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Bélgica 2009 (2ª parte)

                                      

 

  •  Domingo 23 de Agosto:  El domingo se levantó completamente despejado y hacia bastante frio por la mañana, como el día anterior, compramos un billete de solo ida a Gante, que nos costó unos 8 € por persona. Tras 40 minutos llegamos a Gante, sobre las 9:45 de la mañana. Tras un largo paseo llegamos hasta el centro de la ciudad, que quedaba  a tomar por culo de la estación de tren. Subimos a la torre del ayuntamiento, que nos costó 2’5 € por persona, por precio reducido, por menor de 25 años y por mayor de 55. El resto pagan 3 €, que tampoco está nada mal, comparándolo con el de Brujas que costaba 8 €. La subida se puede hacer toda por las escaleras en espiral, o hacer un buen trozo en ascensor, lo cual se agradece. Desde arriba las vistas son impresionantes. Aunque el paso cuando lo construyeron no lo hicieron pensando en los turistas claro, sino en los vigias, el paso era muy estrecho, por donde solo pasaba una persona a la vez, para que pasaran dos personas, se tenían que pegar uno contra la pared, y el otro contras las columnas de las arcadas de la torre, un show vaya… Tras bajar comimos un bocata y unas patatas en frente del ayuntamiento, a muy buen precio. Desde allí buscando la calle de Warregarenstraat, la calle de los grafittis, nos equivocamos de camino, y por casualidad descubrimos la mejor parte de Gante, la del canal central y todos sus alrededores. Hasta el momento Gante no nos estaba gustando demasiado, porque aún teníamos muy presente del día anterior, la maravillosa Brujas. Pero al descubrir esa parte de la ciudad, nuestra opinión cambió por completo. Brujas y Gante no se pueden comparar,  porque son muy distintas. A mi personalmente Brujas, me gusta más, porque toda la ciudad es encantadora, cualquier casa estés donde estés de la ciudad, es digna de ser fotografiada, es un todo que conforma un conjunto impresionante. Gante sin embargo es una ciudad más moderna, donde a las afueras no tiene demasiado encanto, pero en el centro, al lado del canal principal y todos sus alredores, uno se queda sin aliento ante tanta belleza. Brujas es más bonita, pero Gante es más impresionante, más monumental, por lo que ambas son imprescindibles.

Al llegar al canal principal de Gante, y después de casi quemar la cámara de hacer tantas fotos (cantidad por encima de calidad, es un error…), hicimos un paseo en barco, que duró unos 40 minutos y costaba 6 €. Las barcas eran las mismas barcas asquerosas que en Brujas, pero esta vez subimos los primeros al barco y elegimos nosotros el sitio, delante del todo, uno a cada lado de la conductora (que por cierto tenia más peligro… se nota que era mujer, y no es por ser machista, pero digamos que estampó la barca un par de veces contra el emabarcadero y se le notaba una conducción temblorosa…) Aunque la gente subió en dos tandadas. En la segunda me tuve que quitar de mi sitio, porque justo donde estaba sentado yo, es por donde tenia que entrar la gente, asi que me aparte, y cuando subió el último, un alemán muy listo que me quería quitar el sitio, le tuve que pegar cuatro gritos en español y mandarlo "p’atrás". El resto fue muy bien, aunque pillamos una lipotomia de las buenas, hacia mas de 30 grados, y todo el rato achicharrándonos al sol. Tras el paseo en barco, fuimos directos a una terraza en sombra a tomar algo bien frio. Cuando terminamos seguimos buscando la calle de los grafittis, y nos encontramos casi por casualidad con el Gravensteen, el castillo de Gante. Al que entramos, la entrada era algo cara, 8 €, aunque tras la visita, no me supo mal pagar esos 8 €, estuvieron muy bien invertidos, ya que el castillo estaba muy bien conservado (o muy bien restaurado, según como se mire), y las vistas desde arriba eran realmente espectaculares, y el castillo muy bonito, y la duración de la visita era larga, nada de 15 minutos.

 

Al salir por fin encontramos la calle de los grafittis, muy muy guapa, por el ambiente decadente, aunque a una ciudad como Gante no le pega, según mi opinión, sería más propia de una ciudad como Berlin o Paris.

 

 Eso fue lo último que queríamos visitar de Gante, así que tras esta visita, buscamos el sitio donde comimos el bocata y las patatas fritas, y comimos otra vez allí a las 5:30 de la tarde. Y nos llevamos un par de bocatas para comer en el hotel. Hicimos el laaaaaaaargo camino de vuelta del centro de Gante a la estación. Alli cojimos un tren inextremis hacia Bruselas, fue subir, pitar y marchar. Al intentar comprar el billete en ventanilla, no le iba la impresora o la pantalla al taquillero, asi q nos dio un papel para q se lo enseñaramos al revisor del tren, y lo pagaramos allí. Pero como el revisor no pasó, al igual que a la ida, el viaje nos salió gratis, sin proponérnoslo, compensó el hecho que tuviéramos que ir de pie todo el camino en medio del pasillo, porque los domingueros volvían a la capital de Bélgica, después de haber estado todo el día en Oostende, una ciudad costera (si, el dominguero también existe más allá de los Pirineos, y además auténticos, con sus neveras de plástico y todo). Una vez en Bruselas, hicimos algunas fotos a los mastodontes de acero y cristal de camino de la Gare du Nord al hotel, y dimos por terminado el día. Yo me baje un rato a conectarme a internet en el hall del hotel y luego me subi a ver al Barça, aunque como los señores de TVE internacional no son muy inteligentes, no retransmitieron el partido fuera de las fronteras nacionales, y en Bélgica nos pusieron una puta serie… así que me volví a bajar al hall, a ver el partido por internet. Al dia siguiente iríamos a Amberes, y si daba tiempo a Malinas, y Lovaina, aunque lo de esta última ya era menos probable.

 

  • Lunes 24 de Agosto:  El lunes fuimos a Amberes, a la que se llega en apenas 40 minutos. Compramos un billete de solo ida que nos costó unos 6 €, y llegamos a la ciudad de los diamantes.  La estación estaba  a un buen paseo del centro de la ciudad, la segunda de Belgica, aunque no tan lejos como la de Gante. Visitamos la plaza de la Catedral, a la que cuesta 5 € entrar, que por supuesto no pagamos, porque para que se le quede la iglesia, mejor en el bolsillo, de allí visitamos la Grote Markt. Estas dos plazas son lo mejor de Amberes, el resto no deja de ser una ciudad muy moderna, con poco encanto, hicimos un almuerzo-comida en el Chi Chi’s una especie de Mejicano, donde comimos una especie de Durums de falafel, a la mejicana, la camarera hablaba un buen español. De allí fuimos a una especie de paseo elevado junto al rio, hasta llegar al puente de Santa Anna, que cruza al otro lado del rio, y desde donde se pueden ver las mejores vistas de la ciudad, pero como no lo encontrábamos, preguntamos a un chico que nos dijo que teníamos que tomar el metro, asi que como no queríamos liarnos demasiado, lo dejamos estar, y pasamos de ir al otro lado del rio, y lo fuimos siguiendo dirección norte, para llegar al Barrio Rojo de Amberes, situado junto al puerto, y que a pesar de ser un barrio rojo, no tiene nada que ver con el de Amsterdam. Tras una breve visita a la calle donde se aglomeran los locales de streptease, peep show, etc, y donde en algunos de ellos se podía ver a través de sus puertas, a nigerianas sentadas en la barra esperando clientela, empezamos la ruta de las 3 iglesias de camino a la estación de tren, St Carolus, St Pietrus y St Jacobs. Finalmente llegamos de nuevo a la estación y marchamos hacia Malinas (Mechelen), sin haber visto mas que unas pocas tiendas de diamantes frente a la estación. Amberes no tiene nada que ver con sus hermanas Brujas y Gante, su único atractivo son la catedral y su plaza, y la plaza del ayuntamiento, la Grote Markt. El trayecto de Amberes a Malinas es de 20-25 minutos, nos costó 3’5€ el billete de solo ida.

Malinas es una ciudad muy pequeña con un centro muy compacto, aunque la estación queda a un buen paseo del centro. Recorrimos la calle principal hasta llegar a la Grote Markt (lo único interesante de la ciudad) que estaba toda cubierta por un escenario para algún tipo de celebración que tendría lugar 4 o 5 dias después. Visitamos 3 o 4 iglesias pequeñas cercanas, tomandonos antes algo en la Plaza del ayuntamiento, y volvimos por la calle principal hacia la estación, haciendo una parada para comer un bocata en un Panos, a las 5 y pico de la tarde, y nos llevamos otro para cenar en el hotel. El trayecto de Malinas a Bruselas es de 20 -25 minutos y nos costó 4 €. En Bruselas nos fuimos directamente al hotel, ya que estábamos reventados, el cansancio de los días anteriores se iba acumulando. Finalmente decidimos no ir a Luxemburgo porque al dia siguiente había previsiones de lluvias, y no hacia gracia conducir por un sitio que no conoces lloviendo, y además darse el palizón de 2 horas conduciendo de ida y otras 2 de vuelta, para que la visita estuviera estropeada por la lluvia. Nos centrariamos exclusivamente en Belgica para verla bien a fondo. Al dia siguiente decidimos ir a Lieja y Lovaina, y el miércoles a Dinant y Namur.

 

  • Martes 25 de Agosto:  El día se levantó completamente nublado. Decidimos ir a primera hora a comprar el chocolate y bombones para llevar a casa, porque no queríamos dejarlo para el último día, por si había cualquier imprevisto, y nos quedábamos sin nuestros dulces souvenirs. Llegamos sobre las 9 a la calle entre la Bolsa y la Grand Place, que es donde había mas concentración de tiendas de chocolate. El problema es que la mayoría de los comercios abren a las 10 en Belgica, pero tuvimos suerte y había una abierta regentada por una china, q abrió a las 9, asi q no tuvimos q esperar hasta las 10 dando vueltas por allí hasta que abrieran, que es lo q me empezaba a temer.

    La elección fue difícil entre tanta variedad de chocolates, bombones, y los “packs” q salen muy a cuenta, y de los que también había varias combinaciones posibles. Finalmente tras 10 minutos de deliveración, me decidi por los bombones y chocolates que iba a llevar a casa.

    Nada más salir de la tienda de vuelta al hotel, empezó a llover, y nos bajo bastantes los ánimos, ante la posibilidad de tener una jornada pasada por agua. Dejamos las cosas en el hotel y tomamos el tren hacia Lieja, 14 € aproximadamente por solo ida. Una hora después estábamos allí. Intentamos buscar algo de interés en la ciudad, pero no lo hay, es una ciudad moderna, sin ningún atractivo para el turista, asi que en cuanto nos dimos cuenta de este hecho corrimos hacia la estación, para no perder más el tiempo.

Cojimos el tren para Lovaina, 9 € aprox solo ida. Una hora después estábamos allí. Lovaina era más bonita de lo que me esperaba tras la decepción que nos llevamos con Malinas. Lovaina es muy fácil de visitar, tiene una calle que circumbala todo el centro, como un anillo, y 5 radiales que parten de la Grote Markt y llevan hasta el anillo. Al poco de llegar a Lovaina empezó a llover, por suerte fue cosa de un cuarto de hora y ya no lo hizo más. Visitamos la Grote Markt, en la que se situan la iglesia principal y el ayuntamiento, realmente precioso. Y visitamos un par de iglesias más, y volvimos para Bruselas. Con la mala suerte que en vez de coger el tren regional, que hace Lovaina – Bruselas sin hacer ninguna parada y tarda solo 20 minutos, cojimos el cercanías, que hizo más de 8 o 9 paradas y tardó 40 minutos. Llegamos a Gare du Nord a las 17:40, sin haber comido nada a parte del desayuno, y un bocata que nos comimos en Lieja a las 13:00, compramos unos bocatas en el Panos de la estación, pero como en Belgica cierran a las 18:00 cualquier comercio, incluso en las estaciones, tuvimos que comprar los bocatas que ya estaban hechos y que nadie quería, así que me quede con las ganas de comerme mi serrano correspondiente del  Panos. De camino al hotel compramos cervezas para llevar en un colmado. Y dimos por terminado el día, ya que llevábamos cansancio acumulado. Al dia siguiente iríamos a Dinant y Namur, dándole prioridad a la primera.

 

  • Miércoles 26 de Agosto:  El último día lo queríamos dedicar a visitar las ciudades valonas de Dinant y Namur, aunque finalmente solo visitamos la primera por motivos que mas adelante contaré. El trayecto fue de 1’30h hasta Dinant, con un precio de unos 14 € solo la ida. Al llegar, agotados después de tanto rato sentados, empezamos a visitar este pequeño y bonito pueblo valón, encajado entre el río Mosa y unos peñascos. El pueblo nos gustó mucho desde el principio, el conjunto de su centro, que por cierto, aquí si que llega el tren al mismo centro, no hay que pegarse grandes pateadas…, es impresionante, el paso del Mosa, junto con la estrecha franja de tierra hasta los acantilados, dándole al pueblo una forma alargada, junto con la Ciudadela en lo alto de uno de los peñascos, y la Catedral de Notre Dame de Namur, de un estilo muy característico y un curioso color negro, hace un conjunto muy muy bonito, del que disfrutamos nuestro ultimo día en Bélgica. Fuimos directamente a lo que interesaba, fuimos de la estación al puente que cruza el Mosa, donde también nos entretuvimos con las vistas, y subimos hasta la ciudadela. El precio es de 7 €, e incluye subir y bajar en teleférico hasta la cima, y arriba una visita guiada por la ciudadela. Subimos en teleférico e hicimos la visita guiada, bueno, solo una parte de ella, ya que solo las hacían en francés y holandés y era un tostón, la ciudadela no tenia nada particular, era normal y corriente, como para que no dejaran hacer la visita a cada uno por su cuenta. En cuanto pudimos, que fue cuando salimos de la parte interior de la ciudadela, hasta la punta mas saliente, nos escabullimos. Simplemente nos quedamos rezagados haciendo fotos, y ya no seguimos al resto del grupo, nos fuimos de allí, aunque primero comimos arriba en la fortaleza.

    La bajada la hicimos por las escaleras, 416 en total, en las que meamos porqueq nos negábamos a pagar los 30 centimos de los lavabos de la fortaleza. Encima que pagas entrada, te hacen pagar el lavabo, increíble…. Una vez abajo, nos olvidamos de entrar en la Catedral…una de aquellas cosas incomprensibles… y volvimos a Bruselas, finalmente dejamos estar lo de Namur, porque mi tio quería hacer compras de última hora en Bruselas, y a mi la verdad es que tampoco me apetecia mucho ir a otro pueblo y tener que patearme los 3000 kilometros hasta el centro. Asi que volvimos a Bruselas, dejamos las cosas en el hotel, y nos marchamos a la Grand Place y alrededores, compramos los últimos souvenirs para la familia, nos comimos un gofre por allí y volvimos al hotel a preparar la maleta, ya que al día siguiente teníamos que levantarnos a las 6:30 para ir al aeropuerto.

 

Belgica en general me gustó, aunque hay una gran diferencia entre la parte Valona y la Flamenca, para mi la flamenca es mucho mejor que la valona, aunque quizá tb influya que los francófonos no me hacen mucha gracia… El país me gustó, las personas particulares también, ya que fueron todos muy amables. Pero la sociedad en general me ha decepcionado mucho, es un país sin identidad, se quieren acercar a los dos países que mas influyen en el suyo, Francia y Holanda, y no son ninguno de los dos, ni ellos mismos saben ni quienes son, ni a donde van, y es la sensación que transmiten a los viajeros, algo que choca y mucho, además de confundir. Es una sociedad a la deriva a la que deberían poner solución, quizá una buena solución sería que Flandes y Valonia se separasen y formasen dos paises independientes, y Bruselas fuera una ciudad-estado, como lo es Singapur, gobernado por la UE. De mientras, los belgas, como diria el refranero español, "Van más perdidos que un hijo puta el día del padre…"

  • Jueves 27 de Agosto: Nos levantamos a las 6:30 y después de desayunar nos marchamos al aeropuerto. Nos pateamos el aeropuerto de Bruselas de arriba a abajo (es el peor aeropuerto en el que he estado, en cuanto a señalización para encontrar a donde tienes que ir, y la forma en que está organizado, que para ir a cualquier sitio, tienes que hacer más kilómetros que en la Maratón…), haciendo una cola interminable para pasar el arco seguridad, y el resto fue sin problemas, el avión salió a su hora, y fue un vuelo tranquilo, llegando a mediodía a Bcn.

