fui bajando piso por piso. Primero bajé a la 5ª y me despedí de Nerea y Virginia, que estaban más dormidas que despiertas. Luego bajé a la 3ª y me despedí de Maite, que me dio un abrazo muy sentido, y me dejó medio roto. Para terminar bajé a la 1ª, donde entre el abrazo de Ana y el de Alberto me terminé de romper. Y me tuve que quedar mudo, porque se me quebraba la voz. Fui a la habitación de Joan, que estaba muy sobado, y no estaba para historias, y la despedida fue como "nos podemos ver cuando queramos, no hagamos un drama", y de allí volví a aporrear la puerta de Julia por tercera vez, pero como no salía, me tuve que ir sin despedirme de ella (según me dijo los días posteriores, la pille en la ducha, y cuando salió, ya me había marchado). Bajé a recepción, le di la llave a Cristoph, me dio mis 50 € de fianza, y me fui para el metro.

El trayecto de la residencia al metro, se me hizo muy, muy cuesta arriba. Se me hizo muy duro dejar Viena después de un mes, que había parecido muchísimo más, siempre en magnífica compañía y mil cosas más que se me pasaron por la cabeza. Se me humedecieron los ojos, pensando en el estupendo mes que había pasado en Viena, mientras caminaba tranquilamente hacía el metro, y deseando poderme quedar otro mes más con la misma gente, y el mismo buen rollo que había caracterizado toda la estancia allí. El vuelo y todo lo demás trancurrio sin problemas.

 

  • Conclusiones:  Después de dos semanas de haber vuelto de Viena, y haber asimilado bien todo el mes en tierras austriacas, y haberme aclimatado de nuevo a la rutina, es hora de sacar conclusiones.

Cuando echo la mirada hacia atrás en el tiempo, y recuerdo las dudas, miedos, tentativas de "rajarme", etc, solo puedo hacer una cosa, reirme. Las experiencias nuevas, sobretodo cuando se hacen en solitario, dan miedo, o como mínimo respeto. Antes de ir para Viena, pensaba que no me entendería con nadie, que sería el único español, que me aburriría, que echaría de menos mi casa, y mil tonterías más. Pero la realidad fue muy distinta, y lo mejor de cuando te pones en lo peor, y luego resulta que no se corresponde con la realidad, es que todo es positivo. Y así ha sido mi estancia en Viena, todo positivo.

Esta experiencia que ha durado 28 días, ha sido, y será, una de las mejores de mi vida. De la que espero tener siempre un vivo recuerdo, quizá todos estos escritos, junto con las fotos sirvan para ello, aunque la memoria es caprichosa y nunca se sabe…

Viena, me ha parecido una ciudad muy bonita, muy majestuosa, monumental… Una ciudad cuyos habitantes se sienten orgullosa de ella. Una ciudad llena de parques, grandes avenidas, cultura, y además barata. La calidad de vida de los vieneses, es brutal. No solo viven en una ciudad preciosa, sino que además tienen una de las calidades de vida más altas de Europa, y seguramente del mundo. Un sueldo normal en Austria suele superar holgadamente los 2000 €, sin embargo el coste de vida es muy similar al de España, y en algunas cosas, como muchos restaurantes, son más baratos. Normalmente los precios son más caros, pero poco más que en España. Por ejemplo, un billete sencillo de metro en Barcelona, cuesta 1’35 €, y en Viena 1’80 €. Un paquete de Marlboro en España vale 3’40 €, en Viena 4 € (lo mismo que me costó en Berlín en 2007). Una Schnitzel (escalopa) que ocupa un plato entero, cuesta 5 €. Los datos hablan por si solos. Lo único que no me gustó de Viena, es la fiesta. Ya que los locales eran todos muy pequeños, y uno esta acostumbrado a ir a discotecas grandes, donde uno quiere perderse un rato y darse una vuelta, y no tarda 30 segundos en recorrerse todo el local como en el caso de Viena.

La gente en Viena, no es especialmente amable, son bastanre secos como normal general, siempre hay excepciones, y en algunos casos hasta estupidos. Puede que solo haya sido mala suerte con la gente local que me he topado o a la que he preguntado algo, pero en otros países, como Alemania o Suecia, la gente fue muchísimo más agradable conmigo. Otra característica de los vieneses y austriacos en general, es que son gente muy silenciosa, en espacios públicos donde hay grandes congregaciones de personas, apenas se oye un murmullo de fondo, cuando en España eso sería una cacofonía de gritos, risas, llantos de niños, etc

Otro aspecto a destacar, es la confianza que tiene el estado en la buena voluntad de las personas, encontramos un claro ejemplo, en el metro, donde no hay tornos para acceder a los andenes, sino unas maquinas puestas antes de bajar las escaleras, y que uno puede "olvidarse" de pagar, como haciamos nosotros… También hay una especie de máquinas por las calles, con periódicos dentro, donde cojes el periódico, y dejas el dinero. Que no al revés, es decir, puedes cojer el periódico porque está abierta la tapa donde se amontonan, y no dejar dinero. O en algunos lavabos públicos, donde hay un recipiente para dejar una propina a la señora de la limpieza, pero no hay señora de la limpieza para controlar que dejas la propina, como pasa por ejemplo en Praga. El único sitio donde vi un control, fue en los lavabos del Prater, donde para acceder a los lavabos tenías que meter 50 céntimos de euro, en una máquina con un torno, pero tampoco había nadie para controlar, así que el escollo se solucionaba facilmente, saltando o pasando por debajo de dicho torno (me parece vergonzoso tener que pagar, por mear… a dónde vamos a llegar…)

Aunque sin ninguna duda, lo mejor de este mes en Viena, ha sido la gente con la que he compartido todo este tiempo. Desde el principio hubo un clima de buen rollo, que se mantuvo durante todo el mes, y eso es de agradecer. He vuelto de Viena con unos cuantos amigos más, que aunque conozca de hace poco, con una convivencia tan intensa como la que hemos tenido, se han hecho un hueco rápidamente. Y con esto doy por concluido, la que repito, ha sido una de las mejores experiencias de mi vida, y que siempre recordaré con un gran cariño. 

                      

 

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2 respuestas a Viena 2009 (4ª parte)

  1. ainara dijo:

    que sepas que me estoy leyendo tu mes en Viena día a día!! es genial!!!

  2. silvia dijo:

    oye no te puedes ir unos cuantos dias mas xDDD!! y con billete de ida pero sin vuelta…xDD!!

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