 

Fin

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Bélgica 2009 (1ª parte)

                           
 
La posibilidad de hacer un nuevo viaje durante las dos últimas semanas de agosto, surgió antes de marchar para Viena. Un día de reunión familiar en mi casa, hablando con mi tio, me propuso de marcharnos a algún sitio las dos últimas semanas de agosto, cuando él tenía vacaciones. Acepte la propuesta al instante, aunque el tema quedó un poco apartado, porque no tenía claro cuánto dinero me gastaría en Viena durante el mes de julio. Cuando volví en agosto, mi tio se seguía acordando, así que me puse manos a la obra, y estuve buscando vuelos a cualquier lugar de Europa, y norte de África. Quedaban dos semanas, y los vuelos estaban carísimos a la mayoría de los destinos. La criba inicial nos dejó la posibilidad de ir a Dublin, Glasgow, Riga, Oslo, Bruselas y Munich. En la segunda criba tan solo dejamos Bruselas y Munich, ya que los demás los descartamos por diversos motivos. Así que con esas dos ciudades para elegir, llamé a mi tio y le deje que tomara la decisión él, ya que a mi me daba un poco igual, porque tenía ganas de ir a ambas ciudades. Eligió Bruselas, así que me encargué de comprar los billetes y hacer la reserva de hotel. Diez días después volábamos dirección a la capital belga.
 
  • Jueves 20 de Agosto:  El vuelo salió de Bcn con 30 minutos de retraso. Llegamos a Bruselas sobre las 10 de la mañana aproximadamente. Estuvimos dudando entre coger el tren o coger un taxi para ir al hotel. Finalmente nos decantamos por la primera opción ya que era la más barata. Nos costó 3 € a cada uno el billete sencillo, y llegamos en tan solo 10 minutos a la estación de Gare du Nord. El tren es una buena manera de desplazarse al centro

    de Bruselas desde el aeropuerto, que se halla a 12 km de la capital belga, la frecuencia es de 4 trenes a la hora, y es rápido. Una vez en Gare du Nord, salimos a la calle, y andamos algo perdidos durante un rato intentando averiguar cual era la dirección que teníamos que tomar para llegar al hotel. Teniamos la dirección del hotel que salía en el mapa que llevábamos de Bruselas, pero en el mapa no salía la Gare du Nord, deducimos donde estaba y preguntamos a varias personas por una calle grande que nos debía llevar hasta el hotel, pero los resultados no fueron nada buenos, ya que con nuestra pronunciación del francés no nos entendían. Hasta que finalmente se me ocurrió la idea de preguntar por la Grand Place y nos indicaron en la dirección adecuada a la primera. La primera impresión de los belgas fue buena, ya que nos ayudaron amablemente todas aquellas personas a las que preguntamos. Una vez tomamos el camino correcto resultó que la estación de Gare du Nord no estaba ni a 5 minutos andando del hotel, que a su vez estaba a escasos 50 metros de la parada de Metro de “Rogier”. Hicimos el check in, dejamos las cosas y empezamos con nuestra visita de Bruselas.  

Nos dirijimos directamente al centro de Bruselas, pasando por al lado del edificio de la Bolsa, de donde sale una pequeña calle repleta de chocolaterias y tiendas de souvenirs que desembocan en la Grand Place, que si tuviera que describir con un adjetivo, sería el de SOBERBIA. Sin ningún tipo de dudas, la Grand Place es el sitio más bonito de Bruselas, y uno de los más espectaculares (arquitectonicamnete hablando) de Bélgica y de Europa. Un rincón donde uno podría pasarse horas y horas contemplando las bellas fachadas del ayuntamiento y de las antiguas casas gremiales de la plaza sin cansarse. La plaza es más grande de lo que me esperaba, y mucho más bonita de las espectativas que había creado sobre ella.

La Grand Place data del siglo XII, cuando se utilizaba como Grote Markt (Plaza del mercado). Las calles de los alrededores aún llevan nombres de hierbas, quesos, gallinas y productos por el estilo. Durante el auge de la construcción en la década de 1960, los propietarios se unieron para formar la "comuna libre" de Ilot Sacre, con el fin de conservar la característica arquitectura de sus callejuelas ante la amenaza de demolición. Dentro de la Grand Place el Hotel du Ville (Ayuntamiento) es el elemento predominante, construído en 1402. Irónicamente y pese haber sido un objetivo prioritario, fue el único edificio que escapó al ataque de la artilleria francesa en 1695. Adornada con relieves nobiliarios de piedra, su torre de 96 metros esta coronada por una estatua de  San Miguel, el patrón de la ciudad. Actualmente es la sede de la oficina de turismo de Bruselas.

Los edificios que ahora rodean la Grand Place fueron casas gremiales que en parte se sostenían con vigas de madera, pero fueron arrasadas por el ataque francés de 1695 y se reconstruyeron con piedra en los siguientes cinco años. Hay que mirar atentamente los motivos decorativos para saber a que gremio perteneció cada una. Como por ejemplo La Loba a los arqueros, El Cuerno a los barqueros, El Zorro a los merceros, El Cisne a los carniceros, El Árbol Dorado a los cerveceros, o La Paloma a los artistas.

Desde allí fuimos en busca del famosisimo Manneken Pis, internándonos por las callejuelas que salen de la Grand Place, llenas de tiendas de souvenirs, chocolaterías, cafés, y gofrerias. Encontramos la famosa estatua más por la muchedumbre que había agolpada frente a ella, que porque sea facilmente visible.

El famosísimo Manneken Pis, mide 30 cm, y está situado en una esquina, en alto, fuera del alcance de los turistas. Se colocó aqui en 1619, antiguamente era de piedra, luego pusieron una reproducción de bronce. Ha sido robado en varias ocasiones y lo más curioso de la estatua, es que la visten con diferentes trajes (expuestos en el ayuntamiento) en distintas épocas del año, e incluso de vez en cuando, de la fuente mana cerveza o vino en vez de agua. Manneken tiene una hermana, Janneken, y un perro Zinneken, situados en otros puntos de la ciudad. A pesar de todas estas curiosidades, el Manneken Pis no deja de ser una estatua ridicula para la fama que tiene, y cuesta creer que sea uno de los símbolos de Bruselas, teniendo en cuenta, que el Manneken Pis no es una estatua única. Ya que todas las ciudades de Flandes importantes tienen su propio Manneken Pis. Antiguamente los curtidores de cuero pagaban unas monedas a los niños pequeños de las familias pobres para que orinaran en un agujero cavado en el suelo donde se recojía este líquido, que luego se usaba para ablandar el cuero gracias a un ácido que contiene la orina. Los Manneken Pis representan a esos niños, y por eso cada ciudad tenía su propia estatua.

Decepcionados con la estatua, proseguimos con la visita de Bruselas sin un rumbo demasiado marcado, guiándonos sobretodo por instinto y caminando por aquellos sitios que parecían llevar a algún sitio interesante. De esta forma nos encontramos casi por casualidad con la Eglise Notre Dame de la Chapelle, la iglesia más antigua de Bruselas, en el barrio de Marolles. Desde allí intentamos reconducirnos un poco y no alerjanos más de centro, y llegamos al Palacio de Justicia, con una arquitectura de estilo Mussolini muy acusada (por su tamaño exagerado, es más grande que la Basílica de San Pedro) Fue construído en 1879 según un diseño de Joseph Poelaert, inspirado en los templos de los faraones egipcios. Desde allí se puede gozar de unas vistas panorámicas de Bruselas, incluso se puede ver el Atomium, situado a las afueras de la ciudad.

Continuamos caminando por la Rue de la Regence un buen trozo, hasta que en algún momento indeterminado nos equivocamos de calle y nos fuimos internando poco a poco en el barrio de Ixelles. Comimos por allí, y luego reanudamos la marcha. Paseamos durante un buen trozo por la Avenue Louise sin habernos percatado de que no ibamos por donde creíamos que ibamos, hasta que nos dimos cuenta y tomamos un atajo en vez de volver para atrás. Después de un rato andando por el barrio de Ixelles, un barrio obrero de calles descuidadas, sucias y llenas de pintadas llegamos al barrio de Etterbeek, algo mejor. Allí nos sentamos a descansar en la sombra en el Parque Leopold, un parque muy pequeño, pero muy tranquilo. Al rato reanudamos la marcha, a 35ºC dirección al Parc du Cinquantenaire, muy cerca de allí, en el barrio de la UE. Desde que fue elegida sede de las instituciones europeas a mediados del s.XX, se erigieron zonas residenciales donde antes no había nada, dando paso a los actuales y brillantes edificios administrativos de cristal y acero. Por encima de todos, destacan el edificio Berlaymont, con su exterior de cuatro alas, construido en 1967 e inaugurado recientemente como sede de la Comisión Europea, y el arquitectónicamente poco inspirado Parlamento Europeo, construido en 1990. Por su funcionalidad, la zona conserva plazas y parques agradables, como el vasto Parc du Cinquantenaire y el Parc Leopold. La expansión de la UE hace necesario ampliar el espacio, pero a diferencia que en el pasado, ahora la construcción es más respetuosa con el entorno.

Cuando volviamos hacia el centro de Bruselas, después de haber estado un buen rato por el barrio de la UE, paseando por el enorme Parc du Cinquantenaire (que está atravesado de forma subterranea por una gran avenida llamada Rue du Loi), admirando los edificios de la UE (algunos más agraciados que otros), nos empezó a llover de forma virulenta, así que nos vimos obligados a meternos en un café a tomar algo, y a variar sensiblemente nuestros planes. Decidimos dejar la visita del Parc de Bruxelles para al dia siguiente, e ir a la Gare du Midi a informarnos sobre los precios de alquiler de un coche, ya que allí están las oficinas de Avis, Europcar, Hertz y Sixty. Los precios en las tres primeras eran desorbitados, alrededor de 140 € por alquilar un Opel Corsa, a terceros… En sixty menos de la mitad. La decisión de que compañía usariamos no hace falta ni aclararlo, está bastante claro. El coche lo queríamos para irnos a Luxemburgo un día, aunque finalmente ni alquilamos el coche, ni fuimos a Luxemburgo, por motivos que más adelante detallaré.

  • Viernes 21 de Agosto:  Nos levantamos a las 7 de la mañana, bajamos a desayunar, y a las 9 salimos a terminar de ver Bruselas. El primer objetivo del día era el Atomium, cuya entrada es bastante cara, 9 €, aunque es realmente impresionante. Las vistas desde arriba de la ciudad son muy buenas, en su interior hay una exposición sobre la historia de la fundación de la estructura, que es el átomo del  hierro. Uno no se cansa de hacerle fotos al Atomium desde todos los ángulos posibles. El Atomium se construyó para la Exposición Universal de 1958, la intención inicial era desmantelar la estructura tras la exposición, pero tuvo tanto éxito, que decidieron dejarlo donde estaba, conviertiéndose al instante en un nuevo símbolo de la capital belga. 

Tras terminar la visita, que nos llevó una hora, fuimos al Bruparck, situado al lado, una parte del Bruparck es una especie de plaza con muchos bares, al final hay una especie de Catalunya en Miniatura, llamada Miniatur Europe, que cuesta ni más ni menos que 13 €, un precio muy excesivo, ya que el parque es muy pequeño (ya que lo vimos desde arriba del Atomium) y lo dejamos estar y volvimos al centro de Bruselas. Si el día anterior pensaba que el metro de Bruselas era una mierda, hablando rápido y claro, el segundo día no hice mas que reafirmarme en mi teoría. El mapa de metro que llevábamos que nos dieron en el hotel, no se correspondía con el de verdad. Había líneas con color y numeración cambiadas, puede que el mapa sea algo antiguo, pero los colores y la numeración de las líneas de metro, es algo que nunca cambia… Otra cosa que descubrimos y que está bien, es que en las estaciones, los paneles informativos de la línea que hay en el andén, marca en que estación se hayan los diferentes convoyes que van circulando, aunque no marcan el tiempo que falta para que lleguen, así que hay que recurrir de nuevo a la clarividencia con la que hay que moverse por toda la red de transporte público belga. Otra cosa que nos chocó, es que en una línea de 20 y pico paradas, solo hubiera 4 convoyes circulando al mismo tiempo, haciendo que la frecuencia sea de más de 5 minutos entre tren y tren, y es que a lo mejor entre tren y tren había 6 o 7 paradas de distancia, en Barcelona no creo que sean mas de 2 o 3, he ahí una gran diferencia. Al llegar al centro de Bruselas de nuevo, buscamos la Iglesia de Sta Catherine, que no vale demasiado, y desde allí buscamos el Zinekken, mucho más bonito que el famosísimo Manekken, o la menos conocida Janekken. Desde allí fuimos en busca de Janneken, que nos costó bastante encontrar, por el camino nos comimos unas de las especialidades de Bélgica, las french fries, nos comimos un cucurucho “pequeño” que a punto a punto estuvimos de no poder acabarnos, buscando a Janneken nos metimos en una calle toda llena de restaurantes hasta llegar a la Galeria comercial, donde nos dimos cuenta que nos la habíamos pasado y volvimos para atrás, y esta vez si que la encontramos, escondida al final de un estrecho callejón infecto, menudo sitio para ponerla, además estaba enjaulada…

De allí fuimos a Grand Place, donde buscamos el Museo de la cerveza, que nos costó un mundo encontrarlo… finalmente lo encontramos después de unas cuantas vueltas, y más nos hubiese valido no encontrarlo, porque era un auténtico timo, el museo consistia en una sala, con dos cubas para fermentar la cerveza y una pantalla con un video… eso era el "museo", luego había degustación de cerveza, pero con los 6 €que costaba entrar, seguramente fue la cerveza más cara de nuestras vidas. Desde allí fuimos a ver de nuevo el Manneken, ya que queríamos hacerle una foto con el teleobjetivo de la cámara, para que por lo menos nos ocupara la pantalla entera en la foto… Le hicimos la foto, y volvimos al barrio du Sablon, pero esta vez no nos equivocamos, y llegamos donde habíamos querido ir el día anterior, a la plaza du Sablon, y a la iglesia que había allí, que no valían ninguno de los dos demasiado, por cierto.

Desde allí fuimos al parque donde no pudimos llegar el dia anterior por culpa de la luvia, situado en frente del Palacio Real, muy bonito. El parque sin embargo no valia "pa’ na", no estaba cuidado ni nada, y daba bastante pena. Bordeando el parque por un lateral pasamos por delante del Palacio de las Naciones, hasta llegar a la Catedral de Bruselas. Muy bonita, con un gran aire a Notre Dame de Paris. Desde allí bajamos a la Plaza Espagne, situada al lado de la Grand Place, y  nos sentamos a comer. Comimos un bocata, a las 5 de la tarde… Despues de un rato descansando allí, nos tomamos de postre otra especialidad de Belgica, un gofre. Fuimos volviendo para el hotel, de camino nos encontramos un centro comercial, que prometia mucho porque había un Mediamarkt, y esperábamos que hubiera todo tiempo de tiendas de marcas internacionales, y resulto ser como un Corte Ingles, con un Media Markt en la última planta… Aprovechamos para ir al lavabo, en el que había que pagar 30 centimos, algo vergonzoso… osea estas allí para gastarte tu dinero, para darles de comer a ellos, y encima te cobran por mear… Por supuesto no pagamos, a pesar de que la mujer que había allí vigilando el plato nos llamara la atención con “Missieur! Missieur!”. La estrategia, salir de forma decidida y rápida sin mirarla a la cara, y haciéndose el sueco ante la llamada de la mujer de la limpieza. Volvimos al hotel, dejamos las cosas y fuimos a la Gare du Nord, con la esperanza de que hubiera algún super como en la Gare du Midi, pero la búsqueda fue infructuosa. Asi que volvimos al hotel y dimos por terminado el día. Yo me baje un rato al hall del hotel para conectarme a internet con el portátil, y allí estuve comodamente sentado en un sillón, con mi música y muy tranquilo. Decidimos que al dia siguiente iríamos a Amberes si llovia, y a Brujas si hacia sol.

Al dia siguiente empezaría el plato fuerte de la visita a Belgica. Bruselas no prometía mucho, y en efecto no dio mas de lo que puede dar, y eso es por 2 de las 3 cosas que se la conoce: la Grand Place, el Atomium y el Mannekenpis. Las dos primeras son increíblemente bonitas y no solo no decepcionan, sino que son mejores de lo que uno se espera, el Manneken Pis no vale absolutamente nada, y es bastante peor de lo que uno espera, incluso yendo advertido y no esperar demasido… En general Bruselas no nos gustó demasiado. Es una ciudad que parece que ha crecido de una forma desorganizada y a lo loco y de cualquier manera, iglesias al lado de bloques monolíticos de acero y cristal, calles sucias , dejadas y con olor a meado (algo muy común, y muy desagaradable, en gran cantidad de calles). Un transporte publico super mal indicado. Lo único que la salvan, son la Gran Place y el Atomium, y no se si son motivo suficiente para hacer una visita a la ciudad. Lo único que salva a Bruselas, y hace que haya una gran cantidad de turistas, son las cercanas ciudades de Flandes. En resumen, es una ciudad tan perdida como sus habitantes, que no saben a quien imitar, si a Holanda o a Francia…

  • Sábado 22 de Agosto:  El sábado se levantó despejado con alguna nube dispersa, así que fuimos a Brujas. Hacía bastante frio. El trayecto en tren duró una hora aproximadamente.  Nos costó algo menos de 15 € por persona, la ida y vuelta, muy bien de precio, si lo compramos con los precios de otros paises europeos como por ejemplo Austria, y teniendo en cuenta que Belgica es bastante cara en todos los aspectos. Al llegar a Brujas visitamos la ciudad de una formas más o menos ordenada, pero tampoco de una forma muy estricta, tirando por aquellos sitios que nos llamaban la atención. Visitamos todo lo que queríamos ver. Brujas es una ciudad preciosa. Hermosa entre las hermosas. En un solo día en Brujas hice casi 500 fotos, eso habla por si mismo de lo que me impactó la ciudad (también hay que tener en cuenta que el paso a las cámaras digitales fue mi perdición, y muchas veces en mis fotos predomina la cantidad a la calidad, una tendencia que desde este viaje he decidido invertir, ya que siempre es mejor dar prioridad a la calidad que a la cantidad).

Cualquier rincón es digno de fotografiar. La ciudad me recordó mucho a las ciudades Hanseaticas de Bremen y Lubeck, y es que Brujas también fue ciudad Hanseatica en su tiempo, y supongo que todas aquellas ciudades que formaban parte de la Liga, estaban influenciadas unas de las otras, y una de las influencias, es la arquitectura alemana del Backsteingotik, que consiste en los edificios hechos con ladrillo rojo tan característico de las ciudades del norte de Alemania, que es donde nació este estilo arquitectónico. Caminamos por la calle principal, repleta de tiendas de marcas internacionales, pastelerías y tiendas de souvenirs. Alli nos comimos un gofre, y luego llegamos a la plaza central, donde después de fotografiarla desde todos los rincones posibles, subimos a la torre del ayuntamiento, (muy cara, 8 € adultos, y yo 6 € por ser menor de 25 años) de 83 metros de altura, para lo que tuvimos que hacer una cola de por lo menos media hora, ya que la entrada estaba limitada a 70 personas a la vez, por motivos de seguridad. Tras subir por las empinadas y estrechas escaleras en espiral llegamos a arriba del todo, después de subir 366 escalones que se hicieron menos duros de los esperado, ya que hicimos varias paradas en los diferentes pisos a lo largo del ascenso a la torre. Desde arriba las vistas eran impresionantes, y fueron acompañadas de susto incluido, al sonar la campana por ser las 13:00 horas (la campana estaba situada en el centro del mirador de la cima), todos los presentes agradecimos que no fueran las 12:00…. Después de bajar tomamos algo a los pies del ayuntamiento, con puñalada en la espalda incluida al traernos la cuenta, 8’80 € por una cerveza y una coca cola, eso si, nos pusieron una tapa de olivas y de patatas, una costumbre muy habitual en Bélgica, ya que en la mayoría de los bares te la ponen al tomar algo, así que no es una costumbre exclusivamente española. Tras el susto de la cuenta fuimos a dar un paseo en barco por los canales, para lo que también tuvimos que hacer bastante rato de cola, unos 30 minutos. El paseo en barco era muy guapo porque la ciudad es increíblemente bella, pero las barcazas con las que se dan estos paseos, son un completo desproposito, porque suben a unas 30 personas en cada una de ellas, todas apiñadas (para que os hagais una idea, las pateras son cruceros de lujo comparadas con estas), todo el mundo sentado en los lados de la barca, y unas cuantas personas mas sentadas en el centro, haciendo que no hubiera sitio ni para estirar las piernas, y sacarse la rodilla del estomago… Por supuesto, a mi me toco en el centro, como no podía ser de otra manera, aunque fue menos malo de lo que podría haber sido, porque me toco delante del todo, sentado justo detrás del conductor (me podría haber tocado en el centro y estar rodeado de cabezas). Aun asi el sitio era muy malo para hacer fotos ya que tenia que levantar la cámara por encima de la cabeza y hacer las fotos a ojo, si no quería sacar alguna cabeza en medio de las fotos.

Tras el paseo en barco que costaba  6’70 € y duraba una media hora, dimos vueltas sin rumbo fijo, hasta que encontramos un kebab, y comimos allí muy bien por 8 € el plato a rebosar de carne de kebab, patatas fritas y ensalada, regentado por una brasileña, o caribeña (no está claro). Después fuimos volviendo hacia la estación, pasando por aquellos sitios que nos dejamos al llegar a Brujas. Y volvimos a Bruselas. Como no teníamos nada para comer bajamos en Gare du Midi en vez de en Gare du Nord, para ir al Carrefour y comprar algo de comida. Pero nos compramos unos bocatas ya hechos y nos los llevamos. Para volver al hotel desde allí intentamos coger el tranvía, que en teoría tarda menos que el metro, ya que el metro hace un recorrido circular, y el tranvía hace una línea recta entre ambas estaciones (Gare du Midi y Nord) y tiene menos paradas. Pero el transporte publico de Bruselas, es una MIERDA, en mayúsculas, y después de mas de 30 minutos esperando nuestro tranvía (pasaron todos los números, menos el nuestro, además uno repetido), que tienen una frecuencia de risa, nos cansamos y nos fuimos a coger el metro. Llegamos al hotel finalmente a las 9 de la noche (A Gare du Midi habíamos llegado a las 8) y dimos el dia por terminado. Brujas es sin duda alguna, uno de los sitios más bonitos en los que he estado, no me atrevo a decir el más bonito, porque he estado en sitios preciosos, pero sin duda está muy arriba en la lista. Al dia siguiente estaba previsto la visita de Gante a priori menos espectacular que Brujas, al dia siguiente veriamos a ver que tal.

 

                                                                                                                                                                                                                                              

Continua en Bélgica 2009 (2ª parte)

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Viena 2009 (4ª parte)

                         
 
  • Lunes 27 de Julio:  Después de clase, volví a la residencia. Había quedado con Alberto, su amigo, su hermano y Ana para ir al estadio de futbol del Rapid de Viena, y donde España ganó la Eurocopa, el Ernst Happel. Cuando llegamos intentamos entrar al estadio, pero nos dijeron que teníamos que entrar por la puerta E, le dimos media vuelta al estadio, pero por allí no había manera de entrar, así que le terminamos de dar la vuelta, y un hombre nos dijo que teníamos que picar a un timbre para que nos abrieran, pero allí no contestaba nadie, después de casi quemar el timbre, nos encontramos con unos ingleses que nos dijeron que ellos acababan de entrar al estadio, por la puerta esa donde estabamos picando al timbre. Asi que como por las buenas no pudimos entrar, intentamos entrar por las malas, colándonos en el estadio, pero nos pillaron en las escaleras y nos echaron a la calle. Dejamos pasar lo de entrar al estadio, y nos hicimos una foto con la camiseta que había paseado por media Viena, en una p**a columna que tenía el logo de la Federación Española de Futbol. De allí fuimos al Prater, con la misión de conseguir mi camiseta disparando con el sniper. Y la conseguí, aunque todo hay que decirlo, la que consiguió Alberto el día anterior que estuvimos allí tuvo más mérito. Pero me fui contento con mi trofeo que es lo que cuenta. Alberto y Ana se volvieron para la residencia a comer, y yo me fui con su hermano y su amigo al sitio donde comimos el día anterior, ya que el hermano de Alberto se había quedado con las ganas de probar la especialidad de Viena, la Wiener Schnitzel (escalopa). Volvimos a la residencia, nos despedimos de ellos, ya que se volvían a Madrid. Y me quedé el resto de la tarde y la noche estudiando. El resto salieron de fiesta.

 

  • Martes 28 de Julio:  Me desperté de la cama de un bote, de forma literal, porque pensaba que me había dormido, y esa mañana tenía el examen final. Pero para mi alivio cuando miré el reloj, me había despertado una hora antes de lo previsto, así que aproveché para repasar un poco antes de hacer el examen. Después de hacer el examen volvi para la residencia, y no hice mucho más durante el día a parte de perrear por allí, acompañar a Joan a la universidad a ver si alguien había encontrado la llave de su habitación porque la había perdido, e ir a comprar algunas cosillas al Billa.

 

  • Miercoles 29 de Julio:  Por la mañana fui a clase a ver la nota de mi examen, la profesora quería darla al final de la clase, pero le dije que me quería ir a Linz y Mauthausen y la convencí para que me la diera al principio. Así que en cuanto me la dió me fui para la residencia a recojer las cosas para marcharme, y me fui a la estación de Westbahnhof. Compré mi billete, y una vez sentado en el tren, dijeron algo por megafonia, como no entendí nada de lo que decían, le pregunté a un chico de más o menos mi edad que estaba sentado delante mio, que si había un retraso, me dijo que se había estropeado la catenaria (como el día de Graz) y que teníamos que ir en Bus hasta Sankt Polten, y desde allí cojer el tren a Linz, un follón vaya… Me acoplé un poco al austriaco, porque sabía donde había que ir, y me puse a hablar con él. Estuvimos esperando el bus que tenia que llevarnos a St.Polten, pero estos austriacos son muy espavilados, y solo vino un bus, para todo el tren… O sea q un monton de gente nos quedamos en tierra, más tarde nos dijeron que volvieramos al tren que iba dirección Dortmund, en Alemania, que paraba en Linz. Nos montamos, y como no había sitio libre, terminamos sentados en los portamaletas. El austriaco fue muy amable conmigo (sin duda era una excepción a la regla de austriaco = borde y estupido) y me estuvo buscando horarios, y cual era la mejor manera de llegar a Mathausen en su Neetbook. El chaval se bajó en Sankt Polten, y yo continué hasta Linz. Por fin pude sentarme en un asiento, y me quedé medio grogi el resto del trayecto.

Después de una hora de trayecto desde Sankt Polten, y una hora y media de retraso en la hora de llegada prevista, llegué a Linz. Donde estuve esperando un poco más de media hora a que saliera el tren regional con dirección a Mauthausen. Me di una vuelta por los alrededores de la estación pero no me fui demasiado lejos. A las 15:00 horas llegué a Mauthausen, habían pasado 4 horas desde que salí de Viena…

En la estación de tren le pregunté al taquillero como llegar al Campo de Concentración, me estuvo explicando como llegar, y me enseño un mapa donde se veia la ruta a seguir, al que le hice una foto para poderme orientar más adelante, y fue una gran idea porque me fue de mucha ayuda. La estación de tren está situada a las afueras del pueblo de Mauthausen, y el Campo de Concentración está en lo alto de una colina, una vez pasado el pueblo. El camino es de 5km, la mitad todo en cuesta. Cuando llegué al centro de Mauthausen, o sea mas o menos la mitad de camino, una pareja que estaba en un coche aparcado, me preguntaron en inglés si sabía como llegar hasta el Campo. Les estuve indicando, y cuando me iba a ir, di marcha atrás y se me ocurrió enseñarles la foto que había hecho del mapa con la cámara para que vieran más claras las indicaciones que les había dado. Mientras les enseñaba la foto, la mujer le dijo algo al hombre en castellano, así que les pregunté si eran españoles, me dijeron que sí, y empezamos a hablar. Hasta que me propusieron que me subiera con ellos en el coche, que me llevaban. Nos hicimos un favor mutuo, yo les indiqué el camino que teníamos que seguir, y ellos me subieron hasta arriba, ahorrándome una buenta pateada. Eran de Madrid, y habían estado en Praga, y ese día habían alquilado el coche y habían llegado hasta allí. Una vez arriba, les di las gracias y nos despedimos.

Siempre había leído o había escuchado comentarios sobre la gente que había visitado algún Campo de Concentración, y que decían que salían de allí derrotados, sin ganas de hablar, y con ganas de echarse a dormir en cuanto llegaran al hotel. A mi Mauthausen me dejó bastante indiferente, me sorprendió mucho el silencio que reinaba en la colina donde está situado, pero a parte de un poco de repelús por lo viejo de las instalaciones y un poco de claustrofobia en la cámara de gas, que siempre había imaginado que era grande como una nave industrial, no sentí nada más, respeto unicamente. Pero ni se me hizo un nudo en el estomago, ni me entraron ganas de llorar, ni mucho menos de irme a dormir en cuanto llegara a la residencia con la depresión en lo alto. Simplemente me dejó frio. Me esperaba más, y me decepcionó un poco. Si uno visita Linz, se puede acercar a Mauthausen, pero acercarse hasta allí desde Viena expresamente como hice yo, no vale la pena. También es verdad que Mauthausen no fue tan importante como Dachau o Auswitzch, que son dos sitios donde a pesar de la decepción de Mauthausen, tengo pendiente hacer una visita. Este Campo es famoso sobretodo en España, por ser en el que más españoles fueron encerrados.

Tras la visita, me hice los 5 km andando hasta la estación, allí cojí el tren hasta Sankt Valentin. Decidí no volver a Linz, porque se me había hecho tarde después de la hora y media de retraso del tren de la ida, y dejar una visita pendiente a la ciudad para la próxima vez que volviera a Austria. En St.Valentin tuve que esperar 45 minutos para cojer el tren de regreso a Viena. Me di una vuelta por el pueblo, pero no tenía nada destacable. Llegué a la residencia sobre las 21:00 horas, y ya me quedé allí el resto del día.

 

  •  Jueves 30 de Julio:  Por la mañana en teoría debía ir a un paseo por Viena con la profesora y el resto de la clase, pero preferí quedarme en la habitación durmiendo. Al mediodía fui con Joan a la oficina de "Objetos perdidos" a ver si habían encontrado la llave que había perdido, pero no hubo suerte. Luego fuimos a un sitio donde Miguel Angel, el hombre de Guadalajara de la residencia, nos había dicho que te daban 20 euros por donar sangre. Como Joan iba un poco justo de dinero, fuimos a que donara sangre, pero no le dejaron porque le pedían una tarjeta de residencia, que por supuesto no teníamos porque estabamos en Viena estudiando únicamente un mes. De regreso a la residencia, probamos la idea que nos había dado Ricardo, el peruano de la residencia, poner una denuncia en la policia y decir que le habían robado la llave, en vez de que la había perdido. Y eso hicimos, fuimos a la comisaria que había al lado de la Embajada Americana, al lado de casa. Joan se inventó que iba en el metro con la mochila en la espalda, y que cuando salió fue a comprar un refresco, y se encontró con que su mochila estaba abierta y le habían robado el monedero, donde llevaba la llave de su habitación, la tarjeta de crédito y 15 €. La mentira coló, aunque el plan estuvo a punto de irse al traste, cuando a Joan se le escapó un "lost" en vez de "stolen" al referirse a su llave. Pero finalmente volvimos a la residencia con una denuncia de robo. Comimos, y a las 5 de la tarde bajamos a hablar con Cristoph, ya que los jueves de 5 a 6 de la tarde andaba por allí para que le pudieramos decir cualquier problema que tuvieramos (también se le podía llamar por teléfono, pero eso solo en casos de emergencia). Joan le contó lo que le "había pasado" con su llave, le dió la denuncia, y el austriaco atontao, le dijo que tenía que pagar 180 € ya que debían cambiar la cerradura. Joan por supuesto se negó, primero porque no tenía dinero para pagar eso, segundo porque en teoría la llave se la habían robado, y eso no era culpa suya, tercero porque Cristoph el primer día no había dicho en ningún momento que en caso de perder o de que te robaran la llave había que pagar tal cantidad de dinero, solo había dicho lo de la fianza de 50 € por si había desperfectos en la habitación (aunque eso era relativo, ya que una chica de otra residencia, había quemado un poco la moqueta de su habitación con una vela, y le querían cobrar 800 €…) y cuarto porque cambiar una cerradura no cuesta 180 €…

Joan se indignó de verdad, y le lió un pollo a la española, incluso le llegó a pedir el teléfono de su jefa para llamarla él personalmente, ya que el austriaco de pocas luces, se quería quitar el muerto de encima aludiendo que eran normas de la universidad y que el no podía hacer nada. Joan llamó, pero no le cojieron el teléfono. Cristoph se marchó, pero como lo de la inteligencia no era lo suyo, se dejó la puerta del cuarto donde guardaban todas las copias de las llaves de todas las habitaciones abierta… Así que maquinamos…

Todas las habitaciones tenían 3 copias de la llave, menos las habitaciones dobles, que tenían 4. Así que el plan fue, cojer la única llave que quedaba en la alcayata de correspondía a la habitación de Joan (de las 3, una se perdió, la otra se la dio Cristoph esa misma tarde, y la restante la de la alcayata), y poner en su lugar otra llave de otra habitación de las que había más copias, para que no se notara que faltaba una llave. Entonces el sábado, a la hora de dejar la residencia, Joan diria que había ido a objetos perdidos, y que habían encontrado su llave dentro del monedero, sin dinero, claro está, y Joan le devolvería las dos llaves, la que le había dado esa tarde, y la que había perdido y había "recuperado", que en verdad era la que habíamos cojido de la habitación. Y si colaba la historia que habíamos inventado, Cristoph pondría las dos llaves delante de la otra que no correspondía a la habitación, y podrían pasar años antes de que alguien se diera cuenta de los sucedido, porque al dar la llave, daría la primera. El plan era perfecto, salvo por un inconveniente, que la puerta se la había dejado abierta, y si se daba cuenta al día siguiente cuando llegara, podría sospechar de nosotros el sábado cuándo Joan le dijera, que casualmente habían encontrado su llave. La solución era encontrar la llave que cerrara la puerta, para que no hubiera ninguna sospecha.

Pero después de tanto maquinar, necesitábamos despejarnos un poco la mente, y fuimos a visitar Hundertwasser Haus, que es en lo que habíamos quedado el día anterior. Fuimos Ana, Maite, Alberto, Joan y yo. Estuvimos explorando todos los pisos del bloque de apartamentos, y volvimos a la residencia.

                   

Al llegar empezó el plan de encontrar la llave, pero nadie nos podía ver trasteando, o entrando y saliendo de la habitación, así que Maite y Ana se quedaron vigilando la entrada de la residencia, bloqueamos el ascensor, y yo me quedé vigilando la escalera, mientras Joan y Alberto buscaban la llave. Más tarde empezó a venir gente, así que cambiamos el plan. Desbloqueamos el ascensor, Alberto se fue el gimnasio, y Ana, Maite y Julia se quedaron vigilando la entrada, y Joan y yo nos encerramos en la habitación buscando la llave a oscuras, usando solo la luz del movil, ya que desde la calle se nos veía claramente si encendiamos la luz. Al final lo dimos por imposible, allí no había ninguna llave que cerrara la habitación donde estábamos, o por lo menos no la encontramos. Tuvimos que esperarnos allí dentro 15 minutos con un calor agobiante, porque en la recepción se había parado Ricardo, el peruano, a hablar con las chicas, y al hombre le encanta hablar…

Después de tanto maquinar, fuimos a cenar a la 5ª planta. Los demás salieron, y yo aunque había dicho que saldría, al final me quedé, porque había empezado a beber, y no me sentó muy bien.

  • Viernes 31 de Julio:  Me desperté tarde, llamé a los demás, pero estaban en la universidad recibiendo sus diplomas. Quedé con Alberto y Joan en frente de Votivskirche, y fui yo a por el mio. Volvimos a la residencia a comer, y estuvimos allí toda la tarde haciendo el vago y jugando al futbolin con los serbios que se volvian en tren para casa. Solo salimos Joan y yo, a comprar un par de tartas Sacher al Hofer, y nos volvimos. A las 7 y pico de la tarde, salimos de la residencia, unos fueron al Billa a "comprar" algo de alcohol para la noche, y Maite y Julia me acompañaron al Café Central, porque se me había antojado, comerme un trozo de tarta Sacher antes de volver a Bcn. A las 9 fuimos todos a cenar al restaurante donde el primer día fuimos Alberto y yo a comer Schnitzel. Porsupuesto cenamos Schnitzel, el dueño del restaurante, un hombre mayor, fue muy amable y muy atento con nosotros, y estuvimos un rato hablando con él. A la hora de pagar, fue un momento divertido a la par que emotivo, ya que Joan se había quedado sin dinero, y entre todos le pagamos la cena. Fue divertido porque todo el proceso fue acompañado de las pertinentes bromas, como "parece que te hayamos recojido de la calle", y similares, y emotivo porque todos sabíamos que aquella sería la última cena, y la última noche juntos, por lo menos en Viena.

Volvimos a la residencia, cojimos las botellas y el hielo, y fuimos a Museums Quartier, al patio interior, que era zona de botellón entre los jóvenes vieneses, y también entre los foráneos. Allí habíamos quedado con Carol y Javi, que eran de la residencia de Tigergasse. Y allí pasamos gran parte de la noche, hasta las 3 de la madrugada mas o menos, que fue cuando la policia apareció en Museums Quartier, porque había un grupo bastante grande de vieneses que la estaban liando. Eso nos cortó el rollo y nos fuimos de allí con la intención de entrar a algún sitio de fiesta. Pero el camino fue muy lento, y no había mucho convencimiento general de entrar en ningún sitio porque se nos había pasado la hora y se nos había hecho tarde. Al final dijeron de ir al Floridita, el garito de salsa dónde habían ido días atrás, pero Joan y yo nos negamos a ir, y volvimos para la residencia, a los 20 minutos habían vuelto los demás, que se lo pensaron mejor y se dieron media vuelta. A las 4 de la mañana empezó el intercambio de fotos, desperté a Virginia, me supo mal, pero me lo pidió ella, grabé sus fotos en el portatil, luego vinieron Maite y Julia y grabe las suyas, mientras tanto, Joan ya se había acomodado en la moqueta de mi habitación y empezaba a resoplar mientras grababa las fotos de Ana. Cuando terminé, Joan se bajó a la habitación a dormir, y yo me fui a la cocina a comerme un plato de pasta que habían hervido por la tarde, y que me sentó de lujo. Eran las 5:15, con todo listo y sin nada que hacer, decidí tumbarme un poco hasta las 6:30, que era la hora a la que me quería levantar, para marcharme de la residencia a las 7:30. Era el primero en irme…

  • Sábado 01 de Agosto:  Dormí una hora aproximadamente, me levante, terminé de guardar las cosas de última hora. Y bajé a despedirme de todos antes de marcharme. Como yo estaba en el sexto, en el ático, fui bajando piso por piso. Primero bajé a la 5ª y me despedí de Nerea y Virginia, que estaban más dormidas que despiertas. Luego bajé a la 3ª y me despedí de Maite, que me dio un abrazo muy sentido, y me dejó medio roto. Para terminar bajé a la 1ª, donde entre el abrazo de Ana y el de Alberto me terminé de romper. Y me tuve que quedar mudo, porque se me quebraba la voz. Fui a la habitación de Joan, que estaba muy sobado, y no estaba para historias, y la despedida fue como "nos podemos ver cuando queramos, no hagamos un drama", y de allí volví a aporrear la puerta de Julia por tercera vez, pero como no salía, me tuve que ir sin despedirme de ella (según me dijo los días posteriores, la pille en la ducha, y cuando salió, ya me había marchado). Bajé a recepción, le di la llave a Cristoph, me dio mis 50 € de fianza, y me fui para el metro.

El trayecto de la residencia al metro, se me hizo muy, muy cuesta arriba. Se me hizo muy duro dejar Viena después de un mes, que había parecido muchísimo más, siempre en magnífica compañía y mil cosas más que se me pasaron por la cabeza. Se me humedecieron los ojos, pensando en el estupendo mes que había pasado en Viena, mientras caminaba tranquilamente hacía el metro, y deseando poderme quedar otro mes más con la misma gente, y el mismo buen rollo que había caracterizado toda la estancia allí. El vuelo y todo lo demás trancurrio sin problemas.

 

  • Conclusiones:  Después de dos semanas de haber vuelto de Viena, y haber asimilado bien todo el mes en tierras austriacas, y haberme aclimatado de nuevo a la rutina, es hora de sacar conclusiones.

Cuando echo la mirada hacia atrás en el tiempo, y recuerdo las dudas, miedos, tentativas de "rajarme", etc, solo puedo hacer una cosa, reirme. Las experiencias nuevas, sobretodo cuando se hacen en solitario, dan miedo, o como mínimo respeto. Antes de ir para Viena, pensaba que no me entendería con nadie, que sería el único español, que me aburriría, que echaría de menos mi casa, y mil tonterías más. Pero la realidad fue muy distinta, y lo mejor de cuando te pones en lo peor, y luego resulta que no se corresponde con la realidad, es que todo es positivo. Y así ha sido mi estancia en Viena, todo positivo.

Esta experiencia que ha durado 28 días, ha sido, y será, una de las mejores de mi vida. De la que espero tener siempre un vivo recuerdo, quizá todos estos escritos, junto con las fotos sirvan para ello, aunque la memoria es caprichosa y nunca se sabe…

Viena, me ha parecido una ciudad muy bonita, muy majestuosa, monumental… Una ciudad cuyos habitantes se sienten orgullosa de ella. Una ciudad llena de parques, grandes avenidas, cultura, y además barata. La calidad de vida de los vieneses, es brutal. No solo viven en una ciudad preciosa, sino que además tienen una de las calidades de vida más altas de Europa, y seguramente del mundo. Un sueldo normal en Austria suele superar holgadamente los 2000 €, sin embargo el coste de vida es muy similar al de España, y en algunas cosas, como muchos restaurantes, son más baratos. Normalmente los precios son más caros, pero poco más que en España. Por ejemplo, un billete sencillo de metro en Barcelona, cuesta 1’35 €, y en Viena 1’80 €. Un paquete de Marlboro en España vale 3’40 €, en Viena 4 € (lo mismo que me costó en Berlín en 2007). Una Schnitzel (escalopa) que ocupa un plato entero, cuesta 5 €. Los datos hablan por si solos. Lo único que no me gustó de Viena, es la fiesta. Ya que los locales eran todos muy pequeños, y uno esta acostumbrado a ir a discotecas grandes, donde uno quiere perderse un rato y darse una vuelta, y no tarda 30 segundos en recorrerse todo el local como en el caso de Viena.

La gente en Viena, no es especialmente amable, son bastanre secos como normal general, siempre hay excepciones, y en algunos casos hasta estupidos. Puede que solo haya sido mala suerte con la gente local que me he topado o a la que he preguntado algo, pero en otros países, como Alemania o Suecia, la gente fue muchísimo más agradable conmigo. Otra característica de los vieneses y austriacos en general, es que son gente muy silenciosa, en espacios públicos donde hay grandes congregaciones de personas, apenas se oye un murmullo de fondo, cuando en España eso sería una cacofonía de gritos, risas, llantos de niños, etc

Otro aspecto a destacar, es la confianza que tiene el estado en la buena voluntad de las personas, encontramos un claro ejemplo, en el metro, donde no hay tornos para acceder a los andenes, sino unas maquinas puestas antes de bajar las escaleras, y que uno puede "olvidarse" de pagar, como haciamos nosotros… También hay una especie de máquinas por las calles, con periódicos dentro, donde cojes el periódico, y dejas el dinero. Que no al revés, es decir, puedes cojer el periódico porque está abierta la tapa donde se amontonan, y no dejar dinero. O en algunos lavabos públicos, donde hay un recipiente para dejar una propina a la señora de la limpieza, pero no hay señora de la limpieza para controlar que dejas la propina, como pasa por ejemplo en Praga. El único sitio donde vi un control, fue en los lavabos del Prater, donde para acceder a los lavabos tenías que meter 50 céntimos de euro, en una máquina con un torno, pero tampoco había nadie para controlar, así que el escollo se solucionaba facilmente, saltando o pasando por debajo de dicho torno (me parece vergonzoso tener que pagar, por mear… a dónde vamos a llegar…)

Aunque sin ninguna duda, lo mejor de este mes en Viena, ha sido la gente con la que he compartido todo este tiempo. Desde el principio hubo un clima de buen rollo, que se mantuvo durante todo el mes, y eso es de agradecer. He vuelto de Viena con unos cuantos amigos más, que aunque conozca de hace poco, con una convivencia tan intensa como la que hemos tenido, se han hecho un hueco rápidamente. Y con esto doy por concluido, la que repito, ha sido una de las mejores experiencias de mi vida, y que siempre recordaré con un gran cariño. 

                      

 

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Viena 2009 (3ª parte)

 

                        

 

  • Lunes 20 de Julio:  Después de clase y de hacer el examen, volví rapidamente para la residencia y quedé con las 3 Marias para ir a visitar el centro. Visitamos la Escuela de Equitación Española, el Hofburg, el Alteburg, la Opera Nacional y luego Stephansdom. Comí con ellas en la pizzeria donde había comido la semana anterior cuando vinieron los amigos de Alberto.
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    Y las dejé a su aire y me volví a la residencia, donde me estaba esperando para ir a visitar el Belvedere. Dejé las cosas en la habitación y nos fuimos de visita. Estuvimos toda la tarde por el Belvedere.

    A las 19:30 nos fuimos al Ride Club, donde los estudiantes del curso de alemán, los lunes teníamos precios especiales. Hasta las 20:00h eran cockteles gratis, luego valían 1’90 € hasta las 21:00h, y hasta las 22:00 iban a 2’90 €. A partir de esa hora iban a precios normales. En cuestión de media hora nos bebimos 3 cubatas (yo 2), y luego seguimos algunos con dos más, y otros con uno. Total que a las 20:30 ibamos tocados, y con ganas de fiesta, pero eramos los únicos que nos moviamos algo, los autóctonos y los guiris estaban apalancados en las mesas allí sentados. Joan, Jose y yo conocimos a una francesa y a una belga, feas, pero por lo menos practicabamos el inglés  que no practicabamos en la residencia. Sobre las 21:30 nos volvimos para cenar, menos Joan que se fue con la francesa a cenar, y se quedó un rato más por allí, aunque no tardó mucho en volver, y nos contó sus peripecias con la francesita. Después de cenar estuvimos viendo un par de capítulos de la serie americana "Como conocí a vuestra madre" en la habitación de Alberto, y nos fuimos todos a dormir.

     

    • Martes 21 de Julio:  Después de clase, y de comer en el "Mensa", el comedor de la universidad, volvimos para la residencia. Por la tarde, y después de echarnos unos piques Joan, Jose y yo en el futbolin, fuimos a visitar el Prater. El famoso parque de atracciones de Viena. Allí pasamos la tarde, nos montamos en la noria, que es lo más famoso del Prater, y desde donde hay unas vistas realmente espectaculares de la ciudad, luego algunos se montaron en alguna atracción, y Alberto y yo nos echamos unos piques con unos rifles de francotirador, rollo escopetas de feria, pero mucho más guapos. Terminó ganando él, y se llevó una camiseta por haber dado en el centro de la diana de pie, sin apollarse en ningún sitio. Así que ya teníamos pique para el próximo día que volvieramos por allí. Después nos fuimos a comer unos kebabs y a tomar algo por allí, y ya nos volvimos para la residencia. Al salir del metro me encontré con las 3 Marías, que me estuvieron contando su día de visita por Viena, me dieron un cartón de tabaco del estraperlo, y nos despedimos hasta el día siguiente. Volvimos a la residencia, hicimos una sesión de gimnasio comunitario, nos duchamos y cenamos. Se hizo un poco tarde y no había ganas de sesión de cine ni de serie, así que nos fuimos a dormir. Al día siguiente estaba prevista hacer una excursión al Palacio de Schönbrunn, antes de que Jose, el amigo de Julia, que había venido unos días de visita, se marchara para Córdoba.

     

    • Miercoles 22 de Julio:  Después de clase fuimos a comer unos a la residencia, y otros al Mensa, la planificación no fue el punto fuerte, y al final terminamos saliendo a las 15:00 horas de la residencia. Con un sol de justicia, y más de 30ºC. Llegamos a Schönbrunn, y justo cuando saliamos de la estación de metro, entraban las 3 Marias. Nos estuvieron explicando lo que habían hecho en el palacio y sus jardines, y nos despedimos. Lo primero que visitamos fue el laberinto de los jardines de Schönbrunn, hubo una mini competición de tios contra tias, para ver quien llegaba antes al centro del laberinto, donde había una plataforma desde el que se veía todo el laberinto, que era bastante pequeño. Por supuesto ganamos los tios. Después de echarnos unas risas con lo del laberinto subimos a la parte alta de los jardines, desde donde hay unas estupendas vistas del palacio, de los jardines y de Viena. Allí nos sentamos en el bar que hay alli en lo alto, y comimos unas tartas típicas de Viena, la Sacher, la Sergenttorter, etc. Como no podía ser de otra manera nos clavaron con la cuenta, pero tampoco importó demasiado pagar un poquito más por tomartela allí arriba, y en Viena. Bajamos por el lado contrario del que subimos, y volvimos para la residencia.

                       

    Antes de volver a la residencia queriamos pasarnos por el Billa (una cadena de supermercados) que nos quedaba al lado, bajamos en una parada de metro que teoricamente quedaba más cerca, de la que bajabamos siempre, pero nos equivocamos y bajamos dos antes, volvimos a montarnos en el metro, y en esta ocasión si que bajamos en la que tocaba. Pero a la salida, donde estaban las maquinas para validar los tickets, estaban esperando dos revisores, y dos policias. Ana, Maite y Julia llevaban tickets de un mes, y pasaron sin problemas, Viriginia, Nerea y Joan utilizaron unos tickets sin validar, y les dijeron que tenían que validarlos y les dejaron pasar. Jose vió el percal, y se dió media vuelta y salió por la otra salida de la estación donde no había revisores. Pero cuando yo me di cuenta ya estaba en frente de los revisores y no podía dar marcha atrás. Llevaba ya varios días colándome en el metro,y el tranvia, por suerte llevaba tickets usados de días atrás, cuando aún pagaba, y me hice el tonto. Primero le saqué uno que era del domingo, me dijo que no era valido, así que puse cara de "que raro, donde lo habré puesto?", y le saqué 3 o 4 tickets más, todos de días anteriores. Me dijo que no era válido ninguno, me pregunto si era turista (llevar la reflex en la mano creo que me delató…) a lo que conteste que sí, me pidió el pasaporte, y le enseñe el DNI, me dijo que era español (que hábil…) le dije que si, y me dijo que tenía que pagar 2’20 €. En un principio entendí 25 €, y me acordé de la gracia que hace no pagar, cuando te pillan… Me lo repitió, y me quitó el susto que me habia dado al entender 25 €. Le pague, me dió el billete y me dijo que era váido para todo el día. Luego lo pensé y tuve mucha suerte, ya que lo normal habría sido que me pusiera una multa, de por lo menos 50 € sino más… pero hacerme el sueco y hacer que no me enteraba de nada, me sirvió para salir del paso. Después de eso decidí dos cosas, primera, no volvería a bajarme en esa estación, y segunda, haría lo que llevaba días pensando, comprar un ticket, y llevarlo sin validar siempre encima, por si volvía a pasar lo mismo, hacer como Virginia y Nerea, y hacerme el loco, pensando que no había que validarlo. Que bien pensado, tampoco es tan raro, ya que en el metro de Barcelona, hay tornos, y si no validas el ticket, no pasas, a no ser que te cueles descaradamente, obvio… pero en el metro de Viena, igual que en Praga, Budapest y otras ciudades, no hay tornos, sino que hay maquinas, y entrada libre, por lo que si eres exranjero, no es dificil que no te des ni cuenta, de hecho a mi me pasó varias veces en Viena días atrás, de comprar el ticket y olvidarme de validarlo y tener que volver a la maquina para hacerlo. Así que haría lo del ticket sin validar, el único problema, que diera la casualidad de encontrarme con los mismos revisores, lo que ya sería el colmo de la mala suerte…

    Después de esta anécdota, hicimos la compra, volvimos a la residencia y cenamos. La gente de la 5ª planta salió de fiesta para despedir a Jose, que volvía para Córdoba, después de estar casi una semana con nosotros, yo no salí, porque estaba cansado, y llevaba sueño acumulado.

     

    • Jueves 23 de Julio:  De todos los días calurosos en Viena, el jueves 23 fue el peor de todos. 34ºC marcaba el termómetro, con una sensación por la humedad, de 36ºC. El calor fue el mayor tema de conversación durante todo el día. Por la mañana fuimos a clase. Al salir, Nerea, Virginia, Maite y yo nos apuntamos a una excursión que organizaba la universidad, para el sábado a Melk, el valle del Wachau, Dürnstein y Krems. El precio asustaba un poco, 60 €, pero desglosando todo lo que incluía estaba bien de precio. Incluía el tren hasta Melk, entrada a la Abadía, la comida, y el barco por el Danubio haciendo paradas en los pueblos del valle del Wachau de Dürnstein y Krems. Volvimos a la residencia, Ana, Alberto, Joan y Maite se fueron al Danubio a bañarse, Virginia y Nerea se fueron Zentralfriedhof, el cementerio donde estan enterrados Mozart, Strauss y Beethoven entre otros. Yo me quedé en la residencia porque había quedado con las 3 Marías para darles cosas de las que me había traido a Viena y que no estaba utilizando, para quitarle algo de peso a mi maleta. Pero ellas también fueron a Zentralfriedhof y no sabían a que hora volverían. Así que como no me apetecía asarme de calor toda la tarde en mi habitación, y aprovechando que era jueves, y el Kunsthistorisches Museum (Museo de Historia del Arte) estaba abierto hasta las 21:00 horas, me fui a visitarlo. El Museo de Historia del Arte de Viena, es la cuarta galería más grande del mundo, contiene una colección compuesta por obras atesoradas durante siglos por varias generaciones de los Habsburgo. El público tuvo acceso a estas colecciones cuando se construyeron dos museos en el Ringstrasse. Uno se dedicó a la colección de arte, y el otro es el Museo de Historia Natural, uno situado en frente del otro. Ambos abrieron sus puertas en 1891. El lujoso interior del museo de arte complementa las obras expuestas, admiradas por más de 1’5 millones de personas al año.

    El museo arquitectónicamente es realmente impresionante, y sus colecciones son de un altísimo nivel. Los museos construídos en el Ringstrasse a finales del siglo XIX se diseñaron para albergar colecciones privadas. Muchos artistas notables fueron contratados para decorar los interiores. La obra maestra es la escalera principal del Museo de Historia del Arte. Hans Makart creó las escenas simbólicas situadas sobre las ventanas, mientras que Gustav y Ernst Klimt pintaron frescos que describen diferentes etapas del desarrollo del arte.

    El Kunsthistoriches Museum, posee una interesante colección de objetos egipcios, griegos y romanos. Gran parte de los fondos de escultura y artes decorativas europeas datan de los siglos XV al XVIII, periodo en el que también se centra la pinacoteca. Los maestros venecianos y flamencos del siglo XVII están bien representados; asimismo, hay una excelente muestra de obras de artistas holandeses, y alemanes antiguos. También destada la colección de monedas.

    Colecciones:

    • Antigüedades Orientales y egipcias –>  El núcleo de esta colección está formado por los hallazgos llevados a cabo por arqueólogos austriacos en Guiza. Destacan las reliquias de la tumba de Ka-Ni-Nisuit, del Reino Antiguo, que incluyen una cámara funeraria meticulosamente reconstruída. La figura de cerámica azul de un hipopótamo data del Reino Medio. Estas piezas se colocaban en las tumbas para marcar el estatus social de los difuntos; el hipopótamo se consideraba un animal real y sólo se podía cazar con permiso del faraón. Los objetos del Imperio Nuevo, están en su mayoría relacionados con el culto funerario, un libro de fallecidos de papiro, cadáveres momificados de personas y animales, sarcófagos y vasos canopos (recipientes utilizados para guardar las vísceras de los cuerpos momificados), entre otros. Entre las antigüedades de Oriente Próximo destacan los relieves babilonios, un león de cerámica roja y varios objetos procedentes de Arabia.

    • Antigüedades griegas y romanas –>  Sólo una parte de la colección de antigüedades griegas y romanas se halla en el edificio principal, la otra se expone en el Neue Burg. El Kunsthistorisches Museum cuenta con una bella colección de urnas griegas de formas variadas, entre las que destacan las vasijas que se entregaban a los ganadores en los Juegos Panhelénicos. También destacan las salas de escultura, cerámica etrusca, y objetos coptos, bizantinos y germanos, aunque la verdadera joya de las antigüedades es el Tesoro de Nagyszentmiklós, una colección de vasijas de oro del siglo IX con impresionantes relieves que muestran influencias del Lejano Oriente.

    • Escultura y Artes Decorativas –>  Esta colección está formada por magníficas obras de arte encargadas por los gobernantes Habsburgo, instrumentos científicos y relojes considerados obras maestras de las artes decorativas. También completan la colección cristal soplado del archiduque Fernando II, bordados de Maria Teresa, joyas y articulos de oro, escultura en madera y piedra de la Edad Media. Además de arte renacentista, muebles, tapices, floreros, adornos de mesa dorados, varias estatuillas y figurillas, relojes en miniatura y joyas de pedrería incrustada. (Esta parte del museo, estaba cerrada por restauración, cuando yo fui en Julio de 2009).
    • Monedas y Medallas –>  Esta colección reune más de 500.000 piezas, lo que la convierte en una de las colecciones numismáticas más ricas del mundo. El núcleo de la colección proviene de las posesiones privadas de los Habsburgo, pero ha sido aumentada por los especialistas que han estado a su cargo. La muestra ilustra la historia del dinero, con monedas del antiguo Egipto, Grecia y Roma, piezas bizantinas, medievales y renacentistas, y divisas actuales. Además también hay una colección de medallas de los siglos XIX y XX, con retratos, algunas de las cuales constituyen excepcionales obras de arte en miniatura. (Esta parte del museo apenas la pude visitar, porque la cerraban al poco de entrar al museo, y pude ver solo una pequeña parte de la colección)

    • Colección de pintura –>  Las obras de la pinacoteca están ordenadas cronológicamente y agrupadas por escuelas y estilos. Las pinturas más antiguas se remontan al siglo XVI e incluyen distintos trabajos de los maestros flamencos antiguos, como Rogier van der Weyden, Hans Memling, y Jan van Eyck. Destaca la colección de Pieter Bruegel el Viejo, la mayor del mundo y lo joya más preciada del museo. Hay dos salas dedicadas a Rubens, con obras religiosas de gran tamaño y un retrato de su esposa. También se exhiben impresionantes cuadros de Anton van Dyck. Todas las pinturas que se exhiben de Rembrandt son retratos. La colección de pintura italiana incluye obras de Tiziano y Caravaggio. La francesa de François Clouet y Nicolas Poussin. La alemana de Durero y Lucas Cranach el Viejo. También hay varios retratos de miembros de la familia real española pintados por Velázquez.

    El museo es caro, cuesta 10 €, pero vale la pena, porque es un grandisimo museo, que puede llevar toda una tarde o una mañana de visita o más. Yo tardé dos horas en visitar el museo, a mi ritmo habitual, o sea alto, y saltándome toda la parte de escultura y artes decorativas porque estaba en restauración, y la mayor parte de la colección de monedas y medallas porque me cerraron la sala a las seis de la tarde.

    Al terminar con la visita del museo, volví caminando hacia la residencia, por el Ring, pasando por delante del Parlamento, el Rathaus y la Universidad. Quedé con las 3 Marias en llevarles las cosas que les queria encasquetar para la vuelta. Así que fui a la residencia, meti las cosas en la mochila y se las llevé. Se iban a ver la obra "Carmen" frente al ayuntamiento, al igual que Nerea y Virginia que me lo dijeron  cuando me pasé por la residencia a cojer las cosas. Yo volví para la residencia y estuve cenando con Joan. Al terminar, mientras fumabamos al lado de la ventana, vimos que había tormenta electrica y que empezaba a haber fuertes ráfagas de viento, subí a por mi cámara para intentar captar alguna buena instantanea de algún relámpago, pero al bajar a los 2 minutos, se había nublado del todo y no se veía nada, subimos a mi habitación para ver si desde mi ventana del lavabo se veía mejor, y fue cuando empezó a llover de forma torrencial. Durante 10 o 15 minutos la tromba de agua que cayó fue impresionante, exagerada, más propia de una tormenta tropical que de CentroEuropa. Me acordé de las 3 Marias, y de Nerea y Virginia…

    Bajamos a la calle a ver la tormenta, que creó expectación. Al rato bajo la intensidad y se convirtió en una lluvia normal y corriente y nos subimos para la cocina de la 5ª, donde estuvimos un rato, hasta que nos bajamos a la 1ª para que Ana, Joan y Alberto se miraran los precios de los autobuses y trenes para Budapest, ya que se irian al día siguiente, y volverían el sábado por la tarde. Después de esto, nos fuimos a dormir.

    • Viernes 24 de Julio:  Por la mañana fui a clase en tranvia, como los dos días anteriores, con Ana, Joan y Alberto, y me despedí de ellos, ya que al salir de clase, se irian a Budapest. Al terminar las clases quedé con las 3 Marías, y fuimos a tomar unos trozos de tarta al Café Central, de Viena. El más conocido de la ciudad, y con mucho glamour, dónde uno se puede sentir transportado a otra época. Pedimos la especialidad de la casa, la Tarta Café Central, la Sacher, un Apfelstrudel y una de Zanahoria, estaban todas buenas, aunque la palma se la llevaba la famosisima Sacher. De allí fuimos al Spar, a hacer unas compras de última hora para llevar algún que otro recuerdo para la familia, amigos y para nosotros, y me despedí de ellas, ya que volvían esa tarde para Barcelona. Volví a la residencia, comí y como no había nadie me subí para la habitación. Al rato me picó Maite, acababa de venir de estar con Nerea y Virginia, que habían ido a visitar la Ópera por dentro. De camino compraron una entrada para un concierto de Mozart y Strauss para esa noche, a uno de los muchos vendedores que hay por la calle en las zonas céntricas y turísticas de la ciudad. Me dijo si quería ir, le dije que sí, porque los conciertos de música clásica me gustan, el problema es que creíamos que los asientos eran numerados, y si iba a comprar mi entrada entonces, no me sentaría con ellas, así que se me ocurrió proponerselo a Julia, que estaba ilocalizable durante todo el día, así  por lo menos si no nos ponían a todos juntos, por lo menos estariamos ella y yo. La fui a picar a su puerta, la llame al telefono de la habitación, al movil, y nada. Al rato vino ella, que acababa de llegar, se había dejado el movil en la habitación, y había hablado con Maite y le contó lo que yo había pensado. Así que nos fuimos los dos a comprar nuestras entradas. Cerca de la ópera vimos a uno de los chicos que vendían las entradas, y nos empezaron a liar. El mismo día había tres conciertos iguales en tres sitios distintos, Schönbrunn, en Stadpark y Beethoven Platz. El primero descartado el problema era cual era de los otros dos, porque Beethoven Platz esta al lado del Stadpark, después de unas cuantas llamadas a Nerea y Maite, nos quedó claro que ellas iban a Beethoven Platz, pero el chico que nos quería vender las entradas nos estuvo comiendo la cabeza con que nos iba a costar más caro porque no nos harían precio de estudiante, que era más pequeño y más "cutre", y al final entre eso, y que al fin y al cabo pensábamos que los asientos iban numerados y que no nos podriamos sentar juntos de todas maneras, Julia y yo fuimos al de Stadpark. Nos costó 23 € a cada uno, precio de estudiante (aunque yo realmente no lo fuera), pero me ahorré 16 € gracias a eso.

    Nuestra intención al salir de la residencia era comprar la entrada, volver, e ir con las demás. Pero se nos hizo tarde, porque estuvimos más de media hora para decidirnos si comprar la entrada para un sitio u otro, y fuimos directamente para Stadpark. Ibamos con lo puesto, yo con pantalones cortos, ella con las Converse, y allí la gente se lo tomaba muy en serio lo del concierto e iban de punta en blanco casi todos, por lo que dábamos bastante la nota, con las pintas, nuestras botellas de coca cola y agua en la mano, sólo nos faltaba ir agitando la banderita con el toro de Osborne…

    El concierto nos gustó mucho, ibamos con el miedo de aburrirnos o de quedarnos dormidos, pero nos gustó tanto, que se nos hizo hasta corto. Nos pasamos el concierto grabando videos y audio con el movil, ya que la cámara de fotos nos la dejamos en la residencia, porque teníamos intención de volver, y ese fue el único punto negativo de la velada. Al salir del concierto que duró unas dos horas aproximadamente, quedamos con Nerea, Virginia y Maite en Beethoven Platz y nos volvimos en metro y tranvia hasta la residencia. No quedaba demasiado lejos, pero estaba lloviendo y no apetecía pegarse la pateada. Cenamos, y nos fuimos a dormir pronto, ya que a la mañana siguiente habíamos quedado a las 7:00 de la mañana para ir al NachtMarkt, y luego a las 9:00 teníamos la excursión a Melk y el valle del Wachau.

    • Sábado 25 de Julio:  Nos levantamos muy temprano para ir al mercado de Naschmarkt, situado cerca de Karlsplatz. El mercadillo tenía dos partes bien diferenciadas, el rastro, lleno de cosas viejas y usadas, con una presentación muy poco cuidada, ya que parecía el top manta, todo mal puesto en el suelo y de una manera muy poco sugerente, y que como habreis adivinado, no me gustó nada, y la parte de comida, mucho más atractiva, con muchisima variedad de frutas, de especies, y fruta confitada. Nos fuimos de allí para llegar a tiempo a la excursión a Melk. Llegamos a la universidad cerca de las 9 de la mañana, donde nos estaba esperando el autocar. Cuando estuvimos todos, marchamos hacia Melk. El trayecto duró una hora y media aproximadamente, durante el cual, prácticamente todos acabamos dando una cabezadita. Al llegar a Melk, nos hicieron una visita guíada por la Abadía de Melk, famosa a parte de por meritos propios, también por haberse rodado algunas escenas de "El Nombre de la Rosa" en ella.

    La ciudad y la Abadía de Melk, sede de los Babenberg, se eleva en la orilla izquierda del Danubio, unos 60 km al oeste de Viena. En el siglo XI, Leopoldo II invitó a Melk a los benedictinos de Lambach y les cedió tierras y un castillo, que los monjes convirtieron en una abadía fortificada. Casi completamente destruída por el fuego en 1297, la abadía se reconstruyó varias veces. En el siglo XVI resistió una invasión turca. En 1702 se llevó a cabo una profunda remodelación de conjunto a manos de los eminentes artistas del momento que le dieron su actual aire barroco. La biblioteca, que sale en la pelicula de "El Nombre de la Rosa" contiene unos 100.000 volúmenes, entre ellos 2000 manuscritos y 1600 incunables.

    Tras la visita de la abadía, comimos en un restaurante situado a la salida, y desde allí fuimos caminando por el pueblo de Melk, hasta llegar al embarcadero en el Danubio, donde cojimos el barco que nos llevaría a Dürnstein, a través del valle del Wachau.

    El valle del Wachau es uno de los destinos turísticos más destacados de la Baja Austria, ubicado entre las ciudades de Melk y Krems. Tiene 30 kilómetros de largo. El Wachau fue añadido a la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco en reconocimiento a su historia agrícola y arquitectónica. El valle es muy bien conocido por su producción de albaricoques y uvas, ambas se usan para producir especialmente licores y vinos.

    Tras una hora aproximadamente de travesía llegamos a Dürnstein, un iman turístico en la zona. En este pequeño y pintoresco pueblo, fue donde el rey Ricardo Corazón de León, permaneció cautivo por el duque Leopoldo V. En la III Cruzada, Ricardo Corazón de León luchó al lado del rey francés Felipe II y el margrave austriaco Leopoldo V, pero la alianza se rompió. En su viaje de vuelta por los territorios de los Babenberg en 1192, Ricardo I fue apresado por el margrave austriaco y encerrado en la fortaleza de Künringerburg, sobre Dürnstein, cuyas ruinas  todavía son visibles. Su custodia fue traspasada al emperador alemán Enrique VI. Tras el pago de un rescate de 35.000 kilos de plata, el rey inglés fue liberado.

    Nos hicieron una visita guiada a la Stiftskirche, exclusivamente en alemán (en la de Melk cada uno podia elegir si ir a la de inglés o a la de alemán), por lo que nos enteramos mas bien de poco. La iglesia por dentro no valia mucho, aunque por fuera si que era bonita. Tras la breve visita de la iglesia, nos dieron 3 horas de tiempo libre. Así que aprovechamos para subir hasta las ruinas del castillo de Künringerburg, donde estuvo cautivo Ricardo I. El camino no era muy largo, pero era un rompe pantorrillas, por lo empinado de sus cuestas. Pero el esfuerzo valió la pena, porque las vistas desde arriba eran realmente impresionantes.

                       

     

    Al bajar, nos topamos con un ciruelo, al que Maite y Javi saquearon, yo no participe, fui más inteligente y pasé directamente a la parte más interesante, comerme las ciruelas que iban recojiendo. Luego nos encontramos los tres con Nerea y Virginia que no quisieron subir a las ruinas del castillo, y fuimos a tomarnos un helado. Dimos una vuelta por el pueblo, y fuimos al punto donde habíamos quedado para subir al autocar. De camino encontramos un albaricoquero, y lo saqueamos, en esta ocasión yo también participé. La vuelta se me hizo corta, porque me pasé el camino hablando con Maite, una chica muy inteligente, con la que se puede hablar de cualquier cosa. Cerca de las 21:00 horas llegamos a la residencia. Alberto nos presentó a su hermano y a un amigo suyo que habían venido a Viena a hacerle una visita. Algunos salieron de fiesta esa noche, y otros nos quedamos en la residencia, para levantarnos temprano para estudiar el domingo, ya que la mayoría tenía el examen final el lunes (yo lo tenía el martes).

    • Domingo 26 de Julio:  Me levanté temprano por la mañana para estudiar. A la hora de comer me llamó Alberto, por si me quería ir con él, su hermano y su amigo a comer al sitio donde fuimos él y yo el primer día que llegué a Viena. Fui con ellos, y después de comer volví a la residencia para estudiar un rato más. Ellos se fueron para el centro a hacer un poco de turismo, más tarde quedamos en Stephansdom. Y estuvimos dando unas vueltas por allí. Volvimos para la hora de cenar, y estuvimos un rato en la habitación de Joan. Nos quisieron convencer para salir de fiesta, pero todos tenían examen el lunes, así que al final salieron solo el hermano de Alberto y el amigo.

     

     

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    Viena 2009 (2ª parte)

     

                               

    • Lunes 13 de Julio:  El lunes era día de examen, y me dormí… No me dormí ningún día en toda la semana, y me tenía que dormir el día del examen. Llegué a clase al descanso de las 10:30, ya habían hecho el examen, pero por lo menos no me ponían falta se asistencia (con más de 3 faltas de asistencia, no hay certíficado). Realmente ese examen no era importante, porque no servía para nada, a parte de para ver uno mismo si va aprendiendo o no. Pero el único examen importante es el final, que es el que se debe aprovar si uno quiere obtener el certificado del curso y justificar su estancia en Viena durante un mes. A mediodía apareció una nota de Christoph, el responsable de la residencia, en todas las plantas del edificio y en el ascensor. Pongo la foto que le hice a uno de ellos, porque no tiene desperdicio.

                         

    Traducción:

    Os recuerdo que debeis mantener silencio por la noche a partir de las 10pm! Al lado de la residencia hay un hotel, cuyos huespedes se han quejado por vuestro comportamiento.

    Alguien borracho ha tirado una botella de cristal por la ventana la pasada noche. Esto es peligroso y condenable.

    Con esto me forzais a controlar el silencio por las noches y a tomar medidas drásticas.

    Si encuentro a personas borrachas haciendo mucho ruido por la noche (a partir de las 10pm) tanto en cocinas como en habitaciones, informaré a Innovationszentrum (el departamento de la universidad que lleva todo lo relacionado con los cursos de verano)

    En casos particularmente graves (como lanzar botellas por la ventana) perderás tu residencia y deberás irte inmediatamente!

    Por favor, recuerdo que debeis dejar las cocinas limpias! Los costes adicionales por la limpieza de la basura de vuestras fiestas será cargado a todos los estudiantes del piso.

     

    El resto del día fué un día muy perro, hacía mucho calor, la gente estaba escondida en sus habitaciones, y el calor nos tenía aplatanados como para salir a la calle a hacer nada. Por la noche vinieron unos amigos de Alberto, el chico de Madrid, que estaban de interrail, venían de Praga, estarían en Viena 2 noches y se marcharían para Milán el miercoles a las 6 de la mañana. Esa noche había fiesta universitaria (sí, un lunes…es que estos austriacos van un poco al revés del mundo…), así que se vinieron a beber con nosotros a la residencia para luego salir de fiesta, para no liarla demasiado nos trasladamos de la 5ª planta, al zulo donde estaba la lavadora y la secadora. En Austria es muy normal que debajo de las casas haya subterraneos, se empezaron a construir durante la guerra fria, por miedo a un arrebato de la Unión Soviética. La lavadora estaba metida en una de ellos, bajando unas escaleras bastante empinadas, daba a dicha sala, de donde salia un pasillo con varias salas más. Nos metimos en una de ellas a beber. Ahí debajo uno se podía imaginar el horror del famoso loco de Amstetten, que encerró a su hijas durante años. Dicha localidad se haya situada entre Viena y Linz.

    Después de beber con el juego de las cartas, y muchas risas se pusieron en marcha, yo no quería salir porque era lunes, al día siguiente había clase a las 9, y ese día ya me había dormido por la mañana. Salí a la calle para acompañarlos un trozo, pero me querían liar para que saliera con ellos, al final decidimos echarlo a suertes. Tiramos una moneda al aire, si salía cara iba de fiesta con ellos, si salía el número me queda en la residencia. Salió el número y me quedé. Pero antes los acompañé hasta la embajada americana, que está al lado de la residencia. Allí nos quedamos parados un rato, liándola un poco, hasta que un flipado de los soldados que estaban en la embajada, pegó un grito al mismo tiempo que cargaba su M-16, y nos quedamos todos mudos al escuchar ese ruido inconfundible. Nos fuimos de allí rapidamente, yo para la residencia, y los demás de fiesta.

     

    • Martes 14 de Julio:  Por la mañana fuimos a clase como siempre. Y por la tarde quedamos con los amigos de Alberto que aún seguían en Viena. Estuvimos visitando Stephansdom, otra vez, el Teatro Nacional, el Museo Albertina, la Karlskirche, Stadtpark, Schwarzenbergplatz, la Ópera y gran parte del Ring. El ritmo fue muy lento, pero lo pasamos bien. Cenamos cerca de Stephansdom, en una pizzeria donde podias comprar por porciones de un cuarto, que equivalían a media pizza normal, por 2’80 € el trozo. Viena es una ciudad, donde comer, es muy muy barato, más que en España, algo que no deja de sorprenderme. La calidad de vida de los vieneses es una de las más altas de toda Europa. Volvimos tranquilamente a la residencia, y el día no dió para mucho más.

     

    • Miercoles 15 de Julio:  Después de ir a clase por la mañana y de comer en la residencia, fuimos por la tarde al Museo de Medicina, situado muy cerca de la residencia. El museo valía 2 €, y me resultó muy desagradable, por los objetos de la exposición, bastante cutre por cierto. El museo estaba lleno de pulmones, cerebros, etc, en frascos de cristal con formol. Maquetas de cera de lo que produce la sifilis, la gonorrea y la tuberculosis en organos reproductores, y el resto del cuerpo, respectivamente, deformaciones genéticas, material quirurgico de época, protesis de brazos y piernas ,etc.

    Después de esta desagradable visita, nos fuimos a tomar algo dentro del campus de la universidad, hasta la hora de cenar, que volvimos a la residencia. Tras la cena, tocaba sesión de cine. Vimos Rock N Rolla, mejor dicho, vieron, ya que yo me quedé en estado de trance, ni dormido ni despierto, pero no me enteré de nada vaya.

    • Jueves 16 de Julio:  Por la mañana fuimos a clase como cada día. Por la tarde después de comer, nos fuimos al Danubio, a una especie de piscinas que se han montado los vieneses en el río, por una módica entrada de 2 €. Las piscinas estas tienen mucho éxito entre los autóctonos y están llenas de gente, y más con estos días de calor que está haciendo durante toda esta semana. Para acceder al río hay unas escaleras que han construído en la rivera. Se bañaron todos menos yo, que lo último que se me ocurrio en Bcn es que iba a acabar bañandome en el Danubio, y no me llevé bañador, así que me arremangué los pantalones y me metí hasta donde me los pude subir, o sea el muslo. El agua estaba buena, pensaba que iba a estar helada, pero no. Aunque por lo que me comentaron bañarse era un poco desagradable, por el limo y las algas del fondo. Sobre las 7 de la tarde nos volvimos para la residencia. Después de cenar tocaba otra sesión de cine, en esta ocasión ya me había hecho con un buen sitio, por si me entraba el sueño, que me pudiera dormir agusto, pero se nos hizo tarde y terminamos por ver un capítulo de una serie americana. 

     

    • Viernes 17 de Julio: Por la mañana fui a clase de alemán como todos los días. Al salir volví rápidamente a la residencia. Me hice una comida rápida y me subí a la habitación a preparararme la mochila. Lo metí todo como pude y me bajé a la 5ª planta a ver si habia alguien para despedirme. Estaban Alberto y Joan, me despedí de ellos y me fui para Südbahnhof a cojer el tren de las 13:56. Salí de la residencia a las 13:05 aproximadamente, y llegué bastante justo de tiempo, ya que para llegar hasta allí era un show.

    Primero tenía que ir andando hasta el metro, un paseillo de 10 minutos, luego tenía que hacer una parada en el U2, bajar en Schottenring y tomar el U4, dos paradas hasta Wien Mitte. Allí tenía que coger el S-Bahn hasta Südbahnhof, dos paradas más. Una vez en la estación de Südbahnhof, tuve que preguntar a un hombre que me dijera donde tenía que ir a comprar el billete porque no estaba muy claro, y también me ayudó a ver cual era el tren que tenía que tomar. Fue muy amable, uno de los pocos con los que me he topado en Austria, donde la gente me parece bastante estupida en general, aunque como en todos lados, hay de todo. La dificultad en saber que tren era, es que no había ninguno que pusiera "Graz", sino que tuve que cojer uno que ponia "Maribor", la segunda ciudad de Eslovenia, y que en pequeño ponía "Maribor (über Graz)", es decir que pasaba por Graz. Me sablearon 67’40 € por ida y vuelta, bastante más de lo que esperaba (40 €). Lo intenté con la Vorteilscard, una tarjeta que en teoría cuesta 20 € y te hacen un 50% de descuento en las líneas del estado, pero el taquillero me dijo que valía 99 €… No se si es la web estaba mal, o que el taquillero me quería timar, pero lo dejé estar y compré un billete en segunda clase (En primera, que es lo que en un principio me quería vender, costaba 118 €…), que me dolió lo que no está escrito, soltar tal cantidad de dinero por un trayecto de sólo 200 km.

    Fui para el andén, y llegué tan justo de tiempo, que no me dió tiempo de terminarme el cigarro que me estaba fumando. El tren debía ser de antes de la Segunda Guerra Mundial por lo menos… era muy, muy cutre. Por lo menos en el que me monté yo, ya que al día siguiente al volver, me di cuenta que había dos tipos de vagones, aunque eso lo explicaré un poco más adelante. El vagon de ese día, era como los antiguos vagones de los trenes de la Renfe. Me dolió mucho pagar 68 € por eso, se podrían haber esmerado más por ese precio, la verdad…

    Con ese tren tuve un deja vú, y me acordé de una ocasión en la que fui con unos cuantos amigos a pasar unos días al Pirineo catalán, por la parte de Girona. El tren era muy similar, viejo, cutre, incomodo y con unos grandes ventanales abiertos de par en par para que los pasajeros no murieran de lipotimia, porque en esos vagones de aire acondicionado, ni por asomo. Creo que en el año de su construcción aún no se habia aprendido a utilizar la electricidad en beneficio del hombre, y su sistema de refrigeración y climatización, era el primitivo, "abre todas las ventanas, y que corra el aire…"

    El trayecto duró dos horas y cuarenta minutos, se hizo eterno, aún a pesar de ir echando pequeñas cabezaditas de 5 a 10 minutos. No me quería poner demasiado cómodo por miedo a quedarme dormido profundamente, pasarme de parada y despertarme en Eslovenia. Me pasé el trayecto cambiando de lado del asiento, huyendo en todo momento del sol, ya que la temperatura era de 30ºC.

    Al llegar a Graz, me sorprendí de lo cerca que estaba mi hotel de la estación de tren. Sabía que estaba muy cerca, pero es que era lo primero que se veía al salir a la calle, el Ibis Graz, de 3 estrellas.

    Hice el check-in. La habitación estaba muy bien, pero no tenía nada para robar… ni toallas con el nombre bordado, ni un vaso bonito, ni jabones, ni nada. Vacié todo lo que llevaba en la mochila, y dejé la cámara de fotos y salí a darme una vuelta. En apenas tres horas me vi practicamente todo el centro histórico de la ciudad, que por cierto estaba a una buena pateada del hotel, a unos 20 minutos andando a buen ritmo. También me dió tiempo a ver el castillo, y a tomarme un helado en la Hauptplatz, característica por su forma triangular.

    Me ofusqué bastante porque sabía que al día siguiente para mediodía ya habría terminado de ver todo, y no tendría nada que hacer el resto de la tarde. Así que lo pensé y tomé la decisión de que al día siguiente lo terminaría de ver todo por la mañana, y en cuanto terminase, al mediodía según mi previsión, volvería al hotel, cojería mis cosas, haría el check-out y volvería a Viena para llegar a la capital austriaca sobre las 18:00 horas aproximadamente. Perdería el dinero de una noche de hotel, pero prefería eso, y poder volver a Viena, para estar con la gente de la residencia y salir por la noche, que a quedarme toda una tarde aburrido sin saber que hacer y a disgusto, y tampoco poder salir de fiesta en todo el fin de semana.

     

    • Sábado 18 de Julio:  Me levanté a las 7 de la mañana, desayuné en el hotel, y a las 8:15 ya estaba en la calle. Me dirijí al centro para terminar de ver todo lo que me había dejado el día anterior, pero me equivoqué de calle, y me perdí durante un buen rato, la gente a la que preguntaba no ayudaba mucho para encontrar mi camino, si cuando digo que los austriacos son bastante estupidos, no es crítica gratuita y sin fundamento, sino que es algo contrastado. Al final pregunté a una señora mayor que fue muy amable, y por fin encontré el camino. Lo primero que visite fue el Palais Attems, la Plaza Schlossbergplatz, la calle Sackstrasse, y las escaleras del castillo, que es otra forma de acceder al castillo, de las 4 que hay (las otras tres son, funicular, ascensor y la carretera, que es por donde había subido yo el día anterior). No subí hasta arriba del todo, pero si un buen trozo, para tener unas magnificas vistas de los tejados de la ciudad, y echar unas fotos, que habrían lucido más si el cielo no hubiera estado nublado y con amenaza de lluvia. Desde allí visite otra vez la Hauptplatz, el patio del Landhaushof, uno de los principales atractivos de la ciudad, justo al lado estaba el Landzeughaus (Arsenal), que era mi principal motivo para visitar la capital de la región de Estiria. El Arsenal se construyó entre 1642 y 1645 como almacen de armas a disposición de los ciudadanos de Graz para luchar contra los turcos. La ciudad fue vanguardia en la defensa contra los turcos del Imperio Otomano y puesto de guardia para los amenazados estados austriacos de Estiria, Carintia y Carniola, que daban gran importancia a este depósito de armas. Con una colección de unas 32.000 piezas, el arsenal de Graz se encuentra entre los mejor conservados del mundo, y es el más grande de Europa. Su bella fachada renacentista es obra del italiano Antonio Solari.

    Como aún no eran las 10 de la mañana, hora en la que abria el arsenal, terminé de ver lo que me faltaba, la zona de copas Bermudadreieck, muy animada por las tardes, la Catedral, el mausoleo, etc. Se puso a diluviar pocos minutos antes de las 10, me refugié en la parte cubiera del patio del Landhaushof, y en cuanto abrieron la armería entré a visitarla. La entrada me costó 7 €, lo que más me molestó es que estuviera prohibido hacer fotos. El arsenal cuenta con 4 plantas, y en unos 40 minutos hice la visita, que fue pausada para lo que estoy acostumbrado. A todo aquel que le guste la edad media, y todo lo relacionado con ella, debería venir a esta armería alguna vez en su vida, porque disfrutará como un niño, yo lo hice. Al terminar la visita como no pude hacer fotos, y no me podía ir sin tener algún recuerdo de aquella asombrosa exposición de armaduras, espadas, yelmos, escudos, mosquetes, carabinas, rodeles, picas, alabardas, sables, pistolas de chispa, morteros, cañones, lanzas, jabalinas, y un largo etcetera, me compré un libro con fotos y explicaciones sobre la armería.

    Al salir seguía diluviando, di por terminada mi visita a la ciudad de Graz, y el objetivo era llegar hasta el hotel para cojer el próximo tren hacía Viena. La perspectiva de volver andando hasta el hotel, con el trecho que había y el diluvio que caya, me dió mucha pereza porque vi que iba a llegar calado hasta los huesos, y lo que más me preocupa es que la mochila, y la cámara también. Así que aprovechando que los austriacos confian en la buena voluntad de las personas para pagar el transporte público, me colé por la parte trasera de un tranvia y llegué al hotel en apenas 5 minutos.

    En el hotel metí todo en la mochila hice el check-out y fui a la estación. Cojí el tren de las 12:26. En esta ocasión me monté en uno de los vagones decentes del tren, no como el de la ida. En esta ocasión el vagón era el propio de un país del primer mundo, y no de pre-guerra como el anterior. Este tenía sus compartimentos para 6 personas, climatizado, con reposacabezas regulable, una pequeña mesita, una luz por si te apetecía leer, etc. Lo que es un tren en condiciones vaya. Nos pusimos en marcha con la característica puntualidad germánica, pero al llegar a la primera estación, el tren se paró durante 50 minutos por un problema con la catenaria. Tras una larga espera el tren se puso en marcha de nuevo sin mas incidentes hasta llegar a Viena.  Una vez en la capital volví a repetir el show para llegar a la residencia, de tren + 2 transbordos de metro + pateada de 10 minutos.

    Cuando llegué, el sector español de la residencia estaba viendo una pelicula alemana en la habitación de Alberto, Die Welle (La Ola). Cuanto la terminamos de ver fuimos a hacer la compra al super, cenamos. Y quedamos en salir de fiesta, primero a un local de salsa, y luego a un barco en el Danubio que era discoteca, y que habían descubierto la noche anterior. Al final no salí porque me dió mucha pereza salir de fiesta con los 14ºC que hacía en la calle, y el viento helado que no dejaba de soplar, sin nada de abrigo que ponerme, el resto si que lo hicieron.

    • Domingo 19 de Julio:  El domingo por la mañana me levanté tarde, la noche anterior había pensado en ir a Linz, pero tenía el tiempo muy justo, ya que  a las 16:00 horas tenía que estar en el aeropuerto de Viena, porque tenía que ir a buscar a mi madre, mi tia y mi abuela, a las que a partir de ahora me referire a ellas, como las 3 Marias, por acortar. Después de comer, estuve con los demás en la residencia un rato, mientras se hacian sus respectivas comidas con la resaca, y más tarde me marché para el aeropuerto. Tras recojer a las 3 Marias en el aeropuerto las llevé al hotel donde se alojarian durante la semana, que estaba muy cerca de mi residencia. Tras dejar las maletas, les enseñé un poco el barrio para que pudieran cenar, y les estuve dando unas instrucciones de dónde podían empezar a visitar a la mañana siguiente. Las dejé a su aire, y volví para la residencia. Sobre las 20:30 nos marchamos para el ayuntamiento donde esa noche ponían la obra de Rigoletto de Giussepe Verdi, en una pantalla gigante frente al ayuntamiento, que retransmitian en directo desde la Ópera. No duramos mucho, 20 o 30 minutos, aunque Virginia y Nerea se quedaron hasta el final. Los demás nos fuimos y volvimos a la residencia a estudiar un ratillo, porque al dia siguiente teníamos examen.

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    Viena 2009 (1ª parte)

                             
     
    La idea de viajar a Viena para estudiar alemán durante un mes, surgió nada más volver del viaje-excursión a Carcassonne, cuando mis padres me enseñaron un recorte del Periódico de Catalunya, en el que anunciaban un curso de un mes en verano, en la ciudad de Viena, para estudiar alemán y vivir en una residencia de estudiantes. Me propusieron ir, y la decisión la tomé casi al instante.
     
    Decir que iba fue facil, no podía decir que no, Viena y Austria en general me llamaban mucho, y el idioma alemán aunque me cuesta mucho, me gustaría aprenderlo bien. Pero solo de pensar en estar fuera de mi casa un mes, solo, y con problemas para comunicarme con la gente, se me hacia un mundo. Pasé el mes y pico desde que hice la reserva hasta que tomé el vuelo a Viena, pensando día si día también, como sería estar allí, si lo llevaría bien o mal y mil cosas más.
     
    Uno de los motivos de más peso para ir a Viena, era que aprovechando que estaba en el paro y no iba  a hacer nada en mi casa, tenía la oportunidad de aprender alemán e inglés para aprobar los examenes de la carrera que me faltan, además de hacer un poco de turismo y vivir una experiencia nueva.
     
    El tiempo pasó más rápido de lo esperado, y cuando me di cuenta estaba paseandome por los pasillos vacios de la Terminal 1 del aeropuerto de El Prat, donde por cierto, han hecho un gran trabajo, ahora se puede decir que tenemos un aeropuerto de primer orden.
     
    • Domingo 5 de Julio:  A las 4:30 de la madrugada salía con mis padres dirección al aeropuerto, donde me acompañaron hasta que ya pasé el arco de seguridad. Había pasado la noche sin dormir, ya que estuve con mis amigos haciendo una especie de cena de despedida, y llegué a mi casa a la 1:45 de la madrugada, así que para el rato que me quedaba para irme, ya decidí empalmar, y dormir al llegar a Viena si estaba muy cansado. Con la nueva terminal 1 aluciné, una de las cosas que más me llamaron la atención fue el techo, por la altura, la amplitud y la luminosidad del hall principal, otra muy de agradecer es una zona para fumadores, que hasta la fecha no había en Barcelona. Además la zona de fumadores no es el típico cubo cerrado de metraquilato donde se hacinan 50 fumadores en 4 metros cuadrados, sino que es un patio interior dentro de la nueva terminal, con bancos para sentarse, sus árboles y todo muy cuidado y muy bonito (claro, es lo que tiene ser nueva…).

    El vuelo salió a su hora y transcurrió sin incidentes. Al llegar a la capital austríaca, tomé el CAT (City Airport Train) que conecta el aeropuerto con la ciudad de Viena en 15 minutos, y cuesta 10 € la ida, o 18 € la ida y vuelta, no sin antes bajarme y subirme las escaleras que llevaban al andén un par de veces con la maleta levantándola a pulso, porque no hay, o por lo menos no encontré escaleras mecánicas; la primera para comprar el ticket y la segunda para ir a buscar cambio. Al llegar a la estación central de Viena, cojí el metro U4 hasta Schottenring donde hice transbordo con la linea U2 hasta Schottentor-Universität. Desde allí el resto tocaba hacerlo a pie. Miran el mapa vi que me encontraba en la calle correcta Wahringer Strasse, pero no tenía claro ir en la dirección correcta, y después de la experiencia en Copenhague, me quería asegurar porque la maleta no era ligera precisamente. Pregunté a varias personas, unos eran extranjeros y no me sabían decir, otros directamente eran subnormales y no me quería contestar y se hacían los locos. Finalmente opté por preguntarle a una panadera, que aunque fue muy amable no me indicó bien, no iba muy convencido de lo que me había dicho, así que volví a preguntarle  a un hombre un poco más adelante, e hice bien, ya que la panadera me estaba mandando a Cuenca por lo menos… Con las indicaciones del hombre llegué hasta la residencia, aunque me la pasé de largo, y tras pasar por delante de la embajada americana me di cuenta que me la había pasado y volví para atrás.

    Una vez en la residencia debía hacer el check in, pero allí estaba Christoph, un austríaco un poco tonto, que era el recepcionista. Cuando empezó a hablarme en alemán y me vió la cara, pasó automaticamente al inglés, pero seguía sin entenderlo. Mi nivel de inglés no es para tirar cohetes, pero suelo entender lo que me dicen, pero ese hombre tenía un accento de su pueblo, y no se le entendía una mierda, con perdón… Además, el calificativo de tonto se lo ha ganado, porque si alguien no te entiende, lo normal es hablar más despacio, no repetirlo una y otra vez con la pronunciación de la Austria profunda e igual de rápido, a mi me parece de lógica vaya… Por suerte había un chico de Madrid, que también estaba allí en la residencia para estudiar alemán como yo, y que tenía un dominio del idioma bastante importante y me hizo de interprete. Y resulta que todo el problema que tenía el austríaco para hacerme el check in, es que quería 50 € de depósito por la llave, por si la perdía o hacía algún destrozo en la habitación. Una tontería como una catedral, porque al primero que no le interesa perder la llave es a mi, porque sino tocaría dormir debajo de un puente, y en cuanto a los desperfectos en la habitación, si me cargo las dos ventanas de la habitación les va a costar más de 50 euros la reparación…

    Sobre las 11 y algo de la mañana pude acomodarme en la habitación de la residencia, sin haber dormido nada, desde el día anterior al mediodía. Después de estar un rato tumbado sin hacer nada, bajé a la recepción a que me el "tonto" me configurara el portatil para poderme conectar a internet. Un rato más tarde, Alberto, el madrileño que me había echado un cable al hacer el check in, me picó a la puerta de la habitación por si quería ir con él a buscar un super para comprar algo de comer. Así que fuimos en busca de un Billa, un Spar, o un Lidl, pero no tuvimos en cuenta que era domingo y las tiendas cierran, asi que comimos en una especie de pizzeria rara, donde también servían otras comidas, como por ejemplo la Schnitzel (escalopa) que me comí, que ocupaba el plato entero.

    Por la tarde nos fuimos a dar una vuelta por la zona del Ayuntamiento, el Parlamento, el Burgtheater, etc, por donde nos perdimos ligeramente, aunque al final encontramos el camino. También paseamos a lo largo de Maria Hilfer Strasse, la calle comercial más famosa de Viena, aunque de eso no nos dimos cuenta, de eso me percaté el viernes por la tarde cuandó volví a dar una vuelta por allí.

     Al regresar a la residencia, nos encontramos con más españoles que también se alojaban allí y que acababan de llegar, Ana y Maite de Madrid, Álvaro de Vitoria y Leire de San Sebastián. Nos dijeron un super que estaba abierto y fuimos a comprar antes de que lo cerraran ya que era tarde. Al volver seguían en la puerta y quedamos con ellos en comer todos juntos en la cocina de la planta 5 de la residencia. Cuando bajamos a comer, justo llegaban Nerea de Teruel y Virginia de Cuenca. Pasamos el resto de noche de tertulia dónde más tarde se uniria Julia de Córdoba, y a última hora, Olga, una holandesa de Amsterdam que se había pasado la noche escuchandonos a hablar (su habitación estaba situada al lado de la cocina) y que había salido a hablar con nosotros porque le gustaba el castellano.

     

    • Lunes 6 de Julio:  El lunes era el día de hacer la prueba de alemán, pero no teniamos todos la misma hora, sino que era de una forma escalonada y cada uno tenía su hora, quedamos para ir juntos los que teníamos que ir a la misma hora. En mi caso fue a las 8 de la mañana. La prueba consistía en un test, escribir una pequeña redacción y el oral se hacía al mismo tiempo que hablabas un poco con la profesora que te correjía el test. No hubo sorpresas en cuanto al nivel en el que pensaba que me meterían, el 2, de 8. Al salir nos fuimos a comprar provisiones al super. Nos intentamos llevar el carro para la residencia para poder llevarlo todo, pero tenía un sistema de seguridad que le bloqueadaba la rueda, a parte que todos los vieneses nos miraban como si estuvieramos matando a alguien, así que cojimos unas cajas de cartón y lo metimos todo ahí, entonces sólo nos miraron como si fueramos gitanos rumanos…,y puedo asegurar que el camino se hizo muy largo, ya que no era la mejor forma de llevar las cosas. Para comer fuimos a un restaurante con descuento para estudiantes muy cercano al hotel, dónde comimos por poco más de 5 € por cabeza, otra vez Schnitzel.

    Para la tarde teníamos pensado visitar el centro de Viena, pero con la tromba de agua que había caído antes de comer, y de hecho seguía lloviendo por la tarde, pero menos, parecía contraproducente, así que hicimos sesión de cine en el portatil del chico de Madrid. La modorra se apoderó de mi y el tiempo que duró la pelicula se me hizo eterno, no sabía como ponerme para no quedarme allí sobado… Al terminar había dejado de llover, y vimos que era un buen momento para ir a comprar utensilios de cocina, una olla, platos, vasos, cubiertos, etc. Pero a mitad de camino se nos puso a llover otra vez, y llegamos a la residencia empapados ya que la mayoría ibamos sin paraguas. El resto del día lo pasamos en la cocina de la 5ª planta, hasta bien entrada la noche. 

     

    • Martes 7 de Julio:  El martes empezamos el día con una presentación en el auditorio de la universidad y luego clase. Tras las clases comimos en la residencia, y por la tarde salimos a visitar el centro de Viena. Eramos como unas 15 personas, y la desorganización era importante, a parte del ritmo que era más propio de octogenarios que de gente joven. Terminamos por ver únicamente Graben, Stephansdom y un desvio del Danubio, donde nos dimos media vuelta y volvimos a la residencia. Allí nos reunimos todos para cenar y pasar la noche, como cada día. Al fin conseguimos unas cartas de póker, robadas de algún otro residente y estuvimos jugando al Black Jack.

     

    • Miercoles 8 de Julio:  Por la mañana fuimos a clase como cada día. Al terminar fuimos a comer al "Mensa" un comedor para estudiantes, con un buen precio, lo único malo tener que comer a las 13:00 horas… Después de comer volvimos a la residencia y estuvimos allí toda la tarde. Solo salimos a comprar bebida para la noche, que iriamos a una fiesta universitaria. Aquella noche fuimos a tres garitos, Ride Club, que no estaba mal, Loco, una mierda, y del último no recuerdo el nombre, pero era el que estaba mejor, aunque tampoco era gran cosa. Los tres eran garitos muy pequeños, y yo, acostumbrado a salir de fiesta a discotecas bastante grandes en España, estos sitios tan pequeños me cansan y me aburren rápidamente. Nos volvimos sobre las 3 y nos dimos una buena caminata hasta la residencia. Dormí como pude, y a las 8 de la mañana otra vez en pie para ir a clase.

     

    • Jueves 9 de Julio:  Las clases después de la fiesta se hizo bastante dura, además el jueves empezabamos unos cuantos unas clases de conversación a las que nos habíamos apuntado y la mañana se hizo muy larga. El resto del día no dió para mucho más, estuve encerrado el resto del día en la residencia y la verdad es que se me hizo raro estar tanto rato entre cuatro paredes después de los días anteriores.

     

    • Viernes 10 de Julio:  Después de clase volvimos a la residencia donde comimos. Por la tarde habíamos quedado para ir de compras por Maria Hilfer Strasse, el chaval de Madrid y el otro de Barcelona al final no quisieron venirse, y me dejaron solo con 5 chicas, hay que tener valor… pero lo pasamos bien, nos hicimos unas fotos en el Parlamento, y luego estuvimos mirando tiendas el resto de la tarde por Maria Hilfen Strasse, que era la calle a la que sin darnos cuenta, el chico de Madrid y yo habíamos llegado el domingo anterior. Compramos bebida, y por la noche fuimos a una discoteca llamada "Passage" situada muy cerca de Museums Quartier, la entrada parecía una boca de metro, y la discoteca estaba situada por debajo del nivel del suelo. Era una discoteca bastante pija, y también bastante pequeña, aunque más grande que en las que habíamos estado el miercoles, la música, house, progressive y techno. Me lo pasé bastante bien, aunque para el final hubo un poco de tensiones porque había un grupito de "listos" haciendo el indio, dando botes y empujando. Viendo ese espectáculo, entiendo porque muchos "guiris" cuando visitan España, acaban la fiesta con el labio partido y un ojo morado… Por los sitios dónde salgo yo, aquello hubiera acabado en batalla campal, pero vamos, sin ninguna duda…

                        

    La discoteca cerraba a las 6 de la mañana, aunque Maite, Julia y yo nos volvimos a las 5, el resto se quedaron un rato más. Al salir, fue un poco depresivo ver que era completamente de día, a pesar de ser solo las 5 de la mañana, y para conseguir dormir fue otro show.

    • Sábado 11 de Julio:  El sábado me desperté a las 12, con la cabeza dándome vueltas, la noche anterior había vuelto a beber cubatas después de muchísimo tiempo sin probar el alcohol, me bebí solo 3, pero a pesar de no haberme hecho ningún efecto, me levanté hecho polvo. Actualicé el blog que lo tenía muy descuidado, hasta la hora de comer, que bajé a la cocina de la quinta planta, y coincidí con Maite y Julia y estuvimos comiendo juntos. Estuve un rato en la habitación después de comer. Sobre las 5 de la tarde fue a comprar al super con Maite y Ana, y luego estuve haciendo la colada con Alberto. El resto de la tarde y noche la pasamos en la cocina de la quinta planta, echandonos unas buenas risas con un juego de cartas cuya finalidad es beber, ya que ellos salían de fiesta. Por una parte me hubiera gustado salir ya que iban todos, pero había decidido que quería aprovechar el domingo para hacer turismo durante todo el día, fuera de Viena. Las posibilidades que barajaba eran Bratislava, Linz o el Valle del Wachau, donde se encuentran Melk, Dürnstein y Krems. Finalmente me decidí por Bratislava.

     

    • Domingo 12 de Julio:  Me levanté a las 7 de la mañana, para estar a las 8:30 en el embarcadero que está junto a Schwedenplatz, ya que el barco que quería cojer para ir a Bratislava salía a las 9, y según había leído en la web, recomendaban estar allí media hora antes. Llegué un cuarto de hora más tarde de lo previsto, porque había tenido un percance en la habitación de la residencia antes de salir y me retrasó. El día anterior había comprado bollos, que venían en una bolsa con pequeños agujeros para que respire la comida, así que mi intención era abrirme unos cuantos, meterles embutido y así ya tenía para comer, pero antes de irme me quería comer uno para desayunar, así que le metí un trozo de chocolate y le di un bocado, en ese momento vi como algo se movía dentro de la bolsa, me fijé, y estaba totalmente llena de hormigas… corrí a escupir lo que tenía en la boca, y a lavármela, me dio mucho, mucho asco, el pan lo tiré. Así que me quedé sin desayuno y sin comida. Después del incidente me fije, y había dejado la bolsa de pan en el suelo dentro de una caja que me había traído del supermercado. Las hormigas habían salido de las pequeñas juntas que había entre la madera de la pared y el suelo. Desde luego no fue la mejor manera de empezar el día…

    Llegué a Schwedenplatz a las 8:45, pero no tuve problemas para cojer el barco que quería. Me cobraron 17 € por solo la ida (es caro, aunque en la web ponía que valía 30 €, asi que fue casi la mitad de lo que me esperaba). Eso sí, no tenía derecho a ir dentro de la zona cubierta, tenía que ir en el piso de arriba, pero como hacía buen día (algo no muy habitual por estas tierras) no me importó en un principio. Luego entendí porque tanta diferencia, y es que el barco no va a la velocidad normal de este tipo de barcos, sino que debe alcanzar velocidades de 50 o 60 km/h. Arriba era imposible estar, ya que el viento a parte de ser muy frio, no me dejaba ni abrir los ojos apenas. Así que me bajé al piso de abajo y me puse en la parte de atrás del barco para resguardarme del viento. Allí pase casi la hora y cuarto que dura el trayecto de pie. Ahí conocí a un vienés que debía tener ganas de practicar su castellano y me estuvo dando palique un rato. Me contó que era excursión de empresa, que iban a pasar el día a Bratislava, que su jefe lo había organizado todo y me deseó suerte. Y todo empezó porque me pidió si le podía hacer una foto a él y a su novia, y yo le dije, que si quería le podía repetir la foto si no le gustaba. El tio reconoció al instante que era español por mi accento al pronunciar el inglés, o sea concretamente el accento que se utiliza en Cuenca o Albacete…

         

    Una vez en Bratislava busqué la oficina de información turística y empecé con la visita. Lo primero que visté fue la Iglesia de San Ladislao y la Iglesia de Santa Elisabeth, que no valen nada ninguna de las dos, luego me dirijí al Palacio de Grassalkovich y a sus jardines, el palacio era bonito, los jardines también, aunque no eran nada del otro mundo. Desde allí me dirijí hasta el Castillo de Bratislava, hasta el que había una buena pateada. Desde el castillo hay unas magníficas vistas de la ciudad, lastima que estuviera en obras y todo cubierto de andamios y algunas partes cerradas a visitantes por esa misma razón.

    Después de dedicarle un buen rato al castillo bajé de nuevo hasta el centro histórico de la ciudad, muy pequeña por cierto. Y comí en un restaurante cerca de la Iglesia de St. Martin. Bratislava es bastante barata, yo comi una schnitzel (para variar…) rellena de jamon y queso, con suplemento de patatas a parte y refresco, por 7 €. Pero en la carta había 900g de cerdo al horno por 7 €…

    Después de comer, a hora local, 13:00h ya que no había desayunado y estaba muerto de hambre, proseguí con la visita. visité la Academia Istropolitana, la embajada española, la Iglesia de las Hermanas de Santa Clara, la Puerta de Michael, la iglesia de la trinidad, el palacio Mirbach, La Iglesia y monasterio franciscano, el Viejo Ayuntamiento, el Palacio Primatial, el Teatro Nacional, el Palacio Palffy, el Museo Nacional y la Reduta. Cuando terminé de ver todo lo que creía interesante me dediqué a buscar las 5 estatuas de Bratislava. Una de las curiosidades de la ciudad es que tiene 5 esculturas repartidas por el centro de la ciudad, y la gracia cuando se visita la capital eslovaca es encontrarlas todas, ya que algunas cuestan de ver. De las 5, encontré 4. Las estatuas son el minero (la más famosa de todas ellas), el galán, el paparazzi, el soldado de Napoleón y el Taunter (guardián). Muchas leyendas circulan alrededor de la figura del Taunter. Una de ellas es que fue un hombre que vivió en la edad media que espiaba a las personas que estaban en la calle a través de las cortinas de su casa. Los habitantes de la ciudad quisieron parodiarlo y por eso ubicaron la figura de un trasgo lascivo en la fachada del edificio de en frente de la casa del hombre. Fue precisamente la figura del Taunter, la que no encontré.

    Terminada la visita decidí volver a Viena, así que fuí para el embarcadero. Llegué a las 14:45, con la mala pata que el barco había salido a las 14:30 y tenía que esperarme al siguiente que salía a las 17:30. Así que como quedaban más de dos horas, volví al centro. Me di una vuelta por allí, que una vez te lo conoces, se visita en nada, y me senté un buen rato comiendo un helado. Al rato volví a dar otra vuelta, y me volví a sentar en la Avenida de Hviezdoslavovo Namesty, una de las zonas más animadas de la ciudad. Y allí estuve como una hora viendo a la gente pasar, y haciendo tiempo como buenamente podía.

    A las 5 volví al embarcadero para volver a Viena. El trayecto que dura 1h 15′ duró casi dos horas, ya que el barco volvió por otro sitio, y pasamos por una esclusa, donde estuvo parado 30 minutos de reloj. Además el barco no dejaba en Schwedenplatz como a la ida, sino que me dejó en frente de la Ciudad de la ONU, en la parada de Vorgartenstrasse. Había quedado con los españoles de mi residencia a las 7, que me estaban esperando a que volviera para irme con ellos a dar una vuelta por allí cerca, pero ler terminé enviando un sms diciendoles que se fueran sin mi, porque no tenía ni idea de a que hora iba a llegar, y menos mal que hice eso, porque llegué a las 8 de la tarde… Por la noche la residencia estuvo un poco muerta, ya que al día siguiente todos teníamos examen.

     

